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viernes, enero 08, 2016

CUESTIONARIO DE REPASO AL 2015: PACO RODRÍGUEZ ("PACOFOX"; RESPONSABLE DE SELECCIÓN Y PROGRAMACIÓN DE CINE DE MOVISTAR +)

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Paco ya era "Pacofox" en la facultad, donde ambos compartíamos clase en la licenciatura de Comunicación Audiovisual de Sevilla. Pese a mis propias expectativas, lo cierto es que la mayoría de mis compañeros sabían de películas lo justo, y por eso charlar con Paco era un cierto oasis. Además, era el único, entonces, lo bastante ingenuo para querer dedicarse al cine. 

Luego, media clase emigró a Madrid, él incluido, y se enroló en la ECAM. Al menos una década, o década y media, pasó  antes de que volviéramos a retomar el contacto, de paso con ganas de hacer algún proyecto juntos. En su momento, un corto muy poco católico pero que hubiera sido bastante divertido (nos quedamos en escaleta). Más tarde, Pacofox se emocionó y le dio por rodar un largo. Y yo le he estado echando una mano, en la parte de guión. Afin a su gusto (o quizá sólo su conocimiento; a ratos dudo que de veras le guste) por el cine "trash", "Cinebasura: la película" se dedica a burlarse de los "referentes" en este tipo de cine. Como co-guionista, añado aquí que también hay ahí (lo note o no ese "target") un poco de burla de los "freakys" que viven consumiendo ese cine "malo".

Antes en Canal + y ahora en Movistar+, Paco realiza la envidiable tarea de ver cine y seleccionarlo para diversos canales. Envidiable, como digo, para muchos, pero al cabo, no tan "ideal", y si no, charlen un día con él mediante alguna red social: "el 90% de todo es mierda", que decía Theodore Sturgeon.

CUESTIONARIO PACOFOX

-¿Se te ocurren posibles tendencias, aprendizajes, cuestiones sobre las que reflexionar a partir de lo sucedido en torno al cine y/o a la televisión en el año 2015?

Lo que más me preocupa ahora mismo es la destrucción de la producción de cine en España y la mala imagen de los profesionales del cine que han proyectado tanto el gobierno del PP como los voceros de la caverna. La parodia de "Qué fue de Jorge Sanz" de hace años, en la cual un señor en moto insultaba al protagonista en la calle por ser “un vago de los de la ceja” ha alcanzado el paroxismo. Hasta a mi me han insultado por la calle rodando una película sin subvenciones y sin casi presupuesto. 

Ahora mismo, el cine medianamente comprometido no catalán o vasco lo tiene jodido para producirse con un mínimo de medios. El "low cost" campa a sus anchas, y todo está en manos de un par de productores y, sobre todo, los dos conglomerados televisivos, empeñados sólo en producir comedias blancas familiares perfectamente intercambiables.

Por otra parte, el estancamiento de compras de TVE ha supuesto en este 2015 un problema gravísimo para las distribuidoras independientes. Amortizar una película está convirtiéndose en una odisea, dado que el VOD está todavía en un periodo de transición claro.

-Cinco películas que destacarías de 2015 y por qué.

"Mad Max: Fury Road", por demostrar que un señor de 70 años puede rodar mejor acción que los chavales que se suelen contratar. Siempre he sido "fan" de no desestimar a las personas por su edad. En lo puramente narrativo, reafirma la corriente que ya apuntaban J.J. Abrahams o Joss Whedon de desterrar la maldita “shaky cam” estilo Paul Greengrass y volver a una forma de rodar más limpia y mucho más apetecible.

"Whiplash" es una película perfecta a todos los niveles, capaz de hacer interesante lo más horrible de un concierto de música: un solo de batería. Con el personaje cabrón más memorable desde "La Chaqueta Metálica” y un montaje y realización espectaculares, encima se permite hablar de algo muy importante en la sociedad actual: la obsesión por basar tu vida en el éxito a cualquier precio.

"Del Revés" elimina el fantasma de que Pixar entrara en una época baja basada solo en secuelas con otra cinta arriesgada y original. La idea ya había sido explorada, pero en productos hoy olvidados y nunca con esta profundidad emocional.

"Star Wars: El Despertar de la Fuerza" sería destacable por conseguir llevar a buen puerto una tarea casi imposible y enamorar y emocionar a los "fans" endurecidos y ya quisquillosos.

"Nightcrawler" la destaco porque pocas veces había visto una disección tan bestial del capitalismo. Mucha gente cree que la película trata de los medios de comunicación y su falta de ética. Esa es la lectura superficial. De lo que habla es de lo jodida que es esta sociedad en la que, una vez más, el éxito se mide por la falta de ética. La historia que "American Psycho" no supo contar adecuadamente y, además, ambientada en la actualidad, por si alguien creía que el credo empresarial de los 80 había desaparecido.

-Cinco series de televisión (sus temporadas correspondientes emitidas en 2014/2015) que destacarías y por qué.

No destacaría ninguna, porque creo que uno de los fenómenos más importantes de los últimos años es el "hype" exagerado con las series de televisión, productos a menudo buenos, casi siempre mediocres, pero a los que se les dejan pasar fallos brutales que no se obvian en el cine, que sigue siendo su hermano mayor. 

Encuentro capítulos de relleno por todas partes ("The Walking Dead", "Badlands"), ritmos cansinos para contar historias que podrían narrarse en la mitad de tiempo ("True Detective"), poca imaginación en la realización (casi todo), secuelas que, de haber sido películas con el mismo guión, no habrían pasado de un 20% en Metacritic ("Ash vs Evil Dead")…

Pero bueno… “Better Call Saul” (AMC, 2015-), sin aportar mucho, ha sido excepcional, como el nivel de madurez alcanzado por “Doctor Who” (BBC, 2005-). Pero en general, no tengo paciencia para pasar del segundo o tercer capítulo lleno de conversaciones plano contraplano de relleno.


- ¿Destacarías alguna serie de televisión o película de tu país? Por qué.

"El Ministerio del Tiempo" (Cliffhanger, TVE, Onza Partners), por aventurarse en un terreno casi prohibido en la conservadora producción de series nacional a pesar de sus numerosos problemas (sobre todo en la realización, ritmo y diseño de producción).

-Cómo resumirías tu año en lo profesional. Cuéntanos un poco qué has estado haciendo, qué destacarías. Si te parece bien, comparte qué aprendizajes crees que has obtenido de los proyectos en los que te has embarcado.

En mi trabajo (selección de cine en Movistar+), la situación es compleja debido a la adquisición por parte de Telefónica y la llegada de Netflix (desinflada, como era de esperar para los que sabíamos lo que podía ofrecer). Todavía no sé realmente hacia dónde van a ir las cosas, así que me guardo mis opiniones hasta el año que viene.

También he rodado una película "low cost" financiada por "crowdfunding". Con ella he aprendido que esa no es forma de hacer cine. Que pedir a la gente que trabaje gratis es un coñazo. Que tener que rodar en la mitad de tiempo que exige el guión redunda en películas de peor calidad. Que hacer una preproducción como un "hobby" mientras se está currando no es forma de trabajar. Que en Madrid la gente es muy desagradable con los equipos de rodaje. Que España necesita copiar de Francia su legislación audiovisual e impedir que estas situaciones sigan produciéndose. Porque el cine es muy caro y el "crowdfunding" no es el camino.

-Qué serie o película esperas con cierta ilusión, curiosidad o incluso “ansiedad” poder disfrutar en 2016 y por qué.

Pues 2016 en cine parece un año con mucha franquicia y secuela, pero poco que me estimule más de lo normal. Dentro de las grandes sagas que dominan, tengo esperanzas en "Capitán América: Guerra Civil”, ya que la anterior película del personaje con los mismos directores estuvo sorprendentemente bien resuelta.  

También en el terreno de las secuelas, estoy en parte emocionado con "Creed", debido a la excelente recepción de EEUU. 

Por último, más que expectativas, tengo curiosidad por "Assassin’s Creed". ¿Será la película que por fin haga que las adaptaciones de videojuegos no sean un desastre? El material original es narrativamente desastroso, pero se trata del director de "MacBeth"… quién sabe.


lunes, agosto 10, 2015

GUIONECES: CONTRATOS DE OPCIÓN DE COMPRA: POR QUÉ TAMBIÉN SON BENEFICIOSOS PARA EL PRODUCTOR



Es una reivindicación que se ha hecho vieja, reiterativa, a la vista de lo tozuda que es la realidad del cine español para aceptarla; siquiera para comprenderla. Luego, hay que repetirla: para que un guión, un tratamiento, un argumento, incluso una sinopsis, pueda moverla un productor de cine necesita que se le cedan los derechos por parte de quien ha realizado la labor de construir dichos documentos. Esto se refleja en lo que se denomina “contrato de opción de compra”, pero aquí me gustaría reflexionar desde una perspectiva que quizá se obvia. Aparte de los argumentos en defensa de los guionistas, lógicos, rotundos y certeros, tal vez se puedan añadir estos otros que ayuden a descubrirle las ventajas a esa otra persona que firma. Y es que este contrato es una garantía también para el propio productor.

 El momento clave de la negociación entre productor y guionista. Porque debe haberla, y porque sin esta cláusula ni siquiera estaríamos hablando de una verdadera opción de compra.

Hace un tiempo Ángela Armero exponía en Bloguionistas una situación que nunca ha sido inhabitual pero que, ahora, en tiempos de crisis, quizá se ha aferrado más a la lista de prácticas comunes. El sindicato ALMA (e imagino que los sindicatos catalanes, vascos y gallegos de guionistas, también) confirman el dato: existe un creciente número de guionistas que ceden en la firma de un contrato de opción de compra bajo términos poco éticos, cuando no ilegales. 

No hace mucho, yo mismo tuve ocasión de revisar un documento de opción de compra que me chocó. Doblemente, ya que me lo enviaba alguien desde el "lado" del guión. No se definía siquiera la duración de esta opción: el número de meses en que el guionista se comprometía a cederle los derechos del guión al productor. El caso era sorprendente porque mi experiencia ha venido siendo la opuesta, y la mayoría de contratos u opciones que han pasado por mis manos trabajando como productor de desarrollo han sido serios y respetuosos con la ley. Por motivos de trabajo, llevo tiempo teniendo la ocasión de revisar modelos de contratos diversos, españoles y extranjeros. Hasta la legislación británica, la menos protectora del autor en Europa, se cuida de desglosar en los contratos con guionistas una serie de estipulaciones que equilibren los compromisos entre las dos partes. En el caso de este modelo que menciono, eran apenas tres párrafos. 

La anécdota continúa en el terreno de lo peculiar Al cabo es bastante útil que yo ande a ratos intercambiando mis “sombreros” (siguiendo la fórmula cariñosa que me adscribió la compañera y “script-consultant” Ana Sanz Magallón), que unas veces me cale el de producción, y otras, el de guionista. O que, si quieren, conozca ambos lados de la historia. En este caso, mi cliente, un director que se mete a productor, delega en mi este tipo de detalles, así que escribí a la guionista, y, tras consultarlo con una amiga de producción que además tiene conocimientos legales, le advertimos que no firmaríamos ese contrato. No nos parecía siquiera legal. Y ni siquiera era conveniente para la “parte” del productor. Queríamos hacer las cosas de forma profesional. Queríaos firmar un documento apropiado. Queríamos hacer las cosas bien.

 La cláusula o estipulación clave en el contrato de opción de compra: la duración de la cesión.

Justo en esa experiencia mía trabajando para diversas productoras, doy fe de que la figura del productor que sigue una senda de profesionalidad y respeto por el trabajo del guionista en cine no es tan minoritaria, si bien me faltarían estadísticas para corroborarlo. En cualquier caso, este argumentario de las ventajas para el productor de firmar un contrato de opción de compra con el guionista iría para aquellos que, por piratas (de esos todos conocemos unos cuantos) o por desconocimiento (están naciendo productoras a bastante ritmo), se cuentan entre los que no lo entienden. O no lo quieren entender.

RAZONES POR LAS QUE LA OPCIÓN DE COMPRA TAMBIÉN CONVIENE AL PRODUCTOR

  1. Un contrato de opción de compra es la primera señal que advierte de una realidad contundente: un proyecto audiovisual requiere dinero desde el primer momento.

Soy consciente de que casi ninguno de nosotros actuamos según el puro raciocinio, pero en ocasiones la lógica más sencilla es la que resuelve una encrucijada. Si no puedes pagar, no te embarques. Si un productor no tiene dinero para esa inversión que significa adelantarle un dinero al guionista para cerrar esa opción de compra, entonces tiene pocas alternativas y muy claras. Una alternativa es que escribe la sinopsis, o el argumento, o el tratamiento o el guión por su cuenta, en la (muy ingenua) creencia de que poner una palabra detrás de otra ya es “escribir”, o en la idea (del todo ya fantasiosa) de que “escribir” es “narrar”. Aparte, a ello se le suma la miopía de suponer que nada de esto lo notarán los lectores de una cadena de televisión, los jurados del ICAA, las delegaciones de cultura de las autonomías, los fondos de otros países con que se coproduzca y que otorguen ayudas.

La otra alternativa es sencilla: abandona el proyecto. Si esto suena muy radical, entonces prosigamos con la lógica. Si no tiene dinero para esa inversión (que además no es tan relevante, por cierto), ¿va a tenerlo para la infinidad de otras inversiones requeridas para el proceso de desarrollo? ¿Cómo va a pagar por los viajes a mercados? La media de dinero que se gasta en, pongamos, Berlín o Cannes, es incluso superior al precio medio de una opción de compra y es común la asistencia a varios de estos foros internacionales. ¿Cómo pagará por un posible informe de guión o un “script-consultant”? (algo que exigen fondos internacionales como Ibermedia o MEDIA, en sus ayudas al desarrollo) ¿Cómo, por un dossier atractivo? No, es imposible.

Ignoro si esto es un hábito español, si es fruto de administraciones públicas permisivas y afines al paternalismo que “cuida” (tan propio del Estado), o si sólo sucede en algunos casos. Desconozco si el empresario medio es igual de conservador, pero si ello se le contagia a quien se quiera productor de cine es que no comprende nada. El cine es un riesgo. Es un riesgo importante. Cuentan desde los despachos de abogados dedicados a la gestión de las AIE, que desde el éxito de “Ocho apellidos vascos”, hay muchos más inversores interesados en el cine. Si antes se conformaban con la interesante desgravación en impuestos que suponía participar en ese “tax credit” que se permite en España, ahora incluso negocian y exigen para entrar en los beneficios del film. Pero un film no hace río, y una gota no es representativa de nada.

Pasan años antes de que un film se produzca desde que se inicia el desarrollo, proceso durante el cual el productor tiene que estar metiendo dinero en el proyecto. La Junta de Andalucía otorga ayudas al desarrollo que de hecho, el organismo que las otorga asume, sirven para que cada productora tenga ocasión de testar si ese proyecto es realizable. Esto es, son conscientes quizá lo que algún que otro productor ni asume: que su proyecto al final del trayecto bien pudiera no tener mercado. Que no interesa a suficientes posibles fuentes de financiación: agentes de ventas, distribuidores, cadenas de televisión, inversores privados o coproductores internacionales, y los propios fondos públicos, andaluces, españoles o internacionales. Igual que todo guionista cree con pasión en “su” historia, cada productor piensa que “su” proyecto es el mejor. Pero eso no lo hace de forma objetiva el mejor. Además, claro, no lo obviemos (que sé que cuesta) del factor "suerte".

Si el productor no tiene un dinero ahorrado, apartado, dispuesto para ir introduciéndolo poco a poco en esta serie de acciones de desarrollo es mejor que ni piense en comenzar el proceso. En este sentido, el propio contrato de opción de compra, ese momento en que lea y dude al mirar los términos, sería hasta un instante de epifanía. “No, no estoy preparado (financieramente) para entrar en este proyecto”.

  1. Un contrato, por definición, es un documento vinculante para las dos partes. Por tanto, aparte de las garantías que se le dan al autor, también se le dan al productor.

Se intercambia una remuneración económica por un trabajo. En el caso de los guiones de cine, tiene tal semejanza al concepto de “por obra y servicio”, que aún resulta más claro. Si asemejamos labores necesarias en ésta, la etapa de desarrollo, un productor paga por la traducción de un dossier, por el diseño gráfico que construya ese dossier con el que ir a cadenas de televisión, mercados, foros, “pitchings”, nacionales o internacionales. Por tanto, no es lógico ni defendible que cualquier otro trabajo en esta etapa no tenga una contrapartida económica. Pero es que, además, es una forma de que el productor se asegure que el guionista realiza su trabajo conforme a unos estándares de calidad. Estos estándares, moviéndonos como todos nos movemos, en una industria cultural donde lo subjetivo prima, tampoco deben ser una especie de muro que detenga al productor. Los estándares los pone él. Para el guionista, un contrato es una vía para que se asienten conceptos “abstractos” (la creatividad) en una relación de trabajo profesional. Le compromete a cumplir con el productor, que, en cuanto a que es su “cliente”, es quien pone esos estándares. ¿Existe mejor garantía de que la relación laboral y profesional será fluida y productiva?

Pensemos que el guionista también se ve enlazado al proyecto y que esa cesión permite al productor moverlo durante un periodo de tiempo. Sin fecha cerrada, y sin un contrato que sea cuando menos legal, en teoría el guionista puede coger su historia y presentarla a otra productora. ¿Por qué no? ¿Qué se lo impide si el vínculo legal firmado no se atiene a la ley?

He aquí un detalle que prueba que un contrato de opción de compra implica obligaciones para el productor... pero también para el guionista.

Además anticipemos otras consecuencias que afectarían al proyecto. Cuando se presenta un proyecto en desarrollo a las ayudas correspondientes nacionales (las de algunas autonomías) o internacionales, como las mencionadas MEDIA e Ibermedia, desde las instituciones que las conceden se espera un cierto grado de seriedad. Si por el camino del desarrollo, una vez concedida la ayuda, el guionista se marcha y se marcha con su historia, el productor se verá obligado a devolver la ayuda. Y es probable que su nombre quede anotado bajo un hipotético listado con el encabezamiento “productores no fiables a los que nunca más conceder ayudas”.

Aún podemos ir más al detalle concreto. Si el contrato de opción de compra no se firma con todo bien claro y según la ley antes de presentar el proyecto a alguno de estos fondos, la concesión también se suele basar en el currículum y experiencia del guionista. Si por un azar, la “idea” de partida de la historia es del productor, quizá pueda buscar a otro guionista al que timar, pero, de nuevo, a las autoridades que conceden las ayudas estos cambios no les placen en absoluto. Si entra otra persona con otro currículum, entonces la base sobre la que puntuaron el proyecto ya no es aplicable. ¿Merece la pena tanto riesgo? ¿No es más conveniente asegurarse la participación del guionista desde un principio?

 Éstas son las palabras mágicas que encabezan un contrato de opción de compra cuando incluye no sólo la cesión en sí sino un adelanto de plazos y versiones.

  1. El contrato de opción de compra aún puede poner sobre la tierra las cuestiones más vagas a través de otro elemento: el calendario.

El número de estipulaciones o cláusulas en un contrato de opción de compra es variable, según el proyecto y qué se pida al guionista. Si estamos en una etapa muy temprana del desarrollo es posible que el concepto por el que se abone la remuneración sea por una sinopsis larga o un argumento. Si en una etapa algo más avanzada, por un tratamiento; una primera versión del guión es probablemente lo más habitual en España. Sin embargo, se esté en cualesquiera de estas etapas, se puede negociar con el guionista una cláusula que, no sólo defina el precio y la duración de la opción de compra, sino ese calendariode entregas lo más específico posible. 

De hecho, yo diría que el guionista lo agradece. A excepción de los guionistas reconocidos (en España serán cuatro, cinco; seis a lo máximo), esta profesión tiene a la mayoría de sus trabajadores en varios proyectos a la vez. Luego, el guionista es probable que prefiera organizarse la tarea en los meses o años correspondientes, para que le sea factible el trabajo para otros clientes/productores. Si esto no se ve como ventaja también para el productor es que, de nuevo, no se utiliza la pura lógica. ¿Acaso hay algo que proporcione más tranquilidad en la agenda de las mil tareas que el productor requiere para empujar un proyecto que saber con exactitud cuándo el guionista entregará su trabajo a lo largo de un año o dos? El calendario y el número de versiones es una fórmula magnífica para eso que se supone imprescindible para la producción: la planificación.

  1. Si el argumento para que el guionista se involucre con su trabajo y su tiempo en un proyecto es aquél de justo que se una a la “apuesta”, entonces hay métodos legales que pueden convertir esta posibilidad en atractiva.

Recordemos que el contrato de opción de compra puede incluir cuantas estipulaciones se desee. Así, el productor puede incluir una por la que el guionista reciba un porcentaje de los beneficios de la película, con todas las matizaciones que sean necesarias. En este caso, del trabajador del guión, es mejor que acuda a que revise dichas matizaciones a alguien como Tomás Rosón, que atiende gratis si se es miembro de ALMA (es uno de los servicios que ofrece este sindicato).  Esto es importante porque aquí no estamos en ese universo paralelo del “crowdfunding” o de los films que sea ruedan en forma de cooperativa. En este caso, yo me refiero a los productores y guionistas insertados en la cadena profesional e industrial. Por tanto, ahí conviene tener una básica noción de cuán poco recauda un productor de la taquilla española, y entonces el guionista quizá prefiera un porcentaje del total de la parte del productor sumando las ventas internacionales. ¿Eso es pedir demasiado? Seamos lógicos. Si de veras el productor habla en esos términos (¡abstractos, otra vez!) de “apuesta”, entonces si ese envite sale bien, el guionista tiene que “recuperar” la inversión. Y si se quiere añadirle a su trabajo ese matiz casi de “emprendimiento”, entonces lo consecuente es sumarse a los beneficios de dicha idea.

  1. Nada impulsa un proyecto de cine, ficción, documental o animación, en su desarrollo como lo hace un buen guión. Luego, es de lógica asegurarse que el profesional que lo realiza lo realiza con gusto y mediante ese compromiso legal.

Si un productor no comprende la relevancia del guión en la cadena que lleva a la producción de un film es que, o bien es de una “vieja guardia” que se ha quedado obsoleta, o bien es nuevo y se ha creído el tópico que reiterado un millón de veces corre por este mundillo o por las redes sociales. 

He tenido que meterme en cuestiones de producción para darme cuenta de que el guión es fundamental. No hablo desde el punto de vista, digamos, “creativo”: eso lo sabía yo, y lo sabemos todos, desde hace mucho. Me refiero a lo fundamental que es en el propio universo de lo “industrial”. En este caso, “guión” incluye toda esa serie de documentos relativas a la historia que dará germen a la película. Sin al menos un tratamiento, acudir a un mercado de coproducción es arriesgado. Sobre todo, porque sin un tratamiento, es improbable que se haya ganado alguna ayuda pública al desarrollo. 

Cuando el coproductor o el agente de ventas internacionales se siente ante el productor y le pregunte cuánto tiene cubierto, la conversación será muy breve. Por otra parte, no faltan desde luego los coproductores o agentes de ventas más “románticos” (es la gran contradicción en esta industria tan inasible) que a veces se enamoran de una historia, de un proyecto. Pero de veras que se sorprenderían al comprobar como muchos de ellos (diría que especialmente algunos agentes de ventas, con lectores especializados) conocen bien las exigencias técnicas de un guión. De ahí que si el productor se sienta ante ellos con un tratamiento con una estructura deficiente, unos personajes sin desarrollar, o un tono indeciso, de nuevo, la conversación, incluso con estos profesionales más “románticos”, será muy breve. 

Aparte, está el documento clave: el guión. Sin él, no se puede buscar un casting apropiado y atractivo para los mercados; sin él no se puede ir a TVE, Atresmedia o Mediaset. Sin él no van a tener confirmación de un coproductor o un agente de ventas que, con sus cartas de compromiso, faciliten que se otorguen las ayudas del ICAA, de la Junta, de la institución pública a la que se entregue el proyecto. Olvidemos, pues, el hilo de pensamiento “abstracto”, si eso pone nervioso a un productor que se aferre a la lógica de los números. En el mismo campo de juego, el productor debería entender que no se trata de “ego” o la manoseada “autoría”; es que sin un buen guión, trabajado, repensado, revisado, no irá a ninguna parte. No logrará la financiación ansiada.

6. Aunque no sea del todo equiparable, en cierto modo la opción de compra, ese dinero que se entrega al guionista por la cesión de derechos equivale a los primeros documentos que haya elaborado. De este modo, es otra forma de asegurarse que dichos documentos tengan un grado de calidad apreciable.

No es siempre el caso, y depende de cada proyecto, pero algunos fondos de desarrollo como los de la Junta de Andalucía no requieren un tratamiento tan trabajado. Se puede acudir, pues, con un argumento, documento que requiere un trabajo, pero ni tan extendido en el tiempo ni tan arduo. Por tanto, en ocasiones la remuneración económica que ello merece equivale a la cantidad que se negocie con el guionista por esa opción de compra. 

¿2.000, 3.000, 5.000 euros son una inversión? Sin duda. Pero de nuevo es que pareciera que algunos productores han entrado en un círculo vicioso absurdo. Que existan fondos públicos, nacionales o internacionales, que apoyen esta etapa de desarrollo no implica que sus jurados sean idiotas o, como tal vez en los “viejos buenos tiempos” abran la mano a cualquiera. Esperan que para “ganar dinero” se invierta dinero. Juraría, de hecho, que esta máxima estará escrita en algún manual del capitalista básico.  El fondo MEDIA (Single Developments, que es el que más conozco) en verdad quiere proyectos tan desarrollados que es posible que el productor haya debido invertir ya en él en torno a 10.000 euros.

Un guión magnífico no asegura que la ayuda se conceda, pero si el productor hace el resto del trabajo bien (los dossieres para las ayudas son complejísimos, en especial los de MEDIA), puede conseguirse. Y en el modelo de presupuesto de desarrollo hay una partida específica para la opción de compra. Luego, ese dinero adelantado al guionista nunca se pierde en ese caso de ganar la ayuda.


 Aquí, el apartado del presupuesto a presentar a las ayudas MEDIA Desarrollo (Single Project o "proyectos individuales"). Incluye un apartado para la adquisición de derechos (o sea, la opción de compra) y para el propio pago a el/los guionista/s.

¿Y qué sucede si no se gana? Ahí es probable que algún productor lloroso pida empatía. Sin embargo, el guionista siempre puede responder que a esta profesión le sucede igual: la empatía es una vía de doble sentido. El productor pierde dinero, sin duda. El guionista pierde tiempo y vida, y eso equivale a dinero, con los proyectos que de forma personal escribe, trabaja y mueve. Como nos cuenta Gabi Ochoa sobre su periplo de "pitchings" en cadenas para su proyecto de serie, o viendo la senda de tropiezos y dificultades de estos dos guionistas españoles que crearon un concepto que no lograron vender, los guionistas claro que saben del fracaso. Y lo siguen intentando. Y no van a llorarle a los productores.

Aun existe otro motivo que explica muy bien por qué esa inversión en la opción de compra, como anticipo por una sinopsis y argumento, no es dinero “perdido”. Cada vez hay más mercados internacionales a los que acudir con un proyecto. Se me ocurre que la excepción es la comedia (que “viaja poco”, según el dicho general de los agentes de ventas) pero casi todos los demás géneros tienen ocasiones en foros celebrados en Europa, Iberoamérica y hasta Asia. Y a ellos se acudirá con ese trabajo elaborado por el guionista. Luego, perder MEDIA, Ibermedia, o las ayudas de la autonomía de turno en desarrollo tampoco envía el proyecto al cajón de modo directo. Siempre hay otras puertas a las que llamar. Muchas.

Son seis razones que encuentro convincentes, si bien siempre en mi optimista creencia de que, como decía, la lógica mueve montañas. Si el productor no las quiere, y son ustedes guionistas, tomen estos argumentos, todos o algunos, y úsenlos en la negociación. Aparte, como recomiendo a cada guionista con el que me cruzo, háganse de ALMA o de algún sindicato, que les ayude y guíe en estas cuestiones. Sea como sea, estas dos “partes” en verdad no deberían verse como oponentes, sino como colaboradores del proceso. Al productor le conviene el contrato de opción de compra tanto como al guionista.


sábado, mayo 16, 2015

FINANCIACIÓN DEL CINE ESPAÑOL: NOVEDADES, REFLEXIONES, DIFICULTADES: FORO DENAE, SEVILLA


El pasado 6 de mayo la AEPPA-APRIA (Asociación de Empresas de Producción Audiovisual de Andalucía y Productores Independientes) y la APPES (Asociación para la Promoción Exterior de Sevilla) organizaron unas jornadas sobre las novedades en la financiación de la industria audiovisual. Como algún productor y alguna compañera me han pedido que diera cuenta de ello, contaré aquí mis impresiones.



Titular las jornadas como “novedades” tal vez fuera confuso. En cuanto a las ayudas públicas sonaba prematuro: sólo hace unos días se ha aprobado el nuevo reglamento para las ayudas del ICAA. En cuanto a lo que realmente se refería, las AIE, las Agrupaciones de Interés Económico como fórmula de financiación, ya fue tratado (con mucha más claridad, me atrevería a decir) el pasado noviembre, en otras jornadas similares durante el Festival Internacional de Cine Europeo de Sevilla. En cambio, esta misma insistencia en las bondades de este sistema abre la puerta a reflexiones jugosas, y en todo caso, explicar varias veces lo mismo quizá actúe como aquella máxima de las informaciones claves en los guiones: repítelo hasta tres veces si quieres que tu audiencia comprenda. En cuestión de datos, duros y puros, la única novedad fue la confirmación de que Canarias deja de ser ese único territorio donde las desgravaciones fiscales para el inversor son muy atractivas.

En estas jornadas participaron Fernando de Miguel, de Wandermoon Finance, Miguel Doria, de March Capital Market, Patricia Motilla, socia del área fiscal y Derecho Audiovisual y del Entretenimiento de Jausas Legal, Alfredo Rosas, del bufete Barrilero y Asociados e Iban Díez, especialista en Derecho del Entretenimiento de Gómez, Acebo y Pombo. Por parte de los productores, sólo acudió David Naranjo, Director de La Zona (productora de “No habrá paz para los malvados” y “Ocho apellidos vascos”). Como con Mar Ilundain, de Convoy Films, se echó en falta más tiempo y ocasión para este “lado” de los productores, y que desarrollaran la experiencia y los posibles consejos en torno a estas fórmulas financieras. 

Las Agrupaciones de Interés Económico llevan años funcionando pero aún hay productores que te tuercen el gesto si se lo mencionas. Además, era opcional, una alternativa, una posibilidad si todas las otras fuentes de financiación usuales fallaban. Sobre el papel, el esquema es sencillo. Se construye esa figura financiera de la que forman parte la productora o productoras y una serie de inversores. Durante el tiempo en que está activa, esta entidad genera beneficios fiscales a dichos inversores. Lo usual es formarla antes del rodaje, y se mantiene en el tiempo bastante después, dependiendo de cada film. Por ejemplo, muchas películas españolas siguen con la AIE mucho después del estreno, porque aguardan las llamadas ayudas a la amortización, las que se producen según la taquilla, según el número de entradas vendidas. En España, el porcentaje de desgravación es del 20% sobre el primer millón, y del 18% a partir de ahí; en Canarias, asciende al 38%. Cuánto ello revierte sobre la producción local es harina de otro costal, y tema para otro post, aunque aquí tienen un adelanto de que hay muchas dudas sobre ello.

En cualquier caso, “sobre el papel” sería la parte de la oración a enfatizar. La propia búsqueda de inversores no es tarea fácil, pese a que la imagen del cine español como “industria” (como negocio) haya perdido matices negativo con el tiempo. Por otra parte, imagino que el número de personas y/o empresas al que esta desgravación les resulte interesante (el “target audience” de las AIE, si se quiere) ha disminuido bastante en estos años de crisis económica. Y estoy seguro de que hay otros métodos de desgravación fiscal igual de golosos.

Aparte de esa búsqueda, está el tema legal, financiero. Un proceso complejo. En el Master Megaplus varios expertos que acudieron hicieron lo posible por explicarlas. Al igual que el Tax Credit belga, todos fracasaron. No lo entendimos los españoles del curso. No lo entendieron los de otras nacionalidades. En realidad, no importaba. Sucede igual que con el "Tax Credit" belga, justamente. Este otro esquema de desgravación fiscal para inversores es agotador (a ratos, hasta contradictorio) para quienes no nos dedicamos a los números. Pero qué importa. Desde que este sistema funciona, Bélgica tiene una lista considerable de países y productoras deseando coproducir allí (para la pos-producción, sobre todo). Estos coproductores entendieron pronto el truco: no se trata de tener que entenderlo al detalle. Basta con que se admita que hay que delegar en especialistas belgas que han surgido a tenor de esta desgravación. Ya se encargarán estos mediadores. Claro que, si “delegar” ya puede ocasionarle dificultades a más de un productor español, a ello sumémosle ese otro concepto con el que otros muchos aún pelean: sufragar gastos.

El "Tax Credit" belga 

A todos nos ha pasado. A niveles distintos, eso sí, pero nos ha ocurrido. Uno se acostumbra a un modo de hacer las cosas. Un esquema en que las películas se financian acaba funcionando como un esquema mental, incluso. Pero cuando han ido fallando los mimbres, había que despertar. Un productor andaluz que ha sufrido este cambio de paradigma repentino (en Andalucía las ayudas autonómicas se han reducido y, además, se pagaban tarde) me confesaba eso mismo: había “visto la luz”. Otro productor, de otra comunidad, que ha recibido otro varapalo pero desde fuera del país se hacía la pregunta: el cine de autor tal vez esté herido de muerte, y en España pero también quizá en Europa, el camino parece que lo pavimentarán tan sólo el cine de género, comercial, industrial. Y con coste de más de 3 millones de euros.

Si este “despertar” es exagerado o no en cuanto a los extremos de pesimismo a asumir, se verá. Lo claro es que en lo relativo a lo meramente práctico, el dibujo de un plan de financiación creíble y factible ya exige mirar a otros lados.

TVE, con una crisis económica y política que dificulta hasta prever cuándo se celebran los Comités de decisión, no es ya nada seguro. Las cadenas autonómicas, o han caído (caso de Canal Nou) o invierten menos en derechos, o los pelean más, por ejemplo, siguiendo la estela de las privadas y convirtiéndose en coproductores, aparte de que hagan la pre-venta por derechos por televisión. Las mismas exigencias de las ayudas directas del ICAA (“ayudas sobre proyecto” se han venido llamando aunque ahora tal vez cambien) han subido, y la competencia, con los años, ha crecido, en busca de ese dinero que ya no podía proceder de otra parte. Además, las cantidades del Fondo de Cinematografía, destinadas a esas ayudas directas, han descendido de manera clara. Ya es casi redundante hablar de la política del PP reduciendo hasta límites absurdos estas ayudas. La nueva ley, votada hace pocos días, se supone que viene a paliar esto, pero la rueda no se podía parar. Como bien resumía Fernando de Miguel, de Wandermoon Finance, el sistema de ayudas directas se ha ido reduciendo sin que ello se equilibre con el traspaso a otros modelos, y la legislación fiscal, al menos hasta no hace mucho, no ha cuidado esta posibilidad.

Las AIE. Complejas, llenas de números, porcentajes, complicaciones legales, tributarias, de calendario. Pero eran una opción. Quizá, ya, para muchos proyectos, la única, y no solamente una alternativa.

Se expusieron ideas interesantes al respecto. Por ejemplo, los panelistas recomendaban plantearse la territorialidad de la AIE según el proyecto y no seguir el proceso inverso. Es decir, que se concluyera del proyecto, del guión, si era lógico y conveniente llevárselo a Canarias. Como digo, interesante, y más que lo recomienden personas ajenas al proceso creativo, cuando luego justo los más cercanos a dicho proceso, algunos productores, diría yo que (por la situación que antes retrataba) piensen antes en “rodamos en Canarias” como a priori, sea como sea el guión.

Ahora a ello es probable que sea añada “rodemos en el País Vasco o Navarra”. Ésta fue la principal (¿la única?) novedad de la información expuesta en las jornadas. La fiscalidad foral de estos dos territorios permitían que la constitución de AIE en ellas también fueran beneficiosas. Pero se estaba a la espera de la contestación de Bruselas acerca de si esto era posible, aceptable según la UE. Curioso, porque en verdad esta respuesta ha llegado hace bastante, y ha sido positiva. Yo ya lo sabía (por un productor vasco) como también sabía que en el propio Madrid, y supongo que en el resto del país, no se creía del todo.

Y he aquí otro detalle relevante a entresacar de las jornadas. Nadie se fía del todo de este gobierno. Nadie confía en que el marco legal y fiscal se mantenga. En otras palabras, aquí todos sí esperan a la Inquisición española, contradiciendo a los Monty Pyton. Léase “Ministerio de Hacienda” por Inquisición. Los representantes de estos bufetes de abogados recomendaron ser muy cuidadosos al asumir las ventajas de rodar en el País Vasco o Navarra, pese a dicha confirmación de Bruselas. Por ejemplo, en España y Canarias el 50% de gastos de producción más el número de copias y publicidad deben ser realizados aquí; en Navarra sólo sería el 25%. Pero no cantemos victoria, nos vinieron a decir. Es mejor realizar de todos modos una mayor inversión en Navarra y País Vasco, no sea que Hacienda saque (nada menos) que una ley con carácter retroactivo que contradiga ese porcentaje concreto obligado y lo aumente.

Este grado de “realismo” fue muy de agradecer. Patricia Motilla fue muy clara con una aseveración que yo había obtenido de uno de los presentes en las jornadas del Festival de Cine Europeo: al inversor no le importa la película. Le importa lo seguro y productivo de su inversión.

Duro e inexplicable a priori para los que trabajamos en la industria audiovisual. ¿No representaría mejores valores de cara a un potencial inversor que el director tenga experiencia, que el guión sea fantástico, que la productora tenga bien planificado cómo, cuándo, dónde estrenar? A algunos nos sorprende el doble, ya que de hecho algunos fondos privados internacionales que invierten en cine se fijan en esto.

No para las AIE. Esta herramienta fiscal funcionaría igual con cualquier otro producto. Generan beneficio de por sí durante toda la producción (y después) y no tiene nada que ver con la calidad del guión, el director, los actores. Ni siquiera con el resultado en taquilla. 

Es posible que sea tan chocante con algunas de nuestras ideas preconcebidas que todavía no haya calado. Eso explicaría por qué éstas hayan sido las segundas sesiones sobre AIE que se han celebrado en Sevilla, con las últimas no tan lejanas. Quizá se trate del mismo sistema que los guiones. Sembrar, sembrar y recoger.

Por otro lado, esta insistencia por parte de los que sirven de expertos y mediadores en la búsqueda de inversores tiene otra explicación. De las AIE levantadas en los últimos años, un alto porcentaje son para rodajes de producciones extranjeras; cintas sobre todo rodadas en Canarias, con ese 38%, como “Ira de Titanes" ("Wrath of Titans", Jonathan Liebesman, 2012) o “Fast & Furious 6”. Hablamos de producciones de muchos millones de dólares, de los cuales la parte que corresponde a ese rodaje en nuestro territorio puede alcanzar los 10 millones de euros sin problema. Para esas cifras, y para una industria como la estadounidense, donde lo financiero ya es bastante complejo y supone, a su vez, altos costes (gastos financieros), las AIE no resultan una complicación ni nueva ni mayor. Para una cinematografía donde la media de presupuesto por película se sitúa más cerca de los 2 millones las AIE quizá resulten excesivas.

Rodaje de "Fast & Furious 6" en Tenerife

Sin embargo, ahí está otra posible clave que explicaría esta insistencia en que los expertos “recuerden” a los productores esta opción. Ellos mismos también han ido montando negocio, bufetes de abogados, firmas, esquemas, que ahora necesitan producto que ofrecerle a los inversores. En parte estos mediadores empiezan a necesitar al productor de cine español tanto como éste puede necesitarlos a ellos.

Sin embargo, el que podría haber sido un “pitching”, una venta que sólo enfatizara las ventajas, se equilibró con ese realismo que, de forma intencionada o no, al cabo mermaba el argumento: el sistema es beneficioso pero con bastantes “peros”. O, en otras palabras, los panelistas ofertaban lo positivo pero sin exageraciones.

Fernando de Miguel insistió en que, pese a todo, se anticipe que la AIE cubrirá una parte de la producción, porque, al cabo, la búsqueda de inversores (la parte que realizan estos bufetes) más todos los gastos producidos por la propia construcción de la AIE es dinero a descontar. También se hizo ver que las AIE en esos otros territorios requieren montarse allí, y no es tan sencillo encontrar empresas con suficiente nivel de ingresos para que la desgravación fiscal merezca la pena. Luis Fanjul, representante de los mediadores canarios que se han especializado en producciones en las islas, no lo negó. Eso sí, anticipó que su empresa, como otras muchas, ya están reaccionando, y estudiando vías nuevas para que el rodaje en las Canarias apunte beneficios añadidos. Como decía antes, estos mediadores se están readaptando tanto como puedan hacerlo los productores para sobrevivir y seguir generando negocio.

Las jornadas también ganaron en interés cuando los propios panelistas ofrecieron visiones con matices diferentes sobre ciertos aspectos. Es casi natural, dado cierto grado de contradicción entre algunas aseveraciones. Por ejemplo, si las AIE son esa alternativa de financiación deberían serlo cuando, supongamos, los dos grandes grupos, Atresmedia y Mediaset, han dicho “no”, y sólo se cuenta con TVE y, por ejemplo, TV3, Canal Sur, en fin, alguna cadena autónoma. Al tiempo,  esto no parecería ser el caso, ya que el argumento general es que una AIE sólo merecerá la pena (el tiempo, el trabajo, el gasto) si el presupuesto alcanza ciertas cotas, y aquellas películas que cumplen esto son precisamente las que van a Atresmedia y Mediaset.

Es el círculo vicioso del cual los mismos asistentes, dejaron ver, son conscientes. Con un presupuesto medio por película que ha ido disminuyendo en los últimos años, su cartera de clientes, de productores que se aproximan a ellos como mediadores para constituir AIE, ha mermado mucho. Si tu película va a costar 5 o 7 millones, vas a las privadas por defecto. Si mediante su participación ya obtienes una buena cantidad, ¿para qué vas a ir a un AIE? Y si tu “camino” es un film un tanto menos comercial o con un “package” menos espectacular (director novel, actores menos conocidos) y, por tanto, usas TVE o las autonómicas, pero te tienes que mantener en torno a esos 2 millones… ¿para qué ir a una AIE?

Es peculiar, pues, la situación en España respecto a algo que en apariencia debería haber ahuyentado los miedos en torno a rodar en el país. Incluso para las producciones extranjeras. 

Imaginen las negociaciones con un coproductor europeo en una reunión, pongamos en Berlín o en el Marché du Film deCannes. Basta con que siga las noticias del sector en España, para que le lance al productor español un sinfín de preguntas: ¿pero seguro que vuestro Ministerio de Hacienda no cambiará la ley? ¿Seguro que conviene que rodemos parte en el País Vasco? Y ¿por qué diablos no tenéis un “tax credit” directo, como en la mayoría de países, con un “rebate”, una devolución directa de parte de los gastos de rodaje? ¿Por qué lo tenéis que complicar tanto con esto de las AIE? 




Listado de estados de USA donde existen diferentes sistemas de desgravaciones, "tax credits" o "tax rebates".

Esto, aparte, se complica con una dificultad añadida. Los contratos con la televisión pública suelen ser bajo el concepto “encargo de producción”, lo cual no es válido para una AIE, como tampoco lo es que una entidad pública sea parte de esa estructura.

En cierto modo, estas jornadas se asimilaban a aquella (larga) negociación entre FAPAE, Cultura y Hacienda en torno a unas deducciones mejores para las AIE para producciones españolas y extranjeras. Comenzamos “en alto”, atención, hay vida más allá del ICAA, pero, atención también, punto de giro, Hacienda rebajó muy mucho las expectativas de productores respecto a esos porcentajes de desgravación. Igualmente, punto de giro, ojo, las AIE, sí, son interesantes pero no la panacea, y, no, de momento, para películas más pequeñas. 

Como un guión que empieza fuerte y navega hacia un anti-clímax. O, visto de otro modo, como ese continúo viaje del productor medio español, entre las dos etapas de la depresión que, recuerdo, Hans Magnus Enzensberger aplicaba a la ciencia del último siglo. Entre la etapa maníaca, donde uno se mueve a la esperanza y  se cree los cantos de sirena enfatizando los triunfos del cine español a nivel internacional (¿?) y la etapa depresiva, donde todo es oscuridad, y el cierre de tu empresa se intuye cada vez más cercano. Pero ya sabemos: España es un país de extremos.

jueves, mayo 07, 2015

REFLEXIONES (Y ENLACES) SOBRE VOD, CINE ESPAÑOL, TELEVISIÓN, DISTRIBUCIÓN:


Hace unas semanas, Ricardo Tárraga se puso en contacto conmigo para una entrevista. Es uno de los socios de la plataforma de vod "Yuvod" que se prepara para presentarse al mercado y quería que contestara unas preguntas para colgarla en su blog. Aquí pueden leer la entrevista, pero quisiera complementarlo con un tanto más. 


Reconozco que tardé bastante en responder sus preguntas. Por un lado, por cuestiones prácticas. El montaje de mi primer documental como director ("La derrota de las aulas") me tenía algo absorbido. Pero, por otro lado, también quise sopesar bien qué respondía. Imagino que, como cualquiera de nosotros relacionados con la industria audiovisual, qué está sucediendo en España, Europa, Estados Unidos, nos tiene dando vueltas a si situarnos en el optimismo irredento o el cinismo más absoluto. Si las nuevas formas de consumo traen posibilidades a explotar, o si al cabo esto puede que sólo sea así fuera de nuestro país, bajo aquella cantinela tan española del “que inventen otros”. 
Como imagino que le sucede a cualquiera de nosotros, yo también me voy a esos extremos dependiendo del día. 
Así que tuve que pensarlo bien. De ahí, de hecho, que me haya explayado con tanto detalle. Por eso, y porque ya que Twitter o Facebook al cabo parece que sigue complicando el debate, en una entrevista (como sucede en un post de un blog) hay más tiempo para desglosar argumentos, y matizarlos en lo posible. Por eso, y porque uno siempre tiene la esperanza de que estos temas se lean fuera del círculo de la propia industria, y algo de cómo funciona llegue y se comprenda por el común de los mortales.
En todo caso, sí que aprovecho esta entrada en mi blog para complementar un tanto lo que allí se contaba. En especial, debido a que tal vez por las prisas (mi retraso en enviar el texto) los enlaces que incluí en el texto que les pasé no llegaron a la publicación. Creo que esos enlaces aportan información útil e interesante, aunque de paso añado alguno más en este post.

Cuando hablo de cómo el VOD en Europa parece que arranca con mayor fuerza, menciono el agente de ventas Wild Bunch. También me refiero a cómo en esta noticia se expone que ha puesto recursos importantes (más de un 1,5 millón de euros) en la apuesta por unos estrenos sólo mediante VOD. 

También menciono Nordisk, y la francesa UniversCiné. Sobre la primera, un productor con el que he trabajado para el desarrollo de un proyecto fue quien me habló acerca de este distribuidor que también actúa como agente de ventas ya están ofreciendo mayores "Advances" o "MG" (Minimum Guarantee) por VOD que por estreno en salas. 

En cuanto a UniversCiné, es una plataforma de VOD francesa. A través del Máster Megaplus que realicé en 2013, y a donde acudió un representante de la segunda es que tengo referencias sobre cómo está ya está aportando a la producción esos  "MGs", esos adelantos que entran en la financiación de un film. 



Además, en este documento de aquí, pueden explorar con más detalle esta compañía así como el estado de la industria del VOD en Europa a fecha de 2013. Para una actualización sobre estas plataformas a fecha de 2014, aquí encontrarán un informe del Observatorio Audiovisual Europeo

Cuando me preguntan sobre por qué las plataformas de VOD aún no ofrecen contenido televisivo ("factual", entretenimiento, "realities", entrevistas, informativos…), menciono cómo quizá sea un paso lógico, a partir de esto que leí en este artículo sobre cómo HBO está viendo las posibilidades de generar contenidos de esta clase. 
Cuando en la entrevista hablamos de las dificultades de crear comunidad si estos contenidos no se emiten en la televisión "tradicional", después he encontrado una reflexión muy acertada en el blog "El Diario de Mr. Macguffin". En ella se explica que aquella novedad del "binge-watching", de consumir pronto, temporadas enteras, quizá se haya metido entre nuestras costumbres pero al precio de que el producto desaparezca de la conversación social. Menos tiempo de exposición; menos debate. 
Para finalizar, diré que todas estas reflexiones son justo eso. Esto se mueve muy deprisa, quizá demasiado, y es muy complicado vaticinar futuros desarrollos de la industria. Por ejemplo, Netflix y si viene o no a jugar bajo las mismas normas (y entonces la definición de "competencia" queda fuera) o a romper la baraja, y quizá enseñen una cosa o dos al de momento poco rompedor "Pay-TV" que se promete con Movistar TV. 
Como en todo, veremos. Como yo me recuerdo cada cierto tiempo "nobody knows anything".

lunes, marzo 02, 2015

GUIONECES: PROBLEMAS COMUNES CUANDO LEO GUIONES (y IV)



Siguiendo con esta serie de cuatro posts, aquí le expongo el post final las primeras conclusiones como lector de guiones en cuanto a cuáles son los problemas y errores más comunes.

- Diálogos de tonos inconsistentes.

En un guión todos los personajes no deberían hablar igual. Hace años leía yo una reseña literaria a la publicación del guión de Pulp Fiction, y se me quedó un apunte: al cabo, Tarantino no atendía a un detalle fundamental. Todos los personajes hablaban en el mismo registro. 

No puede considerarse, del todo, un “fallo”. Por ejemplo, en cine a veces un tono o un género impone un tipo de diálogo en todos los personajes participantes. El cine que cae más de “lo negro” todavía carga con la tradición de Dashiell Hammett y sus detectives entre lacónicos, cínicos, y, al tiempo, un poco melancólicos. Por tanto, si en un guión de esta clase se cuelan personajes a los que se les escapa un poco este tipo de poesía, puede funcionar. Ahora bien, midamos el grado. No todos los personajes que un policía o un detective interrogue van a tener esa capacidad reflexiva y poética. 

Por otro lado, y quizá esto sea lo que justifique aquella elección de Tarantino para Pulp Fiction, en ocasiones las historias no suceden en un universo “realista”. No es tan probable que allá fuera, en las calles, los criminales recurran a citas bíblicas, o tengan disquisiciones filosóficas sobre su trabajo. Parte de la gracia (relativa) de Pulp Fiction es que nadie espera nada de esto, y que ese mundo que se expone es (también relativamente, como todo, con Tarantino) propio y particular.

Ahora bien, los guiones que yo he leído no se movían en esos parámetros. De hecho, casi diría que la tendencia general en estos guiones españoles es la obsesión con el naturalismo. Con ese realismo que se mueve entre la obsesión por reproducir el habla cotidiana al detalle y el costumbrismo. En este sentido, la ficción televisiva patria parece que ha tenido mayor impacto en el cine español que el propio cine. Aunque también cabe la posibilidad de que Mediaset y Atresmedia hayan creado esta especie de híbrido que pretende llevarse el éxito de ciertas series a la pantalla, y muchos guionistas o aspirantes a serlo quieran incluirse en esa tendencia. 

En todo caso, ese modo naturalista (esa obsesión, se diría) por que los personajes hablen "como se habla en la calle" es una opción aburrida pero aceptable. El problema es cuando eso, a la vez, se da con que los personajes utilizan expresiones y vocabulario que no corresponde a su condición social, cultural, personal. Esto es un sinsentido. Si pretendemos guiones realistas, incluso naturalistas, hay que serlo con todas las consecuencias. 

¿Dónde suele suceder darse el choque más a menudo? En esos momentos en que el guiionista no confía en la inteligencia del lector o bien no sabe/quiere/puede usar recursos más cuidados, y entonces siente que debe poner en boca de los personajes las reflexiones, el mensaje, las cuestiones relevantes de la historia. 

Ahí la contradicción es flagrante. De pronto, jóvenes que hablan como si les avergonzara unir frases gramaticalmente complejas tienen un instante de "iluminación" y hablan como un personaje de un drama teatral con ínfulas. No funciona y rompe el tono. 

De ahí que sea mejor optar por un tono desde el principio en cuanto a los propios diálogos, y ser lo más fiel posible a ello durante todo el guión.


- La falta de originalidad. 

“Todo está inventado” se parece un poco a esos refranes populares. A veces, contienen un tanto de verdad, a veces son un mero lugar común que impide la misma reflexión. Yo, si ya me van conociendo, tengo una cruzada personal en cuanto a este tema, como se ha podido leer en varios de mis posts. Pero aceptemos barco. De acuerdo. Llevamos siglos de historias y bastante, también, de ficción audiovisual. Pero esto no puede ser excusa para la más absoluta vagancia. Los recorridos psicológicos humanos son limitados, y los temas pueden hasta listarse. Pero démosle algo. Las combinaciones pueden ser mucho, mucho más interesantes. Eso es, de hecho, la narrativa: el arte de la combinatoria.

No se fíen de mi punto de vista. Tan sólo, observen a ese hermano "pequeño" que desde hace una década no hace sino darle patadas en la espinilla al cine: la televisión. Si no quieren, tampoco lo hagan por los lectores de guiones, sino por el espectador. Las series de televisión han subido el listón en cuanto a muchos aspectos (el desarrollo de personajes, sin ir más lejos) y no hay por qué creer que, si la recepción de las series españolas ya están sufriendo por la comparación (al menos, en cierto "target"), eso mismo no va a suceder en el espectador de cine. 

Cuando una cadena en abierto tan poco "revolucionaria" como la ABC, asociada a una compañía no precisamente innovadora, como Disney (Marvel), saca una serie como Agent Carter donde (¡al fin!) el protagonismo femenino se encuadra nada menos que en un subgénero como el de los superhéroes, quizá debamos estar más atentos. No digamos ya con apuestas mucho más alocadas como las de American Horror Story respecto al terror (y también con una postura militante en cuanto al feminismo en la ficción) o ambiciosas como Orange is the New Black.  


¿Todo esta inventado? Una verdad relativa o incluso una mentira conveniente. "Agent Carter" le da una vuelta a la narrativa de super héroes, sin concesiones a convertir a su protagonista femenina en una simple repartidora de golpes. 

Y son sólo algunos ejemplos. Cualquiera de ustedes puede encontrar y aportar muchos más. Por tanto, seamos conscientes del tiempo en que vivimos. Justo porque el espectador de cine también lo es de series resultaría incongruente que esperáramos que ante la pantalla (de cine o de ordenador) a los guiones de cine no se les va a exigir el mismo grado de riesgo. Visto así, casi es una paradoja: justo porque hay ese consumo masivo de ficción audiovisual es que tenemos que forzarnos a ser más originales.

Si son ustedes ambiciosos, denle su voz. Igual que un psicólogo les dirá que ningún estado de ánimo es absolutamente nuevo, también debería decirles que ninguna persona asume la realidad de la misma forma. La experiencia personal del guionista es, en verdad, lo que más le diferenciaría. Transmitamos nuestra visión del mundo. 

Pero la nuestra. No nos subamos al barco de los tiempos, con miradas cínicas o pesimistas o llenas de clichés, tomadas de películas, libros, o de los propios discursos políticos e ideológicos con el que nos bombardean (desde la izquierda y desde la derecha). 

Y, en el caso de que nuestra visión se haya empañado con las enfermedades de nuestro tiempo, entonces sepamos argumentarlas. The Wire casi se empeñaba en que los buenos no ganaran nunca, a modo de darle vuelta al tópico. Pero lo hacía con una contundencia en sus argumentos que dejaba poco margen para contradecirla. 

Si la palabra “autor” les produce urticaria, y son de los que creen que el cine es mero entretenimiento, entonces todavía lo tienen más complicado. Si van a irse a los géneros, piensen en cuán complicado es de veras distinguirse entre la falta de ideas de, por ejemplo, el cine de terror o en el de acción. ¿Otra panda de adolescentes imberbes que se va a una cabaña? Después de la jugada (por cierto, más astuta que inteligente) de Joss Whedon con The Cabin in the Woods, es más que improbable que entremos en una situación tan manida. ¿Otro tipo duro que se embarca en una guerra contra todos y los vence sin pestañear? ¿A estas alturas? 

Posible (in-progress) "norma": si un recurso narrativo ya ha sido convertido en objeto de burla es que ya ha cruzado el umbral hacia el puro cliché. Aun así, aquí que el cine de terror sigue insistiendo en adolescentes idiotas que parece que saben menos que nosotros sobre las propias reglas del género. 

Si el concepto “original” le resulta debatible, usemos entonces el de “distinguible”. Pasémonos, pues, al lado más puro de la industria audiovisual. Si la historia no se distingue apenas, en un mercado de co-producción, y, luego, a la hora de distribuirla, va a ser complicado venderla. 

No digo que sea imposible. Por ejemplo, puede entonces acudirse al “package”, y si se cuenta con un director de renombre y caras de cierto impacto en taquilla (muy relativa, esta medición, por otro lado), quizá una historia convencional pueda al cabo sacarse adelante. Pero yo diría que cada vez más productores españoles están entendiendo que allá fuera, en el American Film Market, el mercado de coproducción del Festival de Berlín, o el Marché du Films de Cannes, hay tal cantidad de títulos en búsqueda de financiación que al cabo lo que se necesita es una historia distinguible. Y desde luego el 90% de nuestros actores no tienen impacto internacional, por lo que ese "selling point" para el futuro marketing es más que improbable.

Tampoco crean que se requiere un gran esfuerzo, esto de un mínimo de originalidad en los guiones. Se trata de tener siempre más de una opción, y, en general, que no sea la primera que nos venga a la cabeza. Porque el cerebro es vago, y acudirá a los millones de recursos ya vistos en cualquier ficción audiovisual. No. Parémonos. Pensemos otras.