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sábado, enero 02, 2016

CUESTIONARIO DE REPASO AL 2015: GABI OCHOA (DIRECTOR, GUIONISTA, DRAMATURGO)


Acabado casi ya 2015, me doy cuenta de que las obligaciones profesionales y personales en ocasiones se hacen tan exigentes que al cabo se pierde la comunicación entre los que nos dedicamos a la industria audiovisual. Es el caso, claro, si tienes colegas y amigos en otras latitudes, más o menos lejanas, pero diría que incluso se da cuando la lejanía no es tal. En este segundo caso, me refiero a una peculiaridad que al menos se da en mi caso y es que al cabo las reuniones son raudas y se habla más de proyectos que empujar, desarrollar, presentar, pulir, y nos saltamos, a veces, la mera conversación, pausada, sobre qué films o series de televisión hemos visto, estamos viendo, que nos resulten magníficas, ambiciosas, chocantes o terribles. Y por qué.

Yo soy, lo reconozco, un obsesivo defensor de los “por qué”, y de la explicación que al menos se intente argumentada y (algo más) racional sobre eso de los “gustos”, creo que la palabra escrita permite esto mucho mejor. 

De ahí que se me haya ocurrido esta idea. Un post en mi blog donde algunas de las personas con las que mantengo trato, más cercano o menos, más mediante las redes sociales, más de otros modos, tengan la ocasión de resumirme su experiencia en torno al año 2015. 

En primer lugar, me parece una información interesante que compartir con más personas, con visiones probablemente muy distintas, y generar un cierto debate. En segundo lugar, en algunos casos, me da la ocasión de darle visibilidad a profesionales menos conocidos, gente que está empezando o cuya trayectoria no se refleja tan a menudo en otros medios o en los medios “oficiales”. Y por último, me sirve a mi mismo para seguirle la pista a estas personas con las que en algún momento me he cruzado en el camino en este proceloso y extraño mundo de la industria audiovisual.

GABI OCHOA

Mi relación con los guionistas valencianos que en su día levantaron el blog Guionistavlc (hoy ya, cerrado) es larga... y siempre ha sido virtual. Me invitaron alguna vez a participar en aquel blog, y con ellos he hablado, por Facebook en especial, sobre cine, series. Y sobre posibles momentos donde por fin pudiéramos conocernos en persona. 

Esto ha sucedido, varias veces con Gabriel Ochoa. Se podría decir que las circunstancias han jugado a impedirnos el encuentro (cuando yo iba en Madrid, él marchaba, y viceversa) pero hemos tratado varias veces, por mail y por teléfono. Nos hemos consultado sobre cuestiones varias, desde una idea germen, hace años, de cómo hacer una Black List española que funcionara, pasando por pasarnos tratamientos que pudiéramos leernos el uno del otro, y aportarnos una visión externa. Por cierto, que Gabriel tiene por ahí un tratamiento de ciencia ficción bastante interesante... y algo aterrador. 

Si quieren saber más sobre este director, guionista y dramaturgo, pueden visitar su web, http://gabiochoa.com/dramaturgo/. En Bloguionistas dejó constancia de la labor continuada, persistente, en la que ha trabajado para ofrecer sus proyectos a productoras y televisiones, sobre lo que, de paso, ofrecía consejos. Por otro lado, en su faceta como dramaturgo, es improbable que no hayan oído hablar de la obra "Las guerras correctas", que ha viajado por el circuito teatral por diversos puntos de España. 

CUESTIONARIO

- ¿Se te ocurren posibles tendencias, aprendizajes, cuestiones sobre las que reflexionar a partir de lo sucedido en torno al cine y/o a la televisión en el año 2015? 

Aventurarse a lo que pasará en el 2016 sobre aquello que ha reverberado en el 2015, se me hace harto complicado. Aun así, en los dos ámbitos en los que me muevo (cine y televisión), hay dos reflexiones que me gustaría dejar constancia: tarde o temprano van a llegar las series políticas. Creo que justo estamos en un periodo turbulento en ese sentido, y que las cadenas deberían verle el filón.

Yo ya planteé la que escribí con mi compañero Rodrigo Terrasa aquí, pero ya están entrando, aunque sea de manera tangencial. Tengo ganas de ver un “Borgen” patrío, sin necesidad de copiarlo. Y espero con interés “La embajada”. El 2016 debería darnos una sorpresa y un cambio de paradigma televisivo.

En cuanto al cine, la nueva Ley del cine (el ICAA ya ha publicado la definitiva: ver aquí) si no pesimista, si me deja frío y me plantea una realidad: va a ser muy complicado levantar películas si no vienen armadas por los dos grandes grupos de comunicación. Se ha roto la clase media, esas películas a medios tiempos que tan bien filman y desarrollan nuestros compañeros franceses. Por lo que hay que pensar y mucho qué proyecto mover y cómo moverlo. Este 2016 será un "impasse" a ver como el mercado recibe la ley. 

- Cinco películas que destacarías de 2015 y por qué. 

La sencillez y dureza, no exenta de humor cruel y cotidiano de “Negociador”. 

La poesía visual de Lorca reventada hasta el infinito en “La novia”. 

La inutilidad y la eterna juventud en “Mientras seamos jóvenes”.

Cocaína pura y pulsión hecha líquidos “Mad Max: Fury Road”. 

La realidad política española salta a la cara con “B, la película”.


- Cinco series de televisión (sus temporadas correspondientes emitidas en 2014/2015) que destacarías y por qué. 

Como no voy con los visionados a la par, destaco lo que he visto últimamente. Algunas sí son de este año, pero no todas:

Algo te corroe por dentro: la bajada al infierno de “True detective”.

Amor y política reventando a lo Shakespeare en “Borgen”. 

El asfixiante submundo que envuelve la muerte de Rosie Larsen en “The Killing”. 

La pirueta fantástico-temporal de “El Ministerio del Tiempo”. 

El vuelco carcelario que le dan al género en “Vis a vis”.




- ¿Destacarías alguna serie de televisión o película de tu país? Por qué. 

Ya he destacado varias, pero sin duda me quedo con “Negociador”, una comedia sobre un drama muy jodido. Una película en apariencia sencilla sobre una encabronada muy grande. Míticas, las secuencias con Carlos Areces. Pocas nominaciones al Goya para algo tan grande. De ella hablé aquí. 

- Cómo resumirías tu año en lo profesional. Cuéntanos un poco qué has estado haciendo, qué destacarías. Si te parece bien, comparte qué aprendizajes crees que has obtenido de los proyectos en los que te has embarcado. 

Este año arrancó con algo muy fuerte, “Las guerras correctas”, una obra de teatro sobre la entrevista que Iñaki Gabilondo le hizo a Felipe González en 1995 en TVE donde le preguntó sobre el señor X y los GAL. Fue tal tour de force, que aparqué proyectos que vinieron después. De hecho me hizo replantearme como creador. Me había posicionado como director y guionista con mi primera peli “El amor no es lo que era”, y posteriormente la obra de teatro como dramaturgo y director. Parón. Perspectiva y continuar.

Espero que los proyectos que he ido desarrollando este 2015 comiencen a dar frutos en el 2016. Tendréis toda la información de ello en www.gabiochoa.com 

- Qué serie o película esperas con cierta ilusión, curiosidad o incluso “ansiedad” poder disfrutar en 2016 y por qué. 

Hay muchas y muy variadas. Creo que dos en concreto. Por un lado, me apetece mucho ver la serie “River” que no he empezado. Pero tal vez la ficción que más me interese ver es la del creador que reventó el concepto de ficción en la televisión, “Show me a hero”. Simon es nitroglicerina pura, y eso apetece y mucho.



jueves, septiembre 19, 2013

THE KILLING 03X09: DOS ESCENAS (II)


Decía yo que el capítulo 03x09 de la serie The Killing, de AMC, ofrecía más de una idea de guión interesante para el análisis. Veamos la escena que considero más conseguida.

El capítulo incluye en la trama principal el hallazgo del cuerpo de un personaje relacionado con Holder. Esto le afecta de modo personal, y de ahí que la trama principal se despliegue en una subtrama de cómo asume este personaje dicha muerte.

Holder se encierra en casa, y Linden va a visitarle. Doble objetivo de ella, ya que la visita es, en primera instancia, para apoyarle y sacarle del pozo en que se va hundiendo. Pero también para compartir con él lo averiguado.




Los pequeños gestos también engrandecen. Y hasta matizan el tono. Aquí, es dramático, claro, de forma predominante. Pero que Holden le pase el paquete de cigarrillos es casi ya una broma privada con el espectador. Y resta intensidad a lo que ya es bastante dramático. 


Por eso decía yo que en la misma escena había oportunidad para apuntar tres direcciones.

El objetivo primario del personaje de Linden en la escena es indagar ese estado de ánimo de su compañero. Pero él no quiere hablar de ello, de forma que se centran en el caso. En la entrevista que tuvo Linden con el niño.








Por un lado, tenemos que la escena y el dialogo exponen información. Se aclaran datos. Se responden preguntas. Porque uno se cuestionaba cómo es el que el niño (Adrian) había sabido qué fotografía señalar; cómo era que sabía que Mills era el principal sospechoso. Con Linden charlando sobre esa mentira del niño, y teniendo a Holder como interlocutor, el diálogo permite esa respuesta a la duda del espectador. 

En segundo lugar, la escena abre conexión con una subtrama: la de Seward (Peter Saargard), el acusado injustamente que aguarda su ejecución. Linden se plantea ayudarlo, aunque tenga que mentir sobre ese testimonio falso del niño. Esto enlaza con un objetivo del personaje de Linden que surge y crece durante la serie: confirmar que Seward es inocente.







Y la escena cierra volviendo al objetivo primero de Linden, y a esa subtrama de cómo Holder afronta la muerte de ese personaje secundario. Estructura circular, pues.











El matiz destacable, el clímax, es cómo Holden se viene abajo. Es a partir de un gesto: del intento de besar a su compañera. Comienza a pedir perdón por ello... y eso le sacude para que al fin se rompa. Como si le recordara que quiere pedir perdón por la muerte de ese personaje secundario.







Todo, en apenas tres minutos. Tres minutos con sus pausas, sus silencios, sus gestos. No está pero que nada mal.

miércoles, septiembre 18, 2013

THE KILLING 03X09: DOS ESCENAS (I)


Los que me sigan saben de sobra mi predilección por The Killing, de la cadena AMC. Con todos sus defectos, y sin que pretenda yo que esta adaptación estadounidense mejore en absoluto la original danesa (por este post de La solución elegante, intuyo que es probablemente mejor). Quizá la defienda porque se la ha bombardeado de manera injusta con seguir las pautas del whodunnit, como si, pongamos, The Walking Dead, no jugara igual con los lugares comunes del subgénero de zombies para calmar a los fans más freakis.

No. No es perfecta, y el whodunnit lo tiene bastante crudo, porque, como mecanismo narrativo, es una ayuda y, a la vez, un fastidio que al espectador se le lancen estos anzuelos de quién es el asesino, cuando, como todos deberíamos asumir, esta serie (la mayoría de las series) no va de eso, sino de sus personajes. Vamos, que parece que otros géneros dan más ocasión para innovar, o bien se les pasa la mano más.

Esta tercera temporada escuchó, eso sí, las críticas, éstas más justificadas, de que el caso no se resolviera en los trece primeros capítulos. Sigue, por otra parte, apoyándose en la interpretación (magnífica) de Mireille Enos, y esa relación peculiar entre su personaje, la detective Linden y su compañero Holder. Luego, ha abierto la cámara y el alcance a unas calles de Seattle que apenas habíamos vislumbrado en las primeras dos temporadas, y ha movido el foco, centrándose en los adolescentes que sobreviven en dichos rincones. Ha añadido una subtrama con su timing-clock, con un falso culpable a la espera de su ejecución (Peter Saargard, también con una interpretación notable), y algunas en torno a las chicas que son potencial blanco del asesino. En esa dirección de diversificar en esas varias direcciones, donde se van incluyendo todos esos personajes secundarios.

El capítulo 03x09 tiene algunas ideas de guión interesantes. Una, es un pequeño truco, para que Linden (y el espectador) descubra que la confirmación de quién sería el asesino por parte de un testigo es errónea. Lo que sucede, y puede ser significativo, es que ocurre demasiado pronto tras la escena en la que Linden obtiene esa supuesta confirmación.

Interroga a un niño que le señala en una foto a quien se supone que vio asesinar a su madre. En el diálogo se introduce un leve detalle, que, claro está, como en cualquier (buen) diálogo, no es tan leve. Las luces de Navidad. Las luces de Navidad son las que le permitieron al niño ver al asesino.






Una escena, y sólo una, después, Linden va a la comisaría y se encuentra con Danette, una mujer que tiene una relación con el que todos consideran el asesino. Y aquí viene el posible problema.

Que sean tan seguidas parece que delata el truco; que lo expone de forma más clara. Danette, nerviosa, agobiada con esas acusaciones, habla y habla.., y de pronto habla de regalos. De regalos de Navidad.

Y entonces, uno se lo ve venir. Quizá por eso de que haya sido tan pronto.
















Nada hay de malo en que el guionista haya buscado un modo más “trabajado” de que Linden tope con esa información que cuestiona lo que le contaba el niño. Mejor esto, que no que hubiera sido, pongamos, un interrogatorio, puesto que, de todos modos, no estaría justificado. Aparte, claro, ya sabemos que la información en televisión sigue cargando con esa exigencia de que mejor se dice que se muestra (en esto, el cine, el bueno, debe ser de los pocos espacios en que vence a las series). Por lo de la atención del espectador habitual de series, y, recientemente, porque de todos modos muchos estamos usando varias pantallas al mismo tiempo mientras las disfrutamos.

Pero.


Pero se nota un poco demasiado. Tal vez haya que separar más los sembrados de los pay offs, como es la norma habitual en cine.

Otra escena está bastante más lograda. En ella se incluyen hasta tres direcciones, tres temas. Pero eso, para el próximo post. 

viernes, agosto 24, 2012

PROCEDIMENTAL: LÍMITES, VARIACIONES, ALCANCE: THE KILLING, CIS, LEY Y ORDEN: ACCIÓN CRIMINAL

Llego tarde a los análisis que en nuestra blogosfera (y al otro lado del charco) se hicieron en torno a la serie de AMC The Killing y su primera y denostada primera temporada. A ellos llego mediante el blog de Diamantes en serie. En sus artículos se halla una postura en cuanto a ese vuelco excesivo de la crítica norteamericana hacia el apedreamiento directo con la que estoy bastante de acuerdo.

Lo interesante, según yo lo veo, es que Veena Sud tal vez ha tratado de darle un giro al género policíaco, en concreto al tan manido procedural/procedimental, y tal vez se haya quedado por el camino. Puede que, como menciona este artículo de la revista Vulture, Sud no se asumió lo serio y exigente de la propia apuesta (no estaba segura de quién sería el asesino una vez tenía ya orientados varios capítulos; es decir fue, en cierto modo, improvisando), o puede que el departamento de marketing de AMC se hallara en pisos y/o despachos muy distantes, y que aquel “Who killed Rosie Larsen” fue un modo muy equivocado de atraer públicos con expectativas muy cerradas, como explica este artículo de Series a la parrilla.


En todo caso, también es posible que haya géneros y subgéneros donde haya más dificultades para la innovación (ahí está el cine de terror, perdido hace mucho en situaciones y personajes, ya, más que arquetípicos, estereotipados). Dificultades, claro, a la hora del guión, que en este caso se han probado en esa indecisión entre la idea de Veena Sud (“voy a hacer un procedural distinto donde el whodunnit no sea lo relevante”) y su mismo trabajo como showrunner. Como ya comenté en su día, para mí The Killing nunca se trató de la trama policíaca, pero es obvio que soy excepción, y que el público mayoritario al que (error de marketing o no) iba esta serie de televisión iba dirigida sí la estimó importante.

Veena Sud y The Killing puede que hayan fracasado en sus máximos (aunque yo sigo estimando que la serie tiene muchos detalles válidos) pero tal vez abra un camino. Porque el hecho es que el procedural en televisión sigue teniendo muchas dificultades para transgredir las camisas de fuerza que sus normas internas le provocan. Leyendo aquel artículo mencionado sobre los aspectos negativos de The Killing en Vulture, uno intuye un problema de mayor calado, incluso.

Con expresiones como It's just a glorified episode of Law and Order o It's disrespectful of its audience's innate TV IQ, pareciera que existen géneros o subgéneros que tendrían la guerra perdida en cuanto a salirse de la media de espectadores “normales” y a aspirar a esa liga de primera de las series de televisión con cierta qualité, asociadas a HBO y AMC.

A mí todo esto me divierte mucho, porque sería el consecuente paso de esa vieja guerra entre “High Art” y “Low Art” que sigue presente (al cabo es de lo que se adivina que trata Mario Vargas Llosa en su último libro). Esa contienda que, al poco, se distribuye en los blogs, donde fans acérrimos y blogueros aficionados se dan golpes en el pecho ante la visión de los “críticos oficiales” de mayor prestigio. Digo que me divierto porque todo esto proviene de una gran simplificación, además de unos usos y costumbres que deberían estar ya superados. A esto vuelvo al final del artículo.

Pero veamos. A poco que uno consuma series de televisión desde hace tiempo, es claro que el procedural/procedimental efectivamente ha estado bajando el nivel hasta extremos preocupantes. Ignoro si esto implica que su público potencial posee un Coeficiente Intelectual inferior, como tal vez da a entender, con cierta suficiencia, el artículo de Vulture. Lo que sí sería motivo de reflexión es que la estructura propia (o mejor digamos “típica”) del subgénero da síntomas de agotamiento, si no en cuanto a espectadores, sí en cuanto a resultados narrativos y dramáticos. Castle o El Mentalista siguen ofreciendo buenas marcas en los shares de audiencia, pero ya hemos hablado en otros posts sobre sus variadas problemáticas.

40 minutos y el esquema del close case por capítulo persiste en ser una chaqueta incómoda para ir más allá. Dos series que tal vez demuestren que los mismos showrunners previeron lo contraproducente del tema son CSI y la franquicia de Law and Order, Law and Order: Criminal Intent (Ley y Orden: Accíon Criminal).

La primera la he seguido a intervalos de tiempo (y la abandoné en la décima), pero si la memoria no me esquiva, a partir de cierto momento decidieron que las subtramas principales (las policíacas, fueran únicas o divididas en dos casos, para darle a todos los del equipo su tiempo) llenaban minutos pero tal vez poco más, y fueron incluyendo cada vez más acerca de las vidas de los personajes, en concreto de Grisson.

Claro que probaron, también otras estrategias. Hubo temporadas donde a Grisson le buscaron sus Némesis: aquel experto en prótesis y maquillaje, o (con muchas temporadas de por medio, curioso), aquella chica que construía maquetas en miniatura de los asesinatos que cometía. Un oponente tan inteligente como el protagonista siempre colabora a una mayor implicación emocional con el héroe, lo cual no era nada desdeñable en este caso. Grisson era “un cerebro” (aunque también en esto hay matices; la primera temporada ofrece un personaje menos cerrado, más cercano, que el de las demás), y esa inteligencia le hacía un héroe tal vez distante. Si alguien se le opone, le vence, insiste, por decirlo así, en que los casos no se resuelvan en esos 40 minutos, y expanden la trama a toda una temporada, hace que Grisson nos sea más como nosotros. Humanos. Y si le vemos, además, sufrir por ello, aún mejor.

La asesina de las miniaturas le dio mayor unidad a la temporada de CSI. Sin embargo, lo limitado de la iniciativa lo probaba que el interés sólo residía en los capítulos que se trataban casos relacionados con ella. 23 capítulos para series en abierto son muchas, y lo complican todo para que en ellas se abra paso otras formas de hacer procedurals.

Esto no es nada nuevo, y ahí tenemos el ejemplo clásico y casi obvio de Sherlock Holmes, y su Némesis, Moriarty. No es casual que esta idea también pareciera tentar a los creadores de Ley y Orden: Acción Criminal. En parte, como el detective británico, el detective Goren es un ser “incómodo”. No es tan pedante ni tan insufrible como Holmes (al menos al de la reciente adaptación de la BBC, obra de Steven Moffat y Matt Gatiss, un tanto sobrevalorada según mi opinión), pero, de nuevo, estamos ante un “cerebro”. Bien mirado, Ley y Orden: Acción Criminal puede que buscara a huir de ese público más complaciente que pareciera mencionar Vulture en su artículo, el que ahora puede que vea Castle o El Mentalista. Como, por otra parte, también hacía CSI, el juego se limita, en estas series, a un paseo de caras/personajes donde las cartas ya están marcadas de antemano: sabemos que uno de los que pasa por los interrogatorios será el culpable. No van a sacarse un personaje de la manga, por un lado, y, por otro, no van a contratar a un actor sólo para los planos de su arresto. En realidad, en este sentido, la participación intelectual del espectador es bien poca.

Ley y orden: acción criminal hacía las cosas de otra manera.


Primero, el foco de la narración no estaba del lado de los investigadores todo el tiempo. En cada capítulo, la estructura incluía un prólogo, y, luego, escenas insertas durante todo el metraje, que mostraban el lado de los implicados en el crimen. Pero los guionistas eran listos. Ese prólogo y esas escenas, al menos hasta el penúltimo giro, eran lo suficientemente ambiguas como para que el espectador no supiera bien qué estaba sucediendo ni quién de ellos había asesinado a la víctima o víctimas.

En verdad, la experiencia de ver Ley y orden: acción criminal nunca incluía, aunque uno quisiera, por costumbre, en esa juego del espectador de ir diciendo “ha sido éste” o “ha sido aquél”. Es decir, no se decantaban por el whodunnit, sino más bien por saber cómo primero qué había pasado y, ya tras el giro que indicaba el culpable, cómo lo atrapaban. Lo primero era, digamos, la novedad, ya que las tramas eran endiabladamente complejas. Sin duda, hay una línea fina entre “complejo” y “complicado”, y la serie de Dick Wolf y sus guionistas no siempre supieron la diferencia. Sin embargo, era de agradecer de darle más entidad al criminal (esas escenas "paralelas" lo facilitaban; los veíamos interactuando con otros personajes) y que éste fuera hábil. Aunque, si un personaje como Goren iba a ser el protagonista, era de lógica. A un héroe tan inteligente era necesario oponerle gente a su altura. Hay que añadir que, sin embargo, esto no derivaba, en casi ninguna ocasión, en esa visión (ya superada) del psicópata refinado, diabólico, casi genial. No; estos criminales eran psiques torturadas. A ratos, tan víctimas como las de sus asesinatos.

El mayor acierto (y es por donde yo llegué a la serie, y que me “enganchó”) era ese esquema ya señalado: la Némesis de Goren. Era Nicole Wallace, una mujer de pasado oscuro, el cual (y esto hacía que el personaje creciera ante nosotros) se iba desvelando en los capítulos que la trataban como orquestadora del crimen, y ello duró bastantes temporadas. Era su oponente perfecta, y lo era también porque, además de inteligente, era un desafío para Goren en lo emocional. Con ella, tuvo que usar ese quid pro quo aunque la información personal del inspector también la obtenía ella por otros métodos.


Con todo, pese a todas estas variaciones interesantes, estos intentos originales (relativamente, claro) de insuflarle vida al subgénero aún probaban más las limitaciones como “vuelos de prueba”. 40 minutos y stand out alone plots tan complejas daban poco tiempo para que cupiera una background plot o trama horizontal, bien para otra trama policíaca durante toda la temporada, bien para que se profundizara en los personajes. A veces, hasta esa duración era escasa para dosificar bien toda la información, de forma que se hacía difícil seguirla. Y tanto diálogo explicativo (no "sobreexplicativo", sin embargo, no creo que a esta serie se le pueda culpar de "obvia") a tal velocidad impedía hasta los necesarios momentos de calma más esenciales. Un fallo que Veena Sud ha reconvertido en virtud en The Killing, precisamente.

Además, siempre hubo problemas de verosimilitud. El inspector Goren y esa facilidad para detectar traumas (y un conocimiento enciclopédico) eran posibles, pero se notaba en exceso que la compañera era un mero truco de guión para que sus reflexiones no fueran en voz alta. A diferencia de Holmes de Steven Moffat para la BBC (y supongo que del original, que no conozco, luego no opino), la inspectora Eames era un Watson sin categoría propia. Aparte, como también se refleja en el artículo de Vulture, el espectador es perro viejo en procedurals o policíacos (hasta en España; es muy probable que sepamos más de leyes, juicios y derechos de los USA que de los nuestros), y sabe bien que los abogados de los criminales son tan listos o más que la policía. En el caso de Ley y orden: acción criminal muchas veces el clímax tenía lugar en la sala de interrogatorios, con Goren jugando su última baza ante el silencio y la pasividad del abogado correspondiente.

Wolf también se dio cuenta de esto, o tal vez sólo del peligro de la reiteración, porque poco a poco los clímax fueron ocurriendo en otros lugares. Tarde, demasiado, también, y, como ya referí sobre su otra franquicia (Law and Order: Special Victims Unit; Ley y orden: unidad de víctimas especiales), vieron los showrunners que era tiempo de indagar más en Goren (a Eames la continuaron viendo como comparsa). Entonces, ya en las últimas temporadas, volvía a darse ese problema del procedural: si el capítulo se detiene en los personajes y sus desarrollos, las tramas policiales pierden fuelle. Pero si las tramas policiales mantienen su fuerza, el espectador puede sentirse que le roban tiempo para saber qué le pasa a continuación a los protagonistas.

Este círculo vicioso parecía que sólo podía romperse justo llevándose el subgénero a las estructuras de continuidad que se dan en las cadenas "cerradas". Si la trama policial y los personajes tienen más capítulos durante la temporada, quizá fuera un camino.

Y es peculiar. Dick Wolf y Veena Sud aparecen como showrunners que fallan por el mismo camino: la irregularidad. El primero, cierto, ya tuvo una cierta seguridad de renovación en NBC, y podía haber planificado mejor cada temporada. Sud, en cambio, no lo sabremos nunca con seguridad, tal vez quería ser ambiciosa, pero el propio sistema de la televisión estadounidense jugó en su contra. Si no sabes si renovaras para una próxima temporada, es difícil planificar bien los guiones de un procedural que no dure justo una temporada.


De todos modos, The Killing ha sido, hasta ahora, el intento más ambicioso de ir más allá de los modos típicos del subgénero procedural. Puede que el original del que adaptaba también la lastrara las alas, y que una adolescente asesinada diera paso a situaciones y detalles un tanto demasiado conocidos ya, como critica Vulture. Quién sabe: a lo mejor en eso Ley y orden: acción criminal tenía cosas que enseñarle. Pero Sud fue donde pocas (no diré ninguna por si acaso) series había ido. A dedicarle tiempo a los dramas resultantes de un asesinato. Sí, tenían sus segundos de aparición en los procedurals habituales. Hemos visto familiares derrumbarse, padres negándose a reconocer las derivas criminales de sus hijos. The Killing iba más allá, y, además, lo hacía sin adentrarse, casi nunca, en los alrededores del melodrama sentimentalista o la pornografía de las emociones.

Y esto, para mí, fue siempre tan claro, que nunca creí que seguirle los pasos al candidato a alcalde significara de veras que su papel fuera clave en el asesinato. Es decir, ¿no era concebible alejarse de esa camisa de fuerza de la norma y dejar que siguiéramos a los personajes envueltos en las consecuencias del asesinato sin que, por obligación, estos tuvieran que tener relación directa con él? El marketing, e incluso la estructura de capítulos, retornaron demasiado a insistir en que la trama era importante. Pero me parece llamativo que se hable de lo que se debe hacer y lo que no con tanta ligereza como muchos críticos han hablado, al menos si el argumento era que no "rompía" demasiado el subgénero. 

Me hace preguntarme qué estamos demandando en realidad. Si las “rupturas” de la televisión “de calidad” consiste, como en Juego de Tronos, en mostrar escenas donde una prostituta enseña a otra sus labores, ¿no somos un poco ingenuos ya que, por lógica, para rupturas reales, habría de irse al naturalismo más extremo, como señala Nahum, y adentrarse en lo escatológico? Y aun más, ¿nadie se ha percatado de que Breaking Bad o Homeland (y les tengo mucho aprecio a ambas) utilizan recursos tan “clásicos” y poco “vanguardistas” como el suspense? Si somos fieles a las normas de los géneros, ¿cómo vamos a renovarlos? Si no queremos renovarlos, ¿entonces de qué demonios hablamos?

Supongo que también, para cierta crítica, y cierta parte de la blogosfera, hay géneros y géneros, géneros en los que las rupturas no se exigen, la originalidad o la inteligencia no se juzgan necesarias, mientras que a otros se les demanda todo ello y, para colmo, con un pelín de autosuficiencia.

jueves, marzo 29, 2012

THE KILLING (AMC): PRIMERA TEMPORADA. ANÁLISIS (II)

Continuemos con el análisis de la primera temporada de The Killing.

Mucho se ha escrito acerca de un final que no resolvía la trama policial. Considero que es una polémica un tanto exagerada (aquí y allí, en Estados Unidos). Esta trama policial, para qué engañarnos, se fue viendo pronto como macguffin (es decir, excusa) para el retrato de personajes. Ningún procedural trata solamente de la trama. Se me ocurre que el paso de este subgénero al formato "serio" de la ficción de las cadenas de "gama alta" (AMC, HBO, etc) no ha gozado del mismo respeto que cuando se transplantaron otros géneros. Tampoco The Wire resolvía los problemas originados por "los malos" (si es que esta clasificación es aplicable en una ficción con tantos matices), y, de hecho, ni siquiera en la última temporada los malvados acababan en la cárcel. No oí entonces a nadie indicando que se traicionara al "espíritu" de los policiales.

En cualquier caso, The Killing no mareaba la perdiz más que cualquier otro policial. ¿De veras alguien se sintió decepcionado porque los sucesivos sospechosos fueran falsos culpables? No tiene sentido: es precisamente una de las señas de identidad del subgénero. Lo vemos en El mentalista, en Castle, en CSI... La propia palabra whodunnit señala que lo que conduce la narración es adivinar y aguardar a que se nos cuente quién cometió el crimen. Si el primer sospechoso fuera el culpable, ni habría suspense, ni la ficción duraría más de 20 o 30 minutos. En The Killing la gente parece que comenzó a impacientarse ya con el segundo sospechoso (el profesor) ¿De veras alguien creyó que era él? ¿Cuando estábamos en capítulos tan lejos del final? Y como cualquiera de ellos, el objetivo siempre es eso de “nada es lo que parece” que no es original, por lo que también sorprende que nos escandalice ahora. Ni eso ni que el subgénero precisamente siempre trate de otra cosa: el whodunnit es un medio para que se exprese un tema.

A anotar, cómo se retrata una ciudad, Seattle: apenas unos planos de la misma como tal ciudad, en el piloto; el resto de la serie, planos de industria que podría estar situada en cualquier pueblo grande. Sólo alguno como la declaración de Darren Richmond frente al hospital puede recordarnos que esto es una capital. Una en la que, sin embargo, donde todo está cerca, todos se conocen, todos se deben algo. La propia comisaría parece pequeña.

¿Más aspectos interesantes? Un retrato de las cloacas de la política que parte de un personaje (Darren Richmond) que no es precisamente típico. Uno que se pretende justo y, al tiempo, uno que se siente (y lo sabremos al final) más torturado de lo esperado por un lado oscuro que no es precisamente el de la política.






















Esta escena (del Capítulo 8, Stonewalled) forma parte de la Subtrama de Simmons. Se le ofrecen dos posibilidades, poco limpias, ambas, para ganarle puntos al oponente político en las elecciones. Para ver cómo la evolución de Simmons en relación a su backstory (trágico) pueden leer el análisis de escenas posteriores de la misma Subtrama, que realiza Javier Meléndez, en La Solución Elegante.

El retrato de Halder también es bastante complejo. Porque es un contrapunto muy divertido (ese "Yo!" que repite para dirigirse a Sarah) a su compañera, pero también porque es un detective con sus demonios, a ratos bastante inquietantes. Como aquella escena del capítulo 3 (El Diablo) donde interrogaba a dos animadoras del instituto.





Luego, un poco de su backstory vino para que lo viéramos con otros ojos, como hizo la propia protagonista. Aunque el final nos exponía que Halder tendrá mucho que explicar, como ya mencionábamos, en la segunda temporada.

The Killing tiene sus errores, sin duda, y algo de ello ya lo hemos visto. La crítica social al tema de los prejuicios contra los musulmanes resulta un tanto obvia, y es probable que la trama se estancara demasiado tiempo ahí... para luego acelerar un poco demasiado en el 12 y el 13 con lo del casino y la agencia de contactos.







Un travelling suave, elegante, que empieza con la reacción del profesor a la salida de sus alumnos del aula... y concluye en un plano que promete y transmite lo que le acompañará toda su vida, sea culpable o no. (Capítulo 9, Undertow)

A ratos, sufrimos pero también nos desesperamos con que Mitch Larsen no supere la muerte de su hija; aunque esto lo justifica que la serie expone, como decíamos, día a día; por tanto no pasa realmente tanto tiempo; 13 días. Sería poco verosímil que Mitch olvidara lo sucedido tan pronto. De hecho, en cierto modo, The Killing propone lo que queda fuera, por tiempo, de cualquier capítulo de este mismo género, de whodunnit o de procedural. Las personas. Viendo, por ejemplo, el tono (pretendido, no es un error) de Castle, y como los crímenes casi se asumen con bromas, entenderemos el posible objetivo de la serie de la AMC. ¿Qué pasa después de esa escena mil veces vista (en Castle, en El mentalista, en CSI) en la cual los agentes comunican a los familiares de una víctima su muerte? ¿Cómo siguen adelante? ¿Lo superan o el hecho les destruye? Y así, estaríamos ante el tema que el esquema de procedimental encuadra.

Por otra parte, no niego que en esta serie también sea posible alguna incoherencia, aunque sólo se probará cuando veamos la segunda temporada. En el capítulo 12 (Beau Soleil) la actuación de Halder al averiguar pistas que apuntan al supuesto culpable tal vez no se justifique bien una vez sepamos a quién protege. Parece tan sorprendido como cualquiera cuando indaga en la dirección del político, pese a que el final de la temporada pareciera negarlo.

The Killing no es una serie perfecta (tampoco estoy muy seguro de qué es la perfección), pero ofrece mucho y bueno. Y este propio análisis, si se fijan, prueba que la realización tampoco es ajena a esa calidad: ofrece varios de los mejores planos e imágenes que se vieron en 2011.