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jueves, enero 07, 2016

CUESTIONARIO DE REPASO AL 2015: JAVI JAÚREGUI (GUIONISTA)


A Javi Jaúregui no lo conozco en persona. Cuando resultó que nos cruzábamos en una productora andaluza, él entraba en un programa de humor y yo acababa ya (exhausto, por cierto) del montaje de mi documental "La derrota de las aulas", y casi que huía de allí. Nunca nos vimos, pues, pero siempre hemos tenido contacto por las redes sociales, y, el mundo es pequeño, al cabo tenemos conocidos y amistades comunes. Javi es, además de todo lo que es y hace (ver, más adelante), un ejemplo, me parece, de cómo el talento de otras partes a veces no llega a ojos y oídos de todos. Poco conectados estamos los profesionales de la industria audiovisual andaluza, y no crean que no he oído más de una y de dos veces a algún productor despistado preguntar si quedan guionistas en Andalucía que no hayan emigrado a Madrid. Pues sí, diablos. Quedan. Y no sólo en Sevilla. La distancia entre Sevilla y Málaga me parece que se hace mucho más que simbólica en más de una ocasión, y me parece absurdo que no sepamos quién está haciendo qué de valor aquí, allí, o en cualquier otro punto de la geografía andaluza. Así que sirva esto para que nos conozcamos todos un tanto mejor.

Javi Jáuregui es guionista y productor “freelance” de obras audiovisuales para televisión, cine e Internet. Su formación académica incluye la Licenciatura en Periodismo por la Universidad de Málaga, un máster en Guiones de Ficción y un máster en comunicación corporativa, ambos por la Universidad Complutense de Madrid. Durante años ha desarrollado una exitosa carrera televisiva en Canal Sur, con programas como "Tiene Gracia", “La semana más larga”, “Andaluces levantaos”, “Colga2 con Manu”, “De la mano de Manu” o “Hacemos el humor”, desempeñando los cargos de guionista, coordinador de guiones o subdirector. Es el creador del proyecto transmedia de animación “La Peña: Malaguitas F.C.” (Finalista del I Concurso Jóvenes Creadores de AtresMedia) y ha producido para el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente el documental “El Camino Mozárabe de Santiago: la última aventura del Siglo XXI”. Como "blogger", escribe en innovacionaudiovisual.com, javijauregui.com y ha colaborado en mizonatv.com. En el campo de la creación de contenidos, ha desarrollado múltiples series de ficción, programas de entretenimiento y guiones de cine, algunos de los cuales han sido opcionados por productoras como El Terrat, Bocaboca, Cuarzo, Medina Media, Filmax o Wide Angle Pictures (Miami). En el caso de la comunicación de marca, ha creado contenidos audiovisuales para empresas y entidades como American Express, Diputación de Málaga, la Universidad de Málaga o Noksel. Actualmente su guión de largometraje “La Quema" ha sido seleccionado en el programa DAMA Ayuda y está en negociaciones para ser opcionado por una importante productora nacional.

CUESTIONARIO JAVI JAÚREGUI

- ¿Se te ocurren posibles tendencias, aprendizajes, cuestiones sobre las que reflexionar a partir de lo sucedido en torno al cine y/o a la televisión en el año 2015?

Del 2015 televisivo español me quedo con un par de lecciones muy interesantes. Por un lado, en la vertiente del entretenimiento y la información destacaría la vuelta de dos géneros olvidados como la entrevista y la tertulia política. El auge de este tipo de programas en este curso demuestra que todo es cíclico en teleivisón, que no podemos dar por muerto ningún formato y que siempre hay innovaciones que hacen que éstos vuelvan a ser atractivos para la audiencia. Indudablemente el contexto social influye en estos éxitos, pero creo que es una cosa muy sana que en estos tiempos de inmediatez y consumo de productos cada vez más ligeros, en fondo y duración, triunfen dos formatos de corte mucho más reflexivo.

Por otra parte, en el ámbito de la ficción, creo que 2015 ha sido un año histórico en nuestra industria con, quizá, la mejor añada de series nunca vistas. Yo tengo un podio particular formado por “El Ministerio del Tiempo” (Cliffhanger, Onza Partner, TVE), “Vis a Vis” (Globomedia, Atresmedia) y “Sin identidad” (Diagonal TV, Atresmedia).

 "El Ministerio del Tiempo" ha generado un contenido creado, distribuido y apoyado por toda una comunidad: juegos, cómics, ilustraciones... Y todo ello, sin plan transmedia de TVE planificado e implementado.

De la primera serie destacaría su calidad, su vocación de triunfar siendo un producto de nicho en lugar de generalista y el increíble fenómeno “fan” que ha logrado desatar por primera vez en una serie española. De la segunda serie, me quedo con su ritmo y lenguaje narrativo y, sobre todo, con el hecho de que ha logrado sacar a Globomedia, el buque insignia de nuestra ficción en los últimos 15 años, de su zona de confort para arriesgar y triunfar con algo novedoso y más adulto. De la tercera serie me gusta su vocación de ser más adulta y sin tapujos, más “cable americano” para que nos entendamos. Aparte de la decisión tajante de cerrar el kiosco tras solo dos temporadas porque es lo que requiere la historia. Luego hay otro hito, que es el de Bambú con "Refugiados". Si bien a mi me pareció que la historia no estaba a la altura, han puesto una pica en Flandes con la primera coproducción directa entre España y otro país. Creo que han marcado una senda que en el futuro va a ser clave para nuestras series.

- Cinco películas que destacarías de 2015 y por qué. 

Este año he sido padre y lo de ir al cine es de esas actividades que han desaparecido de mi agenda... Novedades veo pocas y lo hago tarde. 

De lo poco que he visto, la película que más me ha impactado es “Whiplash”. Me pareció un guión brutal, una dirección de actores tremenda y una historia de toda la vida contada en un entorno novedoso y muy atractivo. Que encima su director y guionista sea alguien tan joven me da mucha envidia sana, jajaja. 
Luego está el tema “Star Wars”, que, amén de la calidad de la cinta, ya es el fenómeno del año y ha dado un verdadero golpe en la mesa en cuanto a promoción y marketing cinematográfico. El trabajo en estos dos apartados marcará el futuro y supera con creces al realizado por J.J. Abrams en la propia película. Como creo que a cinco películas no llego, prefiero quedarme aquí; en la que más me ha gustado y la que más impacto ha tenido.

- Cinco series de televisión (sus temporadas correspondientes emitidas en 2014/2015) que destacarías y por qué.

Vaya por delante que me pasa un poco como con el cine, he visto mucho menos de lo que quisiera por falta de tiempo... Pero, al ser el consumo en casa, tengo más donde elegir. Aquí, y sin orden de preferencias, diría: “Fargo”, “Daredevil”, “Juego de tronos”, “El Ministerio del Tiempo” y “House of Cards”.

“Fargo” (FX, 2014-), porque me fascinó (hablo de la primera temporada) toda ella, por ser capaz de adaptarse al universo Cohen de esa manera, y porque Billy Bob Thorton y Martin Freeman son dos monumentos a la actuación. “Daredevil” (Nteflix, 2015), porque soy un gran “fan” del personaje y de los cómics en general. Era un tipo que merecía tener una serie o película a la altura y hasta ahora no se había conseguido. Además, creo que con Kingpin tenemos a un villano de época y que, a nivel de personaje, se ha conseguido llegar mas lejos con él que con la mayoría de antagonistas que vemos en televisión.


 “Juego de tronos” (HBO, 2011-) me tiene cogido de las xxxx desde que me leí las novelas y así será hasta que decidan ponerle fin a la serie. En esta temporada echado de menos muchas cosas del material original pero también he flipado con la puesta en escena de episodios como “Casa austera”, que ya son historia de la televisión. De “El Ministerio del Tiempo” ya he hablado algo antes. Además de ser una idea cojonuda muy bien desarrollada, es la serie más española que he visto en mucho tiempo. Sus personajes y diálogos te hacen sentir como de la familia por mucho que vengan del Siglo de Oro. Brillante. 

De “House of Cards” este año he visto con retraso la segunda temporada y parte de la tercera. Me sigue pareciendo oro puro y un “must” para todo aquel que tenga mínimas preocupaciones políticas. Me da rabia no destacar ninguna comedia (¿por que casi no veo siendo el género que más trabajo?) ni ninguna serie europea (¿la ultima de “Sherlock” no es de este año, verdad?). Por suerte los otros entrevistados son gente mas aplicada, profunda y lista que yo y seguro que destacan buenos títulos.


- Cómo resumirías tu año en lo profesional. Cuéntanos un poco qué has estado haciendo, qué destacarías. Si te parece bien, comparte qué aprendizajes crees que has obtenido de los proyectos en los que te has embarcado. 

Mi año ha sido variado y positivo. Volví a trabajar en televisión tras unos años fuera. Aunque el programa no tuvo mucha repercusión me llevé hacer piña con el director y resto de guionistas hasta el punto de que seguimos moviendo proyectos juntos. Como yo trabajo también el ámbito “on line” escribiendo y produciendo contenidos para marcas (el tan de moda “branded content”) también he tenido un par de proyectos interesantes en este área y que han funcionado muy correctamente.

Además, el final de año me ha traído dos grandes alegrías: por un lado mi primer trabajo para el sector educativo, elaborando los guiones de un curso “on line” de la universidad de Málaga. Por otro lado, un guión de cine que he escrito ganó una de las becas del programa de tutorías DAMA Ayuda y hace apenas unos días un conocido director y productor me dijo que estaba interesado en hacer la película y vamos a seguir puliendo el guión para poder moverlo en búsqueda de financiación. Así que 2016 se presenta lleno de retos fascinantes. 

Lo que me han enseñado todos estos trabajos es que hay que perseverar, insistir y trabajar aunque los resultados no lleguen de inmediato (porque en esta industria casi nunca lo hacen). Yo hace cinco años que dejé el camino fácil y la estabilidad para tratar de contar mis propias historias y poco a poco van llegando lo resultados. El tesón es clave en este mundillo nuestro.

- Qué serie o película esperas con cierta ilusión, curiosidad o incluso “ansiedad” poder disfrutar en 2016 y por qué.  

Para este año tengo muchas ganas de ver continuar “Juego de tronos”, “El Ministerio del Tiempo”, “The Walking Dead”, “Vis a Vis”, “Sherlock”, de ponerme al día y terminar “Mad Men” o “Downtown Abbey”, de ver cómo acaba “El príncipe”, de seguir desgranando en trabajo de Netflix con Marvel (“Jessica Jones”, “Power Man”, “Iron Fist”), de ver la nueva de X Men, de hincarle el diente a clásicos que hasta ahora se me han escapado, de revisitar mucho cine de comedia clásico... 

En definitiva, espero tener mas tiempo que en 2015 para aprender y disfrutar del sector audiovisual.

viernes, enero 10, 2014

SEIS ESCENAS; SEIS SERIES DEL 2013 (II) PERSON OF INTEREST (CBS)

Person of Interest. 02x12: Prisoner’s Dilemma.

De la infinidad de series que en los últimos años el ubicuo J.J. Abrams ha impulsado, Person of Interest es la única que parece haber sobrevivido un mecenazgo tan peliagudo. Como bien se expresa en este artículo (en el punto número 10), la serie creada por Jonathan Nolan (el hermano de Christopher) empezó como serie de capítulos episódicos, donde sólo parecía añadírsele los usuales (porque Abrams ha creado escuela con esto) flash-backs que nos complementaran un poco de los backtories de los personajes principales. Pero “parecía” es la palabra clave. 

También “parecía” una serie de género thriller, cuando en verdad estábamos ante la serie de ciencia ficción más lograda de la televisión actual. Le pese cuanto le pese a Scyfy.

Una revisión de la serie permite percatarse de que los guionistas han hecho lo que casi nunca logran o siquiera intentan estas series de estructura episódica: levantar tramas principales complejas. Para la tercera, los giros a los diferentes componentes han sido audaces (porque no se han prolongado en exceso, como es el caso de lo concerniente al oponente que significaba la fuerza policial corrupta bajo las siglas “HR”), y arriesgados. Han buscado oponentes capaces y peligrosos. Y han hecho que, al cabo, las "misiones" no fueran tan fundamentales, aunque los guionistas tampoco han desistido de buscarles matices y variaciones. 

Pero si he de quedarme con un capítulo, o una escena, es ésta del guión del 02x12 Prisioner’s Dilemma.

Tras una misión en el capítulo anterior (y aquí ya hay otra novedad; algunos capítulos extienden la trama en más de uno) John Reese es capturado junto a otros sospechosos de ser “el hombre del traje” que el FBI lleva persiguiendo desde hace tiempo. La detective Joss Carter a estas alturas de la serie ya es colaboradora de la misión de Reese y de Harold Finch. Y forma parte del cuerpo que el FBI ha organizado para esta persecución. 

Por tanto, Carter es un as en la manga para que Reese pueda salir de la situación. Un as, sin embargo, que no lo tiene tan fácil. Primero, porque el mando del FBI que lo supervisa todo no deja de observar la tarea que le encomienda: el interrogatorio de todos esos sospechosos. Y segundo, porque junto a la detención se han reunido varias pruebas que bien podrían delatar a Reese como el hombre que buscan.



El Agente Connelly, el encargado de la operación del FBI.

La escena está colocada de forma muy pensada y consciente. No es la primera en la que Carter interroga (o más bien simula que interroga) a Reese. En las dos anteriores, Carter y él se las han arreglado para que el interrogatorio no lo señale como el sospechoso principal. Porque, y aquí una buena idea de trama, Finch le ha creado una identidad que no está tan lejos de la realidad. Buena idea porque es verosímil. Buena idea de los guionistas porque así luego es posible la tercera escena, la que menciono.

Que se sitúa más hacia el segundo punto de giro del capítulo.

Por una serie de circunstancias y giros en la trama, ahora Carter no puede retrasar más que su interrogatorio sea más intenso para con él. Y aquí, que los diálogos juegan con una cierta variación del subtexto. Harold le ha creado toda una identidad falsa a Reese, y se trata de que Carter y su interrogatorio no la haga saltar por los aires, sino que la refuerce. Pero Carter se mete en el papel, sabiendo que el hombre del FBI supervisa el interrogatorio. 

Se mete tanto en el papel hasta el punto de que aprovecha la ocasión para indagar en el pasado de Reese. Ambos saben que, en verdad, lo que él responde es justo lo contrario de lo que de veras ocurrió en el pasado. Porque Reese tiene que mantener su tapadera, esa identidad inventada por Finch. Porque el FBI observa. 







Aquí, el espectador sabe que miente. Lo sabe porque la serie ya dedicó un capítulo a esa mujer de la vida de Reese; el amor de su vida. Y sabemos que no se llamaba así. Mientras Harold crea la identidad falsa también de esa tal Allison West para que se la encuentre el hombre del FBI, el guión de la escena da un primer giro: Reese se deja llevar. Y se explaya más de lo esperado.

















Y Carter, y nosotros, sabemos que es justo lo opuesto. Carter, porque otro capítulo le hizo descubrir la existencia de esa mujer. Nosotros, porque ya vimos los flash-backs (¿quién dice que no son necesarios y hasta esenciales?) de ese momento que aquí narra: cuando, junto a ella, vio lo de las Torres Gemelas. Y el resto de flash-backs de la serie nos han informado ya de que hizo lo contrario. 

No se quedó. No la eligió a ella. Eligió volver a alistarse. 

De modo, que cuando habla de plantearse hoy lo de "qué hubiera pasado si", ese "what if?", con el que, por cierto, cualquiera de nosotros podemos identificarnos, habla de esa vida que no tuvo por marcharse, no por quedarse. Que la vida que anhela es aquella que perdió en el momento en que se marchó a servir a su país.












Pese a su aspiración comercial, pese a no renunciar al puro entretenimiento, Person of Interest trata de personas que sacrifican sus vidas por ideas, erradas en un principio (el Gobierno, tanto Finch como Reese, de distintos modos), y luego, acertadas, a modo de redención. 

Pero ya sabemos; los héroes, aunque cumplan su tarea, siempre cargan con su penitencia. Y de Reese es haber abandonado a la mujer que hubiera hecho de él una buena persona.

Sí, es cierto que la serie tiene sus pequeños vicios. A ratos, Jim Caviezel parece que no sabe cómo reaccionar (quizá porque se lo pasa demasiado bien con este personaje), y, a ratos, las líneas de diálogo son un tanto reiterativas acerca de qué preguntas lanza la trama, deletreándonoslas. Pero dentro de sus parámetros, es una serie bastante conseguida. Y, lo que es más, es de las que más y mejor ha crecido. 

jueves, mayo 02, 2013

GUIONECES: HÉROES Y VILLANOS, FICCIÓN Y REALIDAD (III) "CONSPIRANOIA"

Decía en el primero de los posts de esta serie, que quizá existan dos posibilidades a la hora de que nos enfrentemos a los conflictos que vivimos en la realidad, usando las categorías de la ficción. La primera, era la del pesimismo. El mundo está tan viciado que lo lógico es que descreamos de cualquier héroe más o menos puro. El cinismo, si quieren. Nuestro oponentes son villanos son tan poderosos que es imposible vencerlos. 

Veamos más sobre la segunda posible opción: darnos a la "conspiranoia". Esa que nos cuenta que nuestros antagonistas no sólo son poderosos sino desconocidos, inaccesibles. Actúan a distancia, ocultos, debajo de organizaciones o siglas misteriosas. 

Hace unos años, muchos hubieran considerado la sarta de teorías alternativas a todo lo relativo al atentado del 9/11 una locura; una historia alentada en algún refugio antinuclear por un libertario derechista estadounidense (tópico e imagen, por cierto, que hemos aprendido también de la ficción). Una sinrazón que se codeaba con todas esas otras hipótesis alocadas, que tanta fuerza han recuperado fuerza gracias a Internet, y que igual culpan a Israel de aquel atentado, que exponen que el hombre en verdad nunca llegó a la luna mediante pruebas tan exiguas como extrañas (y hasta fascinantes, por cuanto expresan la cantidad de tiempo invertida en buscarlas e interpretarlas de esa manera). 

Sí. Lo irracional. Lo absurdo, incluso. Al fin y al cabo, la paranoia tuvo categoría de enfermedad mental y, acorde con un cambio en la clasificación psiquiátrica, ahora se incluye en otras patologías, como la esquizofernia paranoide. Aunque yo diría que, de ser el caso, a lo que hemos llegado, parte de la sociedad, al menos, es a otra enfermedad: la depresión paranoide. 

En todo caso, sea como fuera, ahora no veo tan “alocado” que personas que juzgo inteligente, (a ratos hasta yo mismo) dudemos durante unos segundos cuando se expresan teorías alternativas a la verdad oficial sobre el atentado reciente de Boston. Hubo un tiempo en que confiábamos en los periódicos o la televisión, que, al cabo, no hacían sino confirmar nuestros prejuicios ideológicos (si éramos de derecha, el ABC y, a ratos, el Mundo; si, de izquierda, el País). Pero ya no nos fiamos. De ningún periódico. De ninguna historia oficial. Algo no nos cuadra. Quién sabe. También puede ser que los que crean la Historia oficial tenían antes mejores contadores de historias. Y de mitos. El hecho es que, bien por la crisis económica, bien por la crisis de valores, bien por la crisis en el modelo de transmisión de información, España ha entrado en ese túnel peliagudo de la "conspiranoia". En ese sentido, nunca el ciudadano medio español quizá se haya parecido más al ciudadano medio estadounidense. 

Encuentro curioso que esta forma de asimilar la realidad parezca infectada por otro tipo de ficciones. Al cabo, la "conspiranoia" es casi contingente al subgénero de espías y a cierto tipo de thrillers. Lo cierto es que aquella serie de J. J. Abrams, Alias (ABC, 2001-2006), mostraba ya, para lo bueno y para lo malo, las costuras de este tipo de historias. Cuando leía, hace tiempo, este post de mi amiga Arancha Ferrero, no entendía del todo qué quería decir con que este subgénero tenía un riesgo de verosimilitud. Pero me olvidaba de Alias, y ahora, viendo Person of Interest (ABC, 2011-) o Nikita (The CW, 2010-) he podido confirmarlo: cierto, en un universo donde todos pueden traicionar a los demás, donde los enemigos son organizaciones oscuras, organizaciones dentro de organizaciones, y donde las agendas propias de cada personajes son ambiguas, un espectador puede desesperarse, perderse o encontrar que los giros, más que sorprendentes, más bien son inverosímiles. Como le sucedía al villano del último Bond (interpretado, eso sí, de forma brillante por Javier Bardem), esos planes tan medidos al milímetro que preveen qué hará quién, cuándo y cómo, es muy posible que nos produzcan impaciencia en nuestra butaca. Eso tan común de “sí, claro; ¿y qué más?”.

Alias, o cómo el culebrón familiar podía codearse con el thriller, el subgénero de espías y hasta la fantasía. Una locura más de J.J. Abrams.

Sin embargo, ahí que estas ficciones de subgénero de espías persisten. Alias, al menos hasta donde yo la vi, acababa siendo, lo quisiera o no, paródica. Aun así, no fue esa obra que marcara un punto y aparte; una especie de “señores, y dicho esto, ya no hay nada más que decir sobre el subgénero”.

No, parodia o no, el subgénero más relacionado con la “conspiranoia” seguimos tomándonoslo más o menos en serio. Tanto, que hoy día se retoma una novela de ese autor que ya mencioné, John Le Carré, y aún llena salas, y hasta obtiene premios. Es el caso de El topo (Tinker, Tailor, Soldier, Spy, Tomas Alfredon, 2011). Por supuesto, ni esta película ni su guión, ni aquella obra de Le Carré retorcía hasta el extremo la madeja de conspiraciones. Pero tampoco hacía falta. Aunque su estilo sea más realista, y no haya superordenadores ni acción, resulta que el tono no es tan inadecuado a los tiempos que corren.


El telón de acero creaba “grandes” protagonistas y antagonistas, y, sin embargo, dentro de aquella "gran" ficción de buenos y malos, de bandos heroicos y de bandos villanos, algo ya no encajaba. Algo se colaba en el propio mito de cada bando, y acababa haciendo pedazos la historia. Porque aquellos agentes secretos sin glamour (la otra cara de la moneda de la serie Bond), y aquel universo donde igualmente se daban las traiciones y los asesinatos, al final retrataban bandos intercambiables por cuanto ambos era poco éticos. Y todo, con un aire funcionarial y distante. 

En cierto modo, El topo y Juego de espías (Spy Game, Tony Scout, 2001) son películas y guiones opuestos en eso del tono. Pese a ello poseen elementos comunes. Personajes que ya no creen en esas cruzadas de sus respectivos gobiernos, en cuanto a que ni las comparten del todo, ni el daño colateral que originan les impide el rechazo moral. Protagonistas que no pueden ser héroes ante todo ese sistema de secretos y conspiraciones orquestadas por villanos a veces sin rostro donde, si acaso, les queda salvar vidas concretas. Por supuesto, todo esto puede contener todos los matices que se desee, pero parece que lo que los 70 ya nos contaba sigue vigente hoy, en cuanto a este subgénero de espías. 

De hecho, Robert Redford protagonizaba en aquella década otra película de estas características: Los tres días del Cóndor (Three Days of the Condor, Sydney Pollack,1975). Es uno de esos guiones que en su día descubrí gracias a uno de los libros de Syd Field, y sigo considerándola una cinta muy interesante. En Los tres días del Cóndor el héroe era un trabajador de la CIA, pero uno más cercano a ese “average man” que mencionaba que en estos tiempos no abundan. Era un analista. Un funcionario, eso sí, con eso que parece que no requieren los héroes de hoy: inteligencia. Ni sabe kung fu ni maneja todo tipo de armas. 

Una de las frases usadas para definir al protagonista en este trailer es "I am not an field agent; I just read books!" (No soy un agente de campo; ¡sólo leo libros!)

Desde su primer punto de giro, la conspiración se cernía sobre él, y se iba destapando eso luego tan explotado (hasta la saciedad): una rama secreta, paralela, dentro de una organización gubernamental. El final quedaba abierto y era bastante pesimista: era improbable que el héroe acabara con la conspiración porque era demasiado amplia y afectaba a muchos intereses. Los planos de la última escena me parecen hasta simbólicos en relación a qué sucede ahora. Robert Redford quedaba mirando las siglas del periódico al que se planteaba ir con todo lo recabado, las del New York Times. Hoy sería imposible, ingenuo, que un protagonista supusiera que daría la puntilla a su gesta heroica confiando en la prensa. 

Con lo lejano que parece, aquellos años 70, parece que los americanos (bastante más críticos con el poder de lo que se les supone) o ese subgénero de espías de la época ya nos hablaba de protagonistas y héroes (o antihéroes) envueltos en tramas movidas desde despachos lejanos e inaccesibles. Como he hallado en la reciente novela que leo (Dead Water, de Simon Ings, Atlantic Books, 2011; la recomiendo), el mundo gira y se mueve pero los personajes individuales no saben cómo, por qué, ni hacia dónde. No es que no haya villanos. Es que es imposible verlos, y mucho menos enfrentarlos. Ahora no sucede algo muy distinto, y quizá eso trataba de aprovechar una heredera de Le Carré, la estupenda serie de televisión Rubicon (AMC, 2009). Quién sabe. Si AMC la hubiera estrenado hoy, hubiera encontrado más público que se identificara con el protagonista y esa confirmación de que el mal está en todas partes. Y no sólo ahí fuera, en otro país, en otro partido político. No. En tu propia casa. 

En el próximo post, hablaré un poco de esta" conspiranoia" que ha saltado de la ficción a nuestra realidad más cotidiana.

lunes, mayo 21, 2012

GUIONECES: LA NECESIDAD DEL OPONENTE: TOUCH, PERSON OF INTEREST


Dos nuevas series de esta temporada 2011/2012 ponen de manifiesto algunas cuestiones interesantes acerca de la escritura de guiones para la televisión.


Touch (Fox, 2012) se ha presentado este año como otra posible respuesta a un estado de ánimo del espectador. Como Once Upon a Time (y, al parecer, Pan Am, aunque no puedo confirmarlo), tiende a una filosofía que reconforte, rehuya el lado oscuro, y consiga la reunión familiar ante la pantalla.

Sin embargo, estas aspiraciones tienen su coste en los guiones. Por una parte, en más de un capítulo la lógica se perdía por el camino. La resolución de conflictos de algunas subtramas de los capítulos eran inverosímiles. Y lo eran porque se imponía ese sentido llamémoslo filosófico sobre las necesidades básicas de la trama.  Era improbable que un mafioso ruso evolucionara a tal velocidad que pasara a dejar su negocio; y sólo por una llamada de su hijo. O que un padre de algún país islámico extremista perdonara tan fácilmente a su hija por haberse disfrazado de hombre para poder conducir. Tampoco es tan sorprendente, sabiendo que su creador es Tim Kring, el mismo de Heroes. La tercera temporada de aquella serie de super héroes debería estar en los manuales de cómo no se debe escribir guiones. Los "saltos" de actitud, ánimo, y rol de algunos personajes eran contrarios a la verosimilitud.

La idea, claro, es que ese poder de Jake, el niño autista, ayuda en cada capítulo a una serie de personajes por todo el mundo. En recientes capítulos, ha entrado en juego nada menos que la religión. Por tanto, más que de ciencia ficción, hablaríamos de fantasía, donde se interpreta que las matemáticas es, más que un lenguaje científico, un modo en que el universo se expresa y se comprende. Ante el caos de la vida cotidiana actual (más con la crisis económica), respuestas universales por medio de las creencias. No hay nada más reconfortante que la idea de que la conectividad universal o que una ciencia confirme que el mal puede suprimirse resolviendo un puzzle de números. 




Esto puede juzgarse o no como conservador (y simplista, como respuesta a la situación actual), pero lo que aquí nos ocupa es si esto al final se entromete con la misma escritura de guiones. Porque, de hecho, tanto da que sea una ideología marxista como una conservadora; lo que importa es si es tan a priorística que fuerce el conjunto. En el caso de Touch es claro. No se preocupa de que un capitulo da poco tiempo a que un problema grave tenga su resolución, ni de que justo subir tanto las stakes, y que el conflicto sea tan peliagudo, complica que sea verosímil una solución tan rápida.

Lo curioso es que los requerimientos de una ficción son, pese a todo, tan fuertes, que pueden hasta equilibrar (o intentarlo). Touch no se ha conformado con la estructura de stand alone episodes. No hace muchos capítulos, se ha puesto en marcha un enemigo en la sombra. En realidad, tiene lógica, y por varios motivos. Uno de ellos es la lógica. Si, al cabo, estamos ante una historia de un super héroe (aunque peculiar), antes o después debe aparecer su Némesis. Otro motivo es el riesgo. Como decía yo en aquel post, no parece seguro que las producciones de HBO o AMC hayan creado el efecto de que ahora toda serie de televisión sea recibida como “una novela”. Siguen dándose series donde las tramas generales son escasas o muy débiles, con éxito contrastado. El Mentalista es un caso; la última temporada de House (por cierto, muy execrable), otro. Castle, otro.

Aun así,  quién sabe. Bien por mirarse en las “grandes” series, bien porque identifiquen que ello les lleve al éxito (aunque, insistimos,ya vimos que no es una regla de tres), algunas series sí se han esforzado por tramas Generales más presentes y constantes.

Sucede en Touch, y es lo que quizá sirva para salvarla. Si uno tiene la suficiente paciencia para superar esas subtramas buenistas, existe un cierto suspense. ¿Lograrán los malvados hacerse con Jake? ¿Lo descubrirá su padre antes de que lo secuestren? Y aquí que volvemos con las necesidades de la ficción. Y esta vez, sin predisposiciones ideológicas. Por un lado, esos representantes del “bien” (Jake, su padre, la trabajadora social) necesitan un oponente. Nada nuevo, pero sí fundamental. Por otro, un poco de realismo que contraste con ese mundo perfecto donde unos números salvan a todos sin mucho esfuerzo.

Otro detalle a replantearse es si esta lucha será posible o creíble. Como héroe, Jake está mermado, en cuanto a que es un niño (discapacitado), y en cuanto a que su padre no tiene una profesión que le conecte con posibles aliados. Por ello, la lucha parece desequilibrada desde un comienzo, si el oponente es nada menos que  una empresa poderosa, dispuesta a usar los poderes de Jake para su beneficio. Pero habrá que ver cómo se desarrolla Touch. Esperaremos que consideren mejor la lógica de la escritura de guiones.

Person of Interest ha realizado esto con mejor tino. En verdad, los protagonistas gozan de un poder tan ilimitado, que un enemigo poderoso era lo apropiado. John y Finch tienen una máquina que anticipa asesinatos, nada menos. Igual que Touch, y, tal vez, igualmente sin la conciencia de ello, Person of Interest no es ni puede ser realista. Jonathan Nolan, su creador, ha negado que se integre en el género de ciencia ficción, pero la misma serie lo niega. A lo mejor Nolan tenía en mente ese concepto de ciencia ficción ya anticuado de naves espaciales.


El hecho es que esa suma de conocimiento (Finch y su acceso a la máquina) y músculo (John es un ex militar y es CIA) exigía que se le opusieran enemigos potentes. 23 capítulos, se ve, son ya muchos para que se mantenga la mera estructura del stand alone episode, debió de pensar J.J Abrams. O no, puesto que luego él mismo no lo ha aplicado a Alcatraz, donde el misterio de la trama General no avanzaba si cuando la lógica lo demandaba.

Gracias a ello, la serie ganó. Además, porque los guionistas hicieron un tanto más compleja la trama General. Teníamos el habitual desglose de flash-backs para entender a ambos protagonistas. Teníamos un enemigo inteligente y con igual poder; el hijo del mafioso que vuelve para tomar la ciudad. Teníamos la CIA, que perseguía a John. Teníamos la rama corrupta de la policía. Teníamos los que pidieron la construcción de la máquina.

Con estos mimbres, sí era posible que 23 capítulos tuvieran un soporte más estable. Si Touch o Castle o El Mentalista confían en una trama General con un oponente y un conflicto único, Person of Interest hacía las cosas más complejas. Sin que la comparación las iguale en otros aspectos, comparte con The Good Wife una similitud. Como en la serie de los King, Person of Interest va desplegando subtramas (diferentes de las de cada capítulo) dentro de esa Trama General. Y las relacionaba mejor de lo esperado en una serie comercial.

Por ejemplo, la trama en torno al pasado de Finch crecía y se entremezclaba con la de esos que han resultado (en el último capítulo) enemigos peigrosos: los que pidieron la construcción de la máquina.

La realidad es que la necesidad del oponente habla, y bien, de cómo las bases de cualquier narración siguen siendo las mismas. Independientemente del género, o de las pretensiones comerciales y hasta ideológicas. 

jueves, agosto 25, 2011

SUPER 8 DIFERENCIAS/SIMILITUDES ENTRE SPIELBERG Y ABRAMS

Antes de que la crítica, la oficial y la bloguera, le echen el diente a esta película, anticipo mis impresiones sobre Super 8, la última aventura de J.J. Abrams. La película creará, supongo, esa polémica recurrente (hasta en el cine, todo es cuestión de "bandos"), ya que hay una unanimidad un tanto contundente, lo que siempre lo hace todo sospechoso. Hará las delicias de muchos posmodernos, ya que tiene bastante de pastiche, de homenaje, de cómo quiera llamarse. A mí el debate siempre me resulta atractivo, y a buen seguro me hará mover mis posiciones. Pero al cabo, un blog es también para que lancemos nuestras impresiones, y que los comentarios vayan construyendo una opinión más fundamentada.

Veamos qué separa y qué une a Abrams y a Spielberg:

1. Abrams construye su película con referencias. Spielberg construía aquellas películas en las que se basa Abrams con referencias. Sólo que las referencias, por edad, por cultura, por época, son diferentes. Las de Spielberg, supongo que para ciertos analistas, son más respetables, más de “high culture”: casos, como el cine de John Ford o David Lean. Abrams usa, decíamos, (algunas) referencias de las primeras películas de Spielberg y hasta alguna que sólo produjo (Los Goonies). Para los críticos más apocalípticos, esto conduce poco menos que al fin de la civilización occidental. ¿Cómo se puede hacer buen cine tomando como referencia cine “popular”?

Pero ojo: las influencias de Spielberg nunca excluyeron otras más ancladas en la cultura pop (la supuesta “low culture”), como pudieran ser las historias de ciencia ficción de revistas o las películas de Bond (para su Indiana Jones). Y no olvidemos que David Lean no tenía, cuando Spielberg ya lo hacía su maestro, el reconocimiento que pudiera tener ahora.

Por tanto, no confundamos. Tanto Abrams como Spielberg son cineastas posmodernos. Con sus matices.

2. Spielberg es fundamentalmente un director. Sólo ha escrito un guión, aunque siempre ha supervisado (como es común con los directores más reconocidos en USA) los guiones que ha elegido para sus películas. Sin embargo, lo ha hecho centrándose, muchas veces, en sus afamados set-pieces, olvidando lo que queda entre medio, también a nivel dramático o narrativo. Un ejemplo: Parque Jurásico (Jurassic Park, 1994) tiene dos set-pieces maravillosos (el ataque del T-Rex; los dos Velociraptores en la cocina con los niños) pero el guión es, aunque funcional, soso y plano entre medias.

 

Cuando enlaza set-pieces uno tras otro, crea grandes películas como En Busca del Arca Perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981), donde cada plano está pensado al milímetro. Cuando la historia no facilita una puesta en escena cuidada (o, por la razón que sea, no le dispara la imaginación para ello; pienso en Amistad), sus obras se resienten. Cuando hay un buen guionista y un buen material, que, además, hace suyo, crea obras maestras como El Imperio del Sol (The Empire of the Sun, 1987).

3. Si bien Spielberg también trabajó en televisión, Abrams ha trabajado en esta industria más tiempo y como showrunner. Y allí, el poder está en la historia: en el guión. Su labor en Super 8, como se cuenta aquí, ha sido la de tomar dos historias independientes y fusionarlas. Y le sale bastante bien. Es decir, nada se queda “abierto”, todo está bien medido, y la información (el propio monstruo) se va desvelando en progresión, como indicaría cualquier manual de guión (¿se referirá a esto, este crítico?).

Por el contrario, el respeto a las normas de guión se le va de la mano (porque una estructura nunca es neutral; siempre hay un toque personal) cuando cumple tan a rajatabla que nos ofrece escenas previsibles. Previsibles y poco verosímiles, como el encuentro final del protagonista y el monstruo; y previsibles, y demasiado tópicas, cuando cierra la Subtrama del enfrentamiento de los dos padres de los chicos protagonistas.

Y un detalle más. Abrams no dirige ni por asomo tan bien como Spielberg. Sí, si acaso, en lo relativo a actores; sí, en lo relativo a ese gran espectáculo que tiene que ver menos −extraño pero significativo − con su supuesto maestro que con un modo de cine mucho más reciente. El accidente de tren podría haberlo rodado un Michael Bay con un poco menos de, lo admito, ese parkinson montador tan suyo. Adolece de esa exageración del quién da más en cuanto a explosiones.


Pero de su maestro, no ha tomado ni la construcción del plano, ni de la escena. Ni esa capacidad de Spielberg para la síntesis narrativa, donde la imagen lo cuenta todo.

4. Spielberg usó parte de sus experiencias para un film muy personal (aunque parezca lo contrario) como es E.T. Lo relevante es que las usó, pero de forma sublimada. Las convirtió en detalles del argumento, sí, pero también en imágenes. Adultos sin rostro; adultos vestidos de trajes amenazadores que invaden la casa. Adultos que persiguen a los niños en bicicleta.

El momento, genial, de la "invasión" de la casa de Elliot por parte de los expertos y científicos, en E.T.

Abrams utiliza ahora detalles de sus experiencias como aprendiz de director. Mientras no conozcamos más sobre su biografía, sólo hago hipótesis, pero da la impresión de que ha plasmado una anécdota (o una serie de ellas) y no, de veras, un sentimiento o una reflexión. Es decir, el camino a sus recuerdos quizá haya seguido un camino más recto. Su visión de aquella época y de los adultos lo ha vertido en forma más intelectual: en forma de situaciones. De diálogos, quizá. No de imágenes. Spielberg procesó; Abrams cuenta. Le importan más las funcionalidades de la historia que cuánto de él hay en ella.

Super 8 nos habla de los gustos e intereses de Abrams; no de su personalidad. Ni falta que hace, por supuesto. Pero de ello se deduce que el placer que genere esta película tal vez tenga más que ver con eso de detectar similitudes, guiños, etc; y menos con la experiencia emocional que generan las imágenes. No siempre, sin duda, puesto que la Subtrama de los dos adolescentes (y su backstory, mejor cuanto menos se cuenta) funciona. De hecho, funciona tan bien, que hace que nos preguntemos si es que Abrams tiene vergüenza o prudencia excesiva para hablar de sus vivencias, y por eso lo envuelve todo con la Trama Principal del monstruo.

5. Spielberg retrataba una infancia/adolescencia un poco más gamberra, y hasta algo más sombría. Malhablados eran los Goonies, y sombrío era Elliot cuando miraba a los adultos; y la cámara estaba “con él”. Los invasores de la casa, en esos trajes casi espaciales, o el hecho de que apenas se muestren sus rostros (sólo la madre o el personaje de Peter Coyote) prueban una distancia y una alienación respecto a los “mayores”. Por no hablar de la ausencia del padre.


6. Abrams opta por un camino mucho más políticamente correcto. Los niños son más inocentes. Por ejemplo; nadie habla de los encantos físicos de la chica. Improbable en adolescentes. No se insultan demasiado entre ellos. En este sentido, la referencia que leo por ahí a Cuenta conmigo (Stand by me, 1986)  sólo me parece pertinente, siempre que se reconozca que la cosa se ha endulzado.

Ello no implica que lo mejor de Super 8 sea la relación, torpe, natural, entre los dos niños protagonistas. Ahora bien, aquí, los adultos tienen mucha mayor relevancia, tanto como para que tenga una parte fundamental de la Subtrama de los niños. Como si Abrams quisiera (o pudiera) entender a los mayores (a algunos de ellos), lo que Spielberg no pudo o no quiso hacer.


7. Spielberg nunca relacionó los monstruos, en aquellos principios, con los extraterrestres. No es que los evitara puesto que su primera película (para cine; El Diablo sobre Ruedas (Duel, 1971) fue realizada originalmente para televisión) fue Tiburón (Jaws, 1975). Sin embargo, tras aquel film (no precisamente poco sangriento), sus siguientes películas tendían a ser menos violentas. Y su visión de los extraterrestres (entonces) era amable. Quién sabe si una especie de sueño infantil en el que el niño Spielberg soñaba con hacer amigos venidos de otro mundo. Encuentros en la Tercera Fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977) retrataba a adultos que empezaban a cometer “locuras” un poco infantiles, como ir a ver volar supuestos platillos volantes. O (y aquí se tornaba todo un poco oscuro, por lo paranoico) construir una y otra vez una montaña. Y he aquí, que estos "locos" tenían razón, y pese a esos (otros) adultos (militares, científicos que crean una mentira), asisten a la visita de los extraterrestres.

8. En contra de esa visión que decíamos un poco idealizada de la infancia, Abrams no teme a los monstruos, ni a cierto toque de terror. Super 8 no muestra sangre, pero una elipsis visual −por cierto, algo en parte presente en Monstruoso (Cloverfield, 2008) − no resta la violencia de esos ataques del monstruo a los humanos. Hay gente que muere. Y tampoco cree que haya que suprimir ese momento crudo donde se asesina a sangre fría a un secundario (no quiero hacer spoilers).

Ahora bien, la contradicción comienza cuando una película que se codea con una visión menos amable de la realidad se precipita a la corrección política. Como aquella vuelta de tuerca un poco naif de El Mundo Perdido (The Lost World, 1997) con respecto a Parque Jurásico, los monstruos merecen, de pronto, nuestra comprensión y respeto. Como si el homenaje a Spielberg le forzara al final feliz. Como si Spielberg no tuviera, también en su cine más reciente, esa faceta más oscura.

Y estas son mis primeras impresiones. Abiertas a matices y a comentarios. ¿Les gustó la película? ¿La odiaron? ¿Ni lo uno ni lo otro? Pues anímense, y opinen.