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lunes, enero 20, 2014

GUIONECES: CONFLICTOS SERIOS Y UNA VUELTA A UN CLICHÉ. LLUVIA DE ALBÓNDIGAS 2 (CODY CAMERON, KRIS PEARN, 2013)


Lluvia de albóndigas (Cloudy with a chance of meatballs, Cody Cameron, Kris Pearn, 2013) prueba de nuevo que el nivel de la animación de la industria estadounidense se supera año a año. Quizá Pixar tenga ya ganado el Olimpo, pero en más de una ocasión empieza a verse cómo la misma Disney, y, como es este caso, otros estudios como Sony, quizá les estén adelantando en más de un aspecto.

La película es una maravilla en especial por la capacidad para el "sense of wonder" y por su inventiva visual. Pero tampoco faltan detalles de guión. Como en esta escena. 

La elijo porque también resume bien cómo el nivel de complejidad o, si se quiere, de gravedad, de los conflictos en películas que se suponen para niños está creciendo mucho. 

En la escena, el protagonista, Flint Lockwood, lidera la expedición en pos de la que fue su invención en la primera Lluvia de albóndigas: el FLDSMDFR, siglas de una máquina que convertía agua en comida. La máquina sólo aparentaba estar destruida, pero ahora han descubierto que está creando todo un ecosistema donde la comida ha cobrado vida.

En el guión, el FLDSMDFR sirve de Macguffin. O, siguiendo el esquema de los cuentos de hadas, el objeto mágico. Ése tras el que se embarca el héroe.

Claro que, en esta ocasión, al héroe le acompaña el propio villano de la función. Chester V. considera que todos estos "animales" son un peligro en potencia. Por eso, convence a Flint para acudir aquí, a la isla donde estas nuevas especies han surgido. Y para que apague su máquina. 







Primer giro de la escena. Sam, la novia de Flint, lleva desde hace tiempo cuestionándose el discurso del villano. Pero en la escena anterior, ya ha concluido que estas criaturas son todo, menos "monstruos". Y así se lo plantea a Flint. 

Y no es conflicto pequeño, no. Con sutileza, eso sí, al cabo lo que se le plantea al protagonista es nada menos que, si continúa con el plan, tal vez esté asesinando animales. 









Como decía, no es precisamente una cuestión simple, ni "infantil". Pero los guionistas son inteligentes. Saben que para que exista de veras conflicto, algo debe contraponerse que tenga igual valor moral; que sea un contrapeso para que no sea una decisión sencilla. 

En este caso, Chester, como buen villano, es astuto. Primero, tiene convencido a Flint de que esas criaturas se preparan para una especie de invasión del mundo humano. Segundo, Chester es el idolo de la infancia de Flint. Su palabra tiene peso. 

Por eso, en la escena (que he acortado; hay más detalles en su Segundo Acto), en su Segundo Giro, Flint toma una decisión.





El héroe que confunde su misión; ése es Flint. Pero Sam le da la vuelta al conflicto. Bien, tal vez no le convenza su argumento, pero ¿no le vale con que sea un argumento suyo, de su novia, de sus amigos?









Ah, la importancia de los objetos. Los objetos como metáforas visuales. Este dibujo es el plan que tenían Flint, Sam y sus amigos para su futuro: su propio laboratorio. Introducido en el guión en las primeras escenas. Y usado ahora, tirado en el suelo, hundiéndose en este jarabe, representa todavía mejor el resultado de esa decisión.  Flint ha elegido a Chester por delante de sus amigos.

Con algún que otro gag (que, insisto, no puedo incluir, porque son varios),  el guión no se olvida de aliviar un tanto lo grave del asunto; el matiz dramático de esta escena. Pero, aquí, hacia el final, se requería uno más.

Y los guionistas optan por darle una vuelta a un viejo cliché: el del personaje que se aleja y "abandona" a otro, mientras este último le grita que regrese.




Y la realización colabora bien a la broma. Porque hay un pequeño travelling que se va alejando de Flint, dando a entender que efectivamente Sam se aleja, cuando en realidad...



... cuando en realidad, Sam apenas se ha movido unos centímetros, a causa de esa melaza expandida por todo el suelo de la localización. Flint, en cambio, como si hubiera de ser fiel al cliché, continúa gritando y gritando, como si Sam estuviera alejándose a paso rápido. Y acaba con un "Saaaaaaam", absolutamente exagerado.

Y es sólo un ejemplo de los valores de su guión. Es verdad que se abusa demasiado de los juegos de palabras (intraducibles, por cierto; me pregunto cómo lo habrá hecho el doblaje español) como "running gag". Pero en general no es nada simplista, su villano es bastante peligroso (intenta asesinar a Flint, de hecho), y es improbable que haya habido un film con más creatividad visual este pasado año (aunque no he visto la de Miyazaki). 

Además, nos recuerda que el cine de animación actual ofrece mensajes más complejos. En este caso, entre otros, una advertencia que ya nos hacía "Up": cuidado con nuestros ídolos, porque quizá no sean lo que parezcan.



miércoles, enero 08, 2014

GUIONECES: HUMOR POR CONTRASTE. MONSTERS UNIVERSITY (DAN SCANLON, 2013)


Si juntas dos extremos, tienes conflicto. Si tienes conflicto, es probable que tengas una historia. Pero según qué tono le des en un guión, tiene drama o comedia. 

Monsters University (Dan Scanlon, 2013) no posee, claro, la frescura de aquella original premisa de su primera parte. Pero aún conserva esa imaginería marca de la casa Pixar. Y sigue ofreciendo detalles de guión muy jugosos.

En esta escena, Max y "Sully" se ven conducidos a la ceremonia de aceptación de una fraternidad, en la universidad para "asustadores". 








Primer giro y golpe de humor. Primer contraste. La ceremonia se celebra a oscuras. Las voces le dan un tono ominoso, tétrico, ceremonioso (eso, me temo, tendrán que notarlo viendo la película; aquí no puedo reproducirlo)... Y de pronto, se enciende la luz. Y descubrimos que este sótano es el de una casa particular más. Donde viven los de esta peculiar fraternidad, que es la de uno de ellos... y su madre. 

La ceremonia, "seria", se llena de lo mundano. Lo "especial", de lo cotidiano. La señora va a hacer la colada. 

Pero el gag aún tiene posibilidad de desarrollo.

El miembro de la fraternidad intenta continuar con la ceremonia.





Claro que, la escena mantiene en plano estos dos niveles; estos dos extremos del contraste. Delante, el chico que continúa con la iniciación; de fondo, la madre, realizando lo de la colada. Tampoco puede apreciarse bien aquí (donde seguro que se aprecia es en pantalla grande) pero la señora realiza la tarea... bailando, y moviendo todo su orondo cuerpo.





Como se ve en la imagen, el chico intenta enfatizar ese tono "serio" y casi amenazador de las palabras de la iniciación a la fraternidad, incluso en su rostro. Pero de fondo seguimos viendo a su madre, moviéndose, preparando la lavadora, y hasta tarareando.







Al final, se rinde. Es imposible mantener ese tono porque en esa "guerra" de extremos, ha ganado lo cómico. La madre, la colada, su cuerpo y el ritmillo que le imprime... Demasiado absurdo. Demasiado divertido. 

Me parece un buen ejemplo de escena, de guión, en que lo cómico se transmite por un contraste que es además visual. 

sábado, enero 05, 2013

TEKKONKINKREET (MICHAEL ARIAS, 2006): ANÁLISIS


Tekkonkinkreet (Michael Arias, 2006) es cine de animación, donde se cuenta la historia de Blanco y Negro, un par de niños huérfanos que dominan los pequeños delitos en el llamado barrio del tesoro. Blanco se acerca a los once años, si bien su visión de la vida es mucho más infantil. Negro es violento, y se asegura de que ninguna otra banda de chicos penetre en su zona. Los dos, al igual que todo el barrio, contempla cómo el cambio se cierne sobre su pequeño universo. Una banda de yakuzas ha decidido ampliar su área de influencia hasta aquí. Negro no está dispuesto a ceder, aunque el jefe de los yakuzas tiene un socio misterioso, con métodos peculiares, que no piensa detenerse.



Tekkonkinkreet es de esas películas que no pone fácil el puro disfrute. Para una duración relativamente corta (unos cien minutos), hay demasiados acontecimientos, y no menos subtramas. Puede que sea resultado de condensar todo un cómic manga en un formato tan diferente, como es el largometraje. Me topo con que es similar a lo que Slant Magazine  dijo en su día:

"... the movie is a collection of disparate anime parts that never really comes together. Maybe it's because the screenplay was adapted from a manga series, or maybe it's because first-time director Michael Arias wants to say everything in one film, butTekkonkinkreet feels too outsized for its own good."

Ni siquiera los tiempos muertos ayudan a que nos situemos siquiera en un género. El cine negro se mezcla con el fantástico, aunque no siempre conviven con esa facilidad con que se pretende. Sin embargo, sí que cuenta con una cualidad: que va ganando enteros a medida que se repiensa tras el visionado.

Tekkonkinkreet te obliga a que aceptes que en este universo caben tan mal lo imposible como lo explicable. Es verdad que en cuanto vemos cómo se mueven Blanco y Negro, la película ya nos la está advirtiendo. En una escaramuza con otros par de chavales, los dos protagonistas responden literalmente a su nombre de guerra: “gatos”.  Gatos voladores, para ser más concretos. Con todo, cuesta acomodarse al grado de fantasía se va desplegando. Los yakuzas, la lucha por los territorios, la violencia, ese fondo, aunque leve, de retrato de sociedad… Por momentos, nos tienta colocar el film en el género negro.

La escena de la persecución de Blanco y Negro y los chicos que desafían su territorio. 

Pero no. El realismo se rompe por completo cuando entran en liza aquel socio del jefe yakuza, que tiene a su cargo un trío de seres con super poderes. Los chicos, como nosotros, tiran de los conceptos más a mano, y los denominan alienígenas. Aunque esto tampoco es ciencia ficción. En realidad, no se sabe qué son. Que vuelen siquiera parece que afecte a los dos personajes policías. Esto puede dificultarnos la verosimilitud. Esto y que nunca se definan del todo las normas de este universo particular. La propia ocultación de motivos y explicaciones concretas hace que Tekkonkinkreet acabe siendo una película fantástica, pero de ésas que usa este género para no respetar casi ninguna expectativa. De esa otra tradición, menos común en cine, en lo que lo fantástico se introduce en “la realidad” para ponerlo todo patas arriba. Hay sueños cuyo significado nunca se aclaran, y una conexión entre los protagonistas que tampoco es “realista”.

Es posible que todo esto se mitigue en cuanto el film va orientándose en un tema al que es mucho más fácil usar como asidero. Quizá, algunos espectadores al menos se consuelen cuando, entre tanta locura y esa cierta prisa del guión, asoma aquello del viejo concepto “el bien contra el mal”.

La gracia, que encuentro que hace a Tekkonkinkreet bastante original y personal, es que ni siquiera esto se desarrolla de la manera más esperable. Puede que el guión insista un poco demasiado en eso de lo simbólico, hasta hacerlo obvio (llamar a los chicos Blanco y Negro ya era una pista innegable). Puede que el guionista no logre equilibrar la exposición y la profundización de esos dos extremos, en los dos protagonistas.

Sin embargo, cuando ya todo es más imagen que palabras, te das cuenta de que lo de “la luz” y “la oscuridad” tiene más enjundia de lo aparente.

Como digo, el guión enfatiza mucho el rol de Blanco, dejando poco espacio para el de Negro. Claro que, dentro de ese rol ya hay detalles distintos. Blanco es la ingenuidad; pero una fuera de lo que cualquiera de nosotros pudiéramos esperar. Blanco es un niño que no actúa ni dice lo que tal vez pudiéramos oírle a cualquier niño que conozcamos. Está, por supuesto, la posible explicación del salto cultural: los films de animación japoneses suelen tener unas peculiaridades que se salen de nuestra experiencia como occidentales. Pero yo diría que es algo más. Más que al mundo infantil a mí más bien me recordaba a la mismísima locura. A ese tipo de locura que le hace repetir una y otra vez “ser feliz, ser feliz”. 



Pero ahí que tenemos una escena que, sólo con la imagen, nos habla del posible por qué. Blanco observa, callado y pensativo, cómo otros niños participan en la clase de gimnasia de su colegio. Ellos son los niños con padres; los niños con una vida “ordenada”. Blanco no se niega a ver que él y Negro son delincuentes, y, en ocasiones, hacen daño a la gente. En verdad, eso, ya veremos, es algo que le preocupa, y le hace entristecerse. Sin embargo, como buen loco “lógico”, opta por colocarle un manto de ilusión a todo.

Ese mismo manto que define la estética de este barrio del tesoro. Aquí no hay esa atmósfera de cemento y cristal y modernidad, más común en otras películas de animación japonesa. No, éste es más bien un distrito envejecido pero que mantiene pequeñas atracciones para niños, y mucho colorido, y hasta un reloj recargado, excesivo, fantasioso. Es uno de los aspectos visuales más notables de Tekkonkinkreet. Coincido con lo que comenta la reseña del New York Times, 

"Tekkonkinkreet” demands to be seen, if only for its beauty. The generally bright palette and overall soft look work a nice contrast to the dark theme, as if the world itself were on the children’s side."


Al mismo tiempo, ese barniz de fantasía anclada en el pasado es algo a lo que se aferran varios de los adultos de la historia. Tenemos a "Ratón", un experimentado jefe intermedio de la yakuza, que se agarra a la melancolía, y que rechaza ese nuevo encargo de transformar el barrio. Con el jefe de policía comparten una escena cuando menos chocante. Para ambos, la fantasía del pasado, claro, no es tan hermosa como pudiera ser la de Blanco. Para ellos, el antiguo barrio lo representa un local cutre de showgirls.

Igual de extraño es lo que ideara Taiyo Matsumoto para que representara el cambio; el futuro. El proyecto de los “malvados” en el guión no es sino un parque temático, lleno de máquinas de vídejuegos, pero también de atracciones, ahora ya brillantes y no envejecidas. Quizá Matsumoto quería mostrarnos que nada cambia en realidad, aunque el cambio venga precedido, ya sea por la violencia, o por esas máquinas excavadoras que van abriendo paso al parque temático.

De todos modos, a medida que avanza el film, se nos pone difícil dónde agarrarnos para seguirlo. Por una parte, hay elipsis que indican que pasa mucho tiempo (va verano a verano), y eso no ayuda a la verosmilitud. Los dos sicarios restantes que se envían a acabar con los chicos tardan mucho, por ejemplo, en localizar a Negro, ya hacia el final. Por otra, es complicado que nos pongamos del lado de Blanco o de Negro. Blanco, sí, es “la luz” pero como tal es un poco “maníaca”. Negro es un misterio. Le hallamos más insertado en el mundo en el que vive, aunque esa otro tipo de locura, la que le mantiene en su pose guerrera, tampoco le hacen un protagonista sencillo.

Para cuando llega el clímax, uno se cuestiona si no hubiera bastado que el guión contara la historia de estos dos chicos. La subtrama de Kimura, el yakuza que evoluciona hacia una conciencia está un poco fuera de sitio. Y, aunque su escena culmen busca ser intensa y emotiva, algunos de sus diálogos arruinan lo que con menos palabras hubiera funcionado. Como la propia víctima de su asesinato le dice antes de que le mate: “Un consejo: no hables cuando vayas a matar a alguien”.

El clímax también se toma tanto tiempo que hace más innecesario aún que se hayan dado tantas vueltas en torno a cuánto requería Negro a Blanco para no sucumbir a su “mal interior”. Visualmente, eso sí, es impecable. En la serie de televisión de anime Paranoia Agent (Mòsò dairinin, Satoshi Kon, 2004), una psique dañada tomaba una especie de leyenda urbana y la convertía en un monstruo literal y bien palpable en el mundo real. Aquí, sucede algo similar: a los ojos de Negro, el monstruo que le habla de abandonarse a la oscuridad tiene los rasgos de un ser que se rumoreaba que habitaba en el barrio. Éste se difumina, su dibujo se alarga, se contrae, se retuerce, en un efecto bastante inquietante. Pero dura mucho, este clímax. No siempre, no; no es una regla universal. Pero a veces, sí. A veces, menos es más.

Los créditos de Paranoia Agent. Como toda la serie, es de lo más desconcertante. Aquí verán a todos los personajes riéndose. Pero lo que sucede no tiene nada por lo que ninguno de ellos pudiera reírse.
  
Tengo curiosidad acerca del manga. A lo mejor, Satsumoto quizás cuente su historia mejor en su formato original. De Tekkonkinkreet me quedo con que, en sus mejores momentos, ofrece una forma visual interesante de reflexionar sobre si al final la locura de la ingenuidad no es un poco mejor que la de la destrucción. 

domingo, noviembre 04, 2012

FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA: LE MAGASIN DES SUICIDES (PATRICE LECONTE, 2012)


Durante esta edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, una de las secciones ha sido nombrada como “Special Screenings”, cuya intencionalidad pueden leer en ese mismo enlace a la web del festival. Para el común de los mortales, tal vez aparente más bien ese cajón de sastre (habitual en los festivales de cine, por otra parte) donde cabe un poco de todo, ya que hay desde estrenos de cine español que se prometen relevantes (Invasor, de Daniel Calparsoro), películas de terror más bien de serie B (Kill Zombies!), o adaptaciones de clásicos de la literatura (Great Expectations, Mike Newell).

O una película de animación en 3D francesa. Supongo que su inclusión la justifica que la dirige (y participa en su guión) Patrice Leconte, un “autor”, si bien con una carrera que alguna que otra vez ha desafiado esa calificación.

Le magasin des suicides es una propuesta curiosa, incluso desde el punto de vista comercial. Se me escapa del todo el target de audiencia que se tenía en mente cuando se encaminó el proyecto, ya que es demasiado fuerte para un público infantil, y tal vez demasiado sencillo, para uno juvenil. Puede que sólo los adultos logren disfrutarla. De cualquier manera, puede que esta misma indefinición (en este enlace, un recuento de esas potenciales dificultades para la comercialización) se traslade a toda la película.


Le magasin des suicides se emplaza en una ciudad no identificada pero con el suficiente gris para que resulte cualquier geografía moderna occidental. Allí, los ciudadanos se están suicidando a un ritmo tan alto que la paloma que nos sirve de guía al comienzo ha de esquivar los varios cuerpos que se tiran desde las ventanas de los edificios más altos. En este contexto, un negocio vive boyante: la tienda con el título del film, donde la familia Tuvache surte a sus clientes con toda clase de parafernalia que ayude al suicidio privado. Y es que en la vía pública está prohibido. Puede que la falta de concreción sea intencionada y afín a un posible tono de cuento. Claro que la depresión colectiva, en estos momentos, en muchos países a causa de la crisis económica hace que la película se asuma en términos más realistas de lo planificado.

Si a este punto de partida, se le añade que la película de Patrice Leconte es un musical, es muy tentadora la comparación con Tim Burton. Sin embargo, en cierto modo, Le magasin des suicides va en sentido opuesto. En este caso, la “normalidad” es la “anormalidad”. Los dos hijos mayores del matrimonio Tuvache son tan "oscuros" y están tan a gusto con la cercanía de la muerte que incluso espían los momentos en que los clientes de la tienda cumplen su propósito. Y el primer número musical (uno de los mejores; genial, esa pared llena de retratos de sus antiguos clientes), chocantemente coherente, es una celebración del suicidio. Por eso, el “héroe” de la función es lo contrario que, pongamos, un Eduardo Manostijeras, como protagonista modelo de Tim Burton: Alan nace sonriendo. Feliz. Y crecerá de la misma forma. Silba. Ríe. Sonríe.

Un horror y una decepción para toda su familia.

La canción de los Tuvache; la mejor canción, probablemente.

Así, la fuente de humor en el guión es ese contraste entre lo que el espectador medio encontraría aceptable (que un chaval sea más o menos feliz, tenga ilusiones, sea inocente) y el efecto de ello en sus hermanos y sus padres. Alan rompe la norma, sí, pero esa norma se aleja de nuestros presupuestos (aunque, de acuerdo, estos son bastante convencionales: un día merecería reflexionar, más allá del cine de terror, por qué los niños no se retratan como entidades un tanto más complejas, más malvadas, más problematicas).

Esto funciona durante buena parte del metraje, también porque se apoya en dos ventajas: una, que Leconte y su guión le da ocasión a los padres de matizarse frente al conflicto, y otra, que ese aspecto cruel (relativo, claro) que parece el tono de Le magasin des suicides da momentos más arriesgados que la media, teniendo en cuenta el formato de animación.

De lo primero, cabe destacarse que el personaje mejor perfilado es el de Mishima, el padre (cuyo nombre tal vez se inspire en cuán admira el método de suicidio del seppuku, mediante el cual el escritor japonés de mismo apellido cometió su suicidio). Es cierto que también a la madre, Lucrece, se le dota de una canción que expone que no todo es celebración. En ella, se dan algunas imágenes llamativas (Lucrece dentro de una bañera de sangre) que apuntan a que al fin y al cabo, ayudar a la gente a morirse es bastante deprimente. Pero, como apunte de motivaciones o exploración del personaje, se antoja un tanto contradictorio con esa sonrisa y satisfacción con que atiende a los clientes.

En cambio, Mishima lo encuentra todo deprimente, sí, pero es durante el guión cuando se le antepone un choque que le da su giro particular. Cuando visita a uno de sus clientes para entregarle el veneno correspondiente, observa por primera vez (suponemos) el resultado de su trabajo. Y, además, contempla con tristeza el rostro que fuera feliz, en su juventud, del anciano suicidado, en un retrato. A partir de ahí, su ánimo cae en picado. Uno de los únicos momentos donde tal vez adquiera utilidad el 3D (aunque no he visto suficientes películas para juzgarlo bien del todo) es ese momento en que acude al psicoanalista, y la psique de Mishima se disecciona mediante unos tests de Rorchach.

En cuanto a esos apuntes de crueldad a juego con el tono, baste ese momento en que Mishima, harto ya de la alegría de Alan, fantasea con asesinarle… para luego, decidirse a ofrecerle un cigarrillo para que la muerte le llegue de alguna manera.

Mishima, en la tienda de los suicidas. Se percibe que el señor Adams pudiera ser la fuente de inspiración para su diseño.

Si todo esto da una impresión de una animación cruda, no se despisten. La banda sonora de Ettienne Porruchon adhiere un buen contraste, en esa dirección de tono de cuento, y Le magasin des suicides incluye al menos un momento bello, dentro de toda esa extrañeza. La pandilla de amigos de Alan espía cómo su hermana, Marilyn, responde al regalo de éste (un cd con música oriental y un pañuelo) embriagándose en un baile que celebra su cuerpo. La escena incluye un poso de inocencia (Alan dice, sonriendo, y soñador, “¿A que es guapa, mi hermana?”), aunque, al tiempo, lo que sucede es innegable: el hermano menor espiando el descubrir de la sexualidad de Marilyn. Tal vez sea cuando Patrice Leconte logre el mejor equilibrio de extremos (situación “surreal” y/o adulta más tono de cuento). 

Hacia el final, ya no es tan obvio si el guión ha logrado lo que se proponía. O más bien, si queda claro qué es lo que se proponía.

La evolución de la madre y los hermanos a aceptar esa alegría que ofertaba Alan es un tanto precipitada, y se acerca mucho al tópico que Marilyn, cuyo proceso sí ha sido más expuesto, acabe firmando por “la vida” sólo porque se enamora.

Puede que todo se justifique por ese clima surreal que posee la historia (es, de alguna manera, un mundo al revés) y se me ocurre que Francia tiene bastante antecedentes en cuanto a este tipo de relatos (otra historia absurda donde el amor es relevante es La espuma de los días de Boris Vian;, no es más que una referencia, no un posible modelo) Sin embargo, esto explicaría esa necesidad de no juzgarlo todo con la lupa del realismo, pero no la escena, y canción final. Como bien se dice aquí, detenta un mensaje un tanto simplista, forzado, y, a tenor de la mayor parte del tono del film, bastante inesperado. De nuevo, cuando creíamos haber determinado a quién iba dirigida la película de Patrice Leconte, volvemos a equivocarnos: es imposible que lo del "mejor estar vivos que estar muertos" apele a ningún adulto.

En todo caso, como rareza, y como muestra de que la animación europea, en estética y temas, no tiene por qué seguir los modelos de Estados Unidos, Le magasin des suicides es muy válida e incluso algo gamberra. Ahora bien, quizá convendría que sí miráramos al otro lado del Atlántico, para aprender que hay modos menos obvios de transmitir mensajes. Si nos molesta lo que durante años hiciera Disney, siempre podemos acudir a Pixar, que, además de por muchas otras cosas, también en esto de suministrar ideas mediante historias, es buque insignia de la animación.

lunes, septiembre 03, 2012

NUEVA SELECCIÓN PARA CORTOMETRAJE RÍO ARRIBA (2011): PORTOBELLO FILM FESTIVAL

Nuestro cortometraje de animación Río arriba se va esta vez a Londres, al Portobello Film Festival. La verdad es que esta historia, a medias entre lo policíaco y lo fantástico (y no anticipo más por si aún no lo han visto) que ideó mi hermano Jorge M. Rodrigo, y en donde ambos trabajamos en su guión, nos está dando muchas alegrías. En particular, porque, y perdonen si insisto en este detalle, no tiene ninguna productora detrás. Es decir, nos lo guisamos nosotros mismos (aunque el trabajo duro fue realizar toda esa animación, que fue cosa de mi hermano solo). 



Ignoro si de verdad éste es el camino para salir adelante en estos tiempos en que el audiovisual español, con razones bastante rotundas, se está quedando en los huesos. Muchos lo están siguiendo, sin duda, porque, abra o no puertas, cree o no eso (tan difícil de definir aún) de la "marca personal", a muchos nos sigue apeteciendo (incluso diría que lo necesitamos) crear historias, y lanzarlas allá fuera, al mundo. Es decir, aparte de si tiene razón "racional" o "profesional" de ser, seguir escribiendo y dirigiendo cine tal vez sea algo que nos corra por la sangre. 


El hecho es que Río arriba estará en el Portobello Film Festival el próximo día 7 de septiembre, en una sección denominada Spanish Films, donde se mostrará una selección de cortometrajes de nuestro país. 

Si están por esas fechas en Londres, acérquense, porque, además, este festival que se considera el mayor en cuanto a producciones independientes en el Reino Unido ofrece una programación bastante completa. 

Seguiremos informando.