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viernes, febrero 18, 2011

FRAGMENTOS INTERESANTES: MATÍAS CANDEIRA


La ficción, cuando la lees, a veces te da encuentros extraños y casualidades varias, casi, casi como cuando la escribes. A mí me sucedió que acabé de ver The Lovely Bones, donde un frigorífico (o similar) era donde se ocultaba un secreto y un drama, y también, alguien lo llevaba a un lugar donde deshacerse de él, y, al tiempo, topé con esta historia de Candeira, hermosa, secreta, misteriosa, que me causó, quizá por la coincidencia, un dolor muy peculiar.

Candeira se merece mejores reseñas que las que pueda hacerle yo, y además me parece un escritor modesto, cercano y cuya visión del mundo es verdadera y no impostada. Él "ve" y "vive" la vida como si todo fuera un cuento fantástico. Lean y lo comprobarán. Y ya tiene nuevo libro. Yo se lo recomiendo, desde esa seguridad que da el descubrimiento azaroso de las coincidencias, y de un autor, que ya te hace seguirlo hasta... hasta ese precipio, tal vez, donde nos deshacemos de las cosas que mueren.

“Debe ser el día en que se mueren las cosas y la gente se despide para siempre. […] Hay muchas más personas y pertenencias, unidas por cariños inabarcables, en este acantilado blanquecino. La familia los descubre al bajarse del coche. Decenas de seres humanos que dicen “adiós, adiós”, a sus objetos, a una parte de sus sueños, quizás, y hacen con la mano el signo de despedida. Varios escolares con las narices hinchadas de llorar arrojan sus canicas al mar embravecido y todavía siguen la trayectoria con los ojos; al fondo, un hombre con barba y pasado besa un vestido de novia y luego lo deja a merced del viento, se pone a temblar violentamente bajo el disco anaranjado del sol. Hay una mecedora, un poco más allá, que arrastra ahora sus ruedas chirriantes por la hierba y empuja a una anciana por el borde. ”

Cuando se muere la nevera. Matías Candiera. La soledad de los ventrílocuos. Tropo editores. 2008

domingo, noviembre 28, 2010

PALABRAS DESCUBIERTAS O REDESCUBIERTAS: "BRUJESCO"


brujesco, ca.

1. adj. Perteneciente o relativo a la brujería.

2. adj. Propio de la brujería.

"La sala presentaba el aspecto brujesco y destartalado de los desvanes de leyenda: todo tipo de objetos se amontonaban en un aparente desconcierto de percheros y desbordados baúles, arcones y juguetes rotos en la penumbra, trozos de cosas enganchados a las sombras. El Francés iba iluminando alternativamente los distintos rincones manteniendo el resto en una oscuridad secreta de sucios reflejos y bultos grises, para asegurarse de que mis ojos no se perdían por los recovecos de aquella estancia encantanda..."

"El aroma de lo oscuro". Carlos Castán. "Museo de la Soledad". Tropo Editores, 2007


GUIONECES: EL TONO EN LOS GUIONES

No lo van a encontrar fácilmente en la bibliografía recomendada. No será tema ni subtema en los temarios de los talleres, sean de guión o literarios. Da que pensar. ¿Qué tiene el tono que tan difícil es hablar de él?

¿Cómo se detecta? Ahí empezamos con la dificultad. No es tan cuantificable como el número de veces que has de incluir un dato fundamental de la trama, no puede organizarse de forma tan visual como las subtramas gracias a las tarjetas, y ni siquiera podemos subrayarlo sobre el texto, indicando, ey, aquí, aquí está el Punto de Giro.

Y, sin embargo, el tono puede que sea la causa de los mayores rebotes en los lectores de guión, y, por lógica, del consiguiente informe, y  -que aquí va todo en cadena- del futuro cabreo supino del guionista al leer las posibles correcciones. Algo de eso me dio por pensar cuando leí este post de Chico Santamano, donde, con bastante gracia, clama al cielo porque alguien le hizo sugerencias a su historia.

A mí, como lector,  no soy consciente de el tono de los guiones a priori, sino más bien a posteriori; a veces, hasta demasiado tarde. Porque el tono condiciona tu propia visión de la historia, y pondrá y recolocará las prioridades en tus posibles críticas.

En una novela o un relato se me ocurre, déjenme ser matemático o racionalista por unos segundos, un truco de cuantificación: el campo semántico. Si uno se mueve por el texto agrupando palabras con simular significado, es muy probable que confirme esa impresión que ya le daba (en una primera lectura), aunque no supiera localizar el origen de dicho efecto. Otro consejo: si de cada tres adjetivos, dos son epítetos, queridos amigos, ese relato es lírico (hasta incluso demasiado, diría yo).

Pero no. No es tan sencillo. Porque el tono también tiene que ver con el punto de vista, sin ser, a su vez, sólo éste su apoyo. Y con los guiones, apaga y vámonos. ¿Qué guionista tiene hoy en día en cuenta esto del punto de vista; quién narra, desde qué tiempo, y para qué, incluso?

Creo que es interesante preguntarse si las normas (o, mejor, digamos los recursos) de la escritura de guiones deben o no cambiar su orden de prioridades, como apuntaba Santamano. ¿Vamos a pedirle un buen desarrollo de personajes a un guión a lo Judd Apatow? ¿A una historia de vampiros, que, por ejemplo, maten zombies?
Con un título como "Superfumados", ¿qué se puede esperar?

Un ejemplo. A mí la voz off (bueno, en realidad la voice over, que la off es sólo cuando se oye algo fuera de cuadro pero "dentro" de la escena) me saca de quicio. Es un prejuicio. Lo es. Lo admito. Sobre todo, me molesta que me traduzcan lo que yo mismo puedo ver. Y normalmente no suele usarse con inteligencia. 

Ahora bien. Supongamos que cae en mis manos un guión con tono melancólico. Es esencial que yo lo detecte enseguida, o la voice over me fastidiará la lectura y el informe. Porque si el tono es de alguien que recuerda, etc, tal vez la voice over es necesaria. Lo mismo sucede si el tono se codea con el cine negro clásico, con esa voz del detective a lo Chandler.

Otro ejemplo. Pushing Daisies. No he encontrado muchas referencias en Internet al respecto, pero, a mí, su primera temporada (que es la que tengo en casa) me divirtió. Es, en tono, lo más cercano que he visto a Tim Burton. Tono de cuento de hadas. Tono que casi exige una voice over.  Y en cuanto a otros aspectos, ¿la historia de amor podía descodificarse de la misma forma que una historia de amor actual, contemporánea, realista?


En otras palabras, y aquí viene la cuestión relevante, ¿debería perdonarle que esa voice over sea redundante o, pese a su justificación, excesiva? ¿Deberíamos aplicar las mismas reglas a todos los tonos?

Otro caso. La comedia. Ah, la comedia. Mira que se escriben comedias, y más en España, pero ¿de muchos tipos? ¿De muchos tonos? Si el tono de Aída es como es, es decir, bufo, exagerado, sin mayor pretensión, ¿se le puede exigir lo mismo que a otras ficciones?

Ahora que releo un guión de una colega de blogosfera, y, a la vez, he visto La Vaquilla, de Luís García Berlanga, me pregunto ¿si un film tiene ese tono algo esperpéntico, cómo lo juzgamos con los parámetros habituales? 

Y más aún, y esto me tiene algo obsesionado: ¿el tono debería ser coherente o podría coquetear con otros tonos, dentro del género? 

Imaginemos una película que toma la herencia de Berlanga. Coralidad, caña para todos, registro de una realidad con toques exagerados... Pero que, de pronto, le da un respiro a esa mirada desde fuera, donde el espectador se sitúa un tanto por encima de lo que mira, y de los personajes, y nos ofrece una iluminación sobre un personaje. Y adquiere tono dramático. ¿No es esto efectivo; no produce que se la risa se nos atragante un poco? 

Algo similar me ha sucedido con algunos relatos de Carlos Castán en Museo de la Soledad (Tropo editores, 2007). Entramos en un tono melancólico, y, casi de pronto, entra la distancia, mediante el giro final, de una crueldad tan inesperada, tan insospechada, que parece un puntapié a tanto lirismo. Y así, Viaje de Regreso y Muchas veces, Laura te dejan un sabor de boca amargo. 

No lo sé. Son cosas que me pregunto. El tono es fundamental, aunque no sé si justifica cualquier aspaviento. ¿Ustedes qué opinan?


El final de La Vaquilla. Quizás apoye mi argumento. Lo que sé es que de pronto se te hace todo un poco para triste, que diría Bryce Echenique.

lunes, noviembre 01, 2010

FRAGMENTOS INTERESANTES: LARA MORENO / CUATRO VECES FUEGO


"Me empeño en fregar los platos con agua fría, sobre todo cuando estoy sola en el Jardín, aunque queden restos de alguna cosa, porque en ningún sitio del mundo está el agua más fría que allí, y es una buena forma de decirle a mis manos que ya pasó, que ahora viene el tiempo del calor y de todo lo demás, que merece la pena ese rato hiriente de agua enjabonada y losa escurridiza, de no sentir nada más que el ruido del grifo abierto adormeciendo la piel hasta que no exista, hasta que desaparezca y sólo queden huesos helados. Porque después de fregar voy a sentarme al sol, en la puerta de la casa, y extenderé las manos y las veré casi blancas por el exceso de luz, y ellas extenderán a su vez los diez dedos, como si quisieran escaparse de las palmas, para acariciar el aire lleno de sol, para intentar ocupar el mayor espacio posible dentro de la luz de la hora de la siesta. "

Donde más te duela. Lara Moreno. Cuatro veces fuego. Tropo Editores. 2008

sábado, septiembre 11, 2010

IMPRESIONES PRIMERAS Y RESÚMENES DE UN VERANO LECTOR

- Desorden en las prioridades y en los deseos. Pido a Salto de Página y a Tropo, pero, obviamente, por Internet no es lo mismo que en la tienda. La cosa tarda, así que me satisfago en una escapada, donde encuentro dos de Páginas de Espuma: la única editorial que sabes que vas a encontrar en casi cualquier librería. Me hago con El menor espectáculo del mundo, de Félix J. Palma y Azul ruso, de Patricia Esteban Erlés.

- Ambos libros me hacen preguntarme cuestiones parecidas, sin que signifiquen que no valore (en algunos casos muy bien) algunos de sus relatos. Una es si los narradores en primera persona aceptan cualquier lenguaje o vocabulario. Si, al cabo, es suficiente con que se incluyan, aquí y allá, giros hacia el habla "vulgar" para hacerlos creíbles. Me pregunto si los caminos poéticos no hacen que, al final, todos los narradores en primera persona se parezcan un poco demasiado. Pero, al mismo tiempo, yo creo en que no hace falta resultar banal, y que se puede tener voz propia. Si me oyera Jordá, estaría orgulloso. ¿Acabaré tachando adjetivos? ¿O es algo más profundo?

- Llegan los libros de Salto de Página. Muchos. Demasiados, me digo de pronto. O tal vez es lo que pienso cuando avanzo en el de Jon Bilbao. Porque cuesta. Y aquí que vamos con la pregunta recurrente: los blogs que leo lo ponen por las nubes (qué pena que ya no haya críticas más equilibra das como las que había en Masacre, aunque no siempre, claro) y no sé si guiarse por las recomendaciones ayudan o lastran. Como decía otro bloguero sobre las series de televisión. Me gusta El ladrón de lencería, me gusta El hambre en los alrededores del lago, también Rata. Hay algo inquietante aquí. Luego, pienso que tal vez cueste mucho más leer un libro de relatos que una novela. Que se necesita más tiempo, incongruentemente. Y que esto no tiene nada de malo.

- Mientras lucho con el libro de Bilbao, me lanzo a la antología de Muñoz Rengel quién sabe si en busca de algo de aire. Me quedo igual, casi todo el tiempo. Hay grandes relatos, pero me molestan más los errores. Vaya. Resulta que Bilbao inquieta más sin ser fantástico. ¿Pesa demasiado la tradición?

- Entre unos y otros, tomo el de Esther García Llovet. Sorpresa. No es un libro de relatos y sí es un libro de relatos. Pero sobre todo es bueno. Una protagonista que no entendemos, pero al que se nos deja espiar en diversos momentos de su vida. Nada se explica. Todo es inevitable. Extraño. Interesante.

- Diálogo con mi amiga Cristina que me hace pensar en la memoria que tenemos de los que leímos hace tiempo. Me devuelve dos libros prestados y me comenta que le ha decepcionado el de Palma. "Demasiado barroco; no lo recordaba yo tan barroco en El vigilante de la salamandra, ¿y tú?". Buena pregunta. ¿Lo recordaba yo tan barroco? Pues no. Cristina sigue: "Es que ha ganado muchos premios, ¿sabes? Y a lo mejor ese estilo tan literario viene de lo que supone que gusta a un jurado". No comento; no respondo. En verdad, teníamos otras cosas de que hablar. Pero luego recuerdo el desprecio que le tiene Fernando Valls a este autor, y cómo su argumento se parece mucho al de Cristina: aquello del estilo literario. De nuevo, ¿cómo escribir sin tener que recurrir a esa defensa de algunos por el lenguaje vulgar o naturalista?

- Debates interminables, a cara de perro a ratos, con mi hermano, de mudanza y cambios, y de paso a Roma. No nos ponemos de acuerdo, en parte porque yo me pregunto más que me respondo, y él va y hace lo que cree que tiene que hacer. Cortos, en concreto. Cortos que le sirven de prueba y error. Ha llegado al cine sin prejuicios ni herencias. Y, sobre todo, sobre todo, no lee crítica. Leer crítica puede hacerte dudar hasta el infinito.

- Llegan los libros de Tropo; dos meses de retraso. Me lanzo al de Candeira. De veras. Algo me dice que este chico es bueno. No me equivoco. ¿Les ha pasado alguna vez? No muchas, ¿a que no? Pues Candeira no me decepciona. Cuando se muere la nevera transmite una fuerza notable en sus imágenes (ese acantilado donde se tira diversos objetos; esos escarabajos metáfora quién sabe de qué). Aunque el que me desarma es La soledad de los ventrílocuos. Qué tristeza. La Segunda Vida tal vez pudiera ser más corto, aunque igualmente me gusta. Leyendo Insectos me pregunto quién dice que ser fiel al lenguaje de un narrador personaje puede ser "fácil" o "tópico". No siempre, sin duda, como prueba Candeira.

- Me pregunto sobre cómo los argumentos se superponen y se asemejan entre varios autores que leo. No hablo de plagio, claro. Ni de préstamos u homenajes. Hablo de posibles intereses comunes. O de imágenes y narraciones que atrapan en cierto modo de gente de parecida edad. Pienso en la casa de La Segunda Vida y en la casa de Azul ruso; en cómo La Chica del UHF me recuerda un relato de Palma en El Vigilante de la Salamandra; en cuánto preocupan las relaciones hombre-mujer, hasta cuando se mete lo fantástico de por medio.

- Y de eso, lo que extraigo cuando leo a Lara Moreno. Leí menos comentarios gozosos sobre ella, lo cual me da más libertad. Hay de todo; también en extensión. También en una posibles investigación personal. Reconozco que hay relatos que me enervan. Otros, me interesan: esos en los que se habla de relaciones con un enfoque un tanto distinto, con historias que no acaban de empezar o de terminar (Lo que no es blanco, Véra y Octavio). Otros me parecen más clasificables dentro de los cuentos "usuales", aunque eso no signifique que no sean estupendos (Primer Día). Aunque tal vez lo que más me atraigan sean esos que proponen bordear la poesía, como Maneras de estar sediento, o, más equilibrado para mi gusto, mejor, Donde más te duela. Se me ocurre que Bilbao y Moreno están en esto en las antípodas: Bilbao te lo narra casi todo (a ratos es complicado saber qué es lo relevante; a veces te preguntas si no podría haberse acortado) y Moreno nos introduce en las reflexiones y disquisiciones de sus personajes. Curioso: ninguna de las dos opciones se supone que sigue el canon. O sea, ser narrativos y escuetos. Te hace pensar.


 - Me pregunto por qué Patricia Esteban Erlés ha girado tanto desde Manderley en venta hasta Azul ruso.  Me pregunto qué dirán en Tropo con eso de que se le haya ido a Páginas de Espuma, como Candeira, que sacará libro en ésta en breve.

- Sobre De mecánica y alquimia no seré duro, porque ya he visto qué te hace encontrarse halagos por todas partes sobre una obra que a tí te deja indiferente (injusto que se haga con alguien que nunca te va a leer, y, por tanto, nunca tomará represalias; injusto cuando no se hace, claro, con autores de aquí que sí te pueden leer). No están mal estos relatos, aunque son mejores cuando hay más alejamiento de posibles inspiraciones. Yo lo que echo en falta es la inquietud. Y más originalidad, quizá por eso de que sean fantásticos. Muy válidos son Te inventé y me mataste o Pasajero I/I. El sueño del monstruo se me antoja el mejor, porque justamente inquieta un tanto no saber bien qué le sucede a su narrador. Y hablando de narradores, aqui que vamos otra vez. El de Lapis philosophorum me resulta inverosímil, contradictorio en su lenguaje, y, sobre todo, uno al que "se le ven las costuras". Para insistirse en cuán tonto es, no se explica como si lo fuera. ¿O sí? Pero no se fíen de mí, porque, insisto, todo el mundo piensa que son unos relatos geniales. A veces, por razones que se me escapan en su validez, como el supuesto exotismo. En fin, se me debe escapar algo.

- Acaba el verano. Tengo que releer. No quiero ser injusto pero tampoco quiero renegar de lo que pienso. Con todo, sigo sin comprender a la crítica bloguera.  O bueno, soy un mal lector, que se equivoca en todo.