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lunes, enero 20, 2014

GUIONECES: CONFLICTOS SERIOS Y UNA VUELTA A UN CLICHÉ. LLUVIA DE ALBÓNDIGAS 2 (CODY CAMERON, KRIS PEARN, 2013)


Lluvia de albóndigas (Cloudy with a chance of meatballs, Cody Cameron, Kris Pearn, 2013) prueba de nuevo que el nivel de la animación de la industria estadounidense se supera año a año. Quizá Pixar tenga ya ganado el Olimpo, pero en más de una ocasión empieza a verse cómo la misma Disney, y, como es este caso, otros estudios como Sony, quizá les estén adelantando en más de un aspecto.

La película es una maravilla en especial por la capacidad para el "sense of wonder" y por su inventiva visual. Pero tampoco faltan detalles de guión. Como en esta escena. 

La elijo porque también resume bien cómo el nivel de complejidad o, si se quiere, de gravedad, de los conflictos en películas que se suponen para niños está creciendo mucho. 

En la escena, el protagonista, Flint Lockwood, lidera la expedición en pos de la que fue su invención en la primera Lluvia de albóndigas: el FLDSMDFR, siglas de una máquina que convertía agua en comida. La máquina sólo aparentaba estar destruida, pero ahora han descubierto que está creando todo un ecosistema donde la comida ha cobrado vida.

En el guión, el FLDSMDFR sirve de Macguffin. O, siguiendo el esquema de los cuentos de hadas, el objeto mágico. Ése tras el que se embarca el héroe.

Claro que, en esta ocasión, al héroe le acompaña el propio villano de la función. Chester V. considera que todos estos "animales" son un peligro en potencia. Por eso, convence a Flint para acudir aquí, a la isla donde estas nuevas especies han surgido. Y para que apague su máquina. 







Primer giro de la escena. Sam, la novia de Flint, lleva desde hace tiempo cuestionándose el discurso del villano. Pero en la escena anterior, ya ha concluido que estas criaturas son todo, menos "monstruos". Y así se lo plantea a Flint. 

Y no es conflicto pequeño, no. Con sutileza, eso sí, al cabo lo que se le plantea al protagonista es nada menos que, si continúa con el plan, tal vez esté asesinando animales. 









Como decía, no es precisamente una cuestión simple, ni "infantil". Pero los guionistas son inteligentes. Saben que para que exista de veras conflicto, algo debe contraponerse que tenga igual valor moral; que sea un contrapeso para que no sea una decisión sencilla. 

En este caso, Chester, como buen villano, es astuto. Primero, tiene convencido a Flint de que esas criaturas se preparan para una especie de invasión del mundo humano. Segundo, Chester es el idolo de la infancia de Flint. Su palabra tiene peso. 

Por eso, en la escena (que he acortado; hay más detalles en su Segundo Acto), en su Segundo Giro, Flint toma una decisión.





El héroe que confunde su misión; ése es Flint. Pero Sam le da la vuelta al conflicto. Bien, tal vez no le convenza su argumento, pero ¿no le vale con que sea un argumento suyo, de su novia, de sus amigos?









Ah, la importancia de los objetos. Los objetos como metáforas visuales. Este dibujo es el plan que tenían Flint, Sam y sus amigos para su futuro: su propio laboratorio. Introducido en el guión en las primeras escenas. Y usado ahora, tirado en el suelo, hundiéndose en este jarabe, representa todavía mejor el resultado de esa decisión.  Flint ha elegido a Chester por delante de sus amigos.

Con algún que otro gag (que, insisto, no puedo incluir, porque son varios),  el guión no se olvida de aliviar un tanto lo grave del asunto; el matiz dramático de esta escena. Pero, aquí, hacia el final, se requería uno más.

Y los guionistas optan por darle una vuelta a un viejo cliché: el del personaje que se aleja y "abandona" a otro, mientras este último le grita que regrese.




Y la realización colabora bien a la broma. Porque hay un pequeño travelling que se va alejando de Flint, dando a entender que efectivamente Sam se aleja, cuando en realidad...



... cuando en realidad, Sam apenas se ha movido unos centímetros, a causa de esa melaza expandida por todo el suelo de la localización. Flint, en cambio, como si hubiera de ser fiel al cliché, continúa gritando y gritando, como si Sam estuviera alejándose a paso rápido. Y acaba con un "Saaaaaaam", absolutamente exagerado.

Y es sólo un ejemplo de los valores de su guión. Es verdad que se abusa demasiado de los juegos de palabras (intraducibles, por cierto; me pregunto cómo lo habrá hecho el doblaje español) como "running gag". Pero en general no es nada simplista, su villano es bastante peligroso (intenta asesinar a Flint, de hecho), y es improbable que haya habido un film con más creatividad visual este pasado año (aunque no he visto la de Miyazaki). 

Además, nos recuerda que el cine de animación actual ofrece mensajes más complejos. En este caso, entre otros, una advertencia que ya nos hacía "Up": cuidado con nuestros ídolos, porque quizá no sean lo que parezcan.



martes, enero 14, 2014

SEIS ESCENAS; SEIS SERIES DEL 2013 (III) JUSTIFIED (FX)


Justified (FX, 2010-). 04x09. The Hatchet Tour.

Justified posee varios valores que la señalan como bastante menos convencional de lo que quizá algunos quieran ver. 

Primero, la sostiene un protagonista que parece sacado de un western, pero que, al cabo, tiene poco de aquellos viejos vaqueros. De ahí, lo complicado que es darle a Justified un género demasiado específico.

Raylan Givens no es del todo el opuesto al arquetipo de “tipo duro”, pero si la serie de FX ha hecho algo de forma muy inteligente es darle una buena vuelta. Raylan (y casi todos los personajes) hablan demasiado para que esto nos recuerde, bien a los solitarios y casi telegráficos héroes del western clásico, o a los casos de género más reciente, sobre todo, aquellos del canon generado por Clint Eastwood (bien los dirigidos por él, bien los interpretados a las órdenes de Sergio Leone, con bastantes similitudes, por cierto). Si tenemos que perseguir referencias, hay que irse a películas y personajes muy concretos; pongamos, por caso, los diálogos irónicos entre James Stewart y Richard Widmark, en Dos cabalgan juntos  (Two Rode Together, John Ford, 1961).


Y de ahí, la otra maravillosa aportación de Justified: los diálogos. Ya advierto de que es inútil ver esta serie en versión doblada; es uno de esas series que mejor prueban cómo el doblaje es una falsificación. Que sean diálogos inteligentes, divertidos, creativos (su mayor competidora en series tal vez fuera The Good Wife) no quiere decir que sean irrealistas. Al contrario. Ya que este western noir (le cojo prestado al término al blog de Miss Macguffin) se sitúa en las antípodas del minimalismo verbal, todo suena, y nunca mejor dicho, muy real. Lo que no son, desde luego, son costumbristas, como pareciera que tendemos a confundir en España. Y la inteligencia es, de paso, un rasgo que bien califica a Raylan y lo distingue del habitual "kick-ass", de ese cliché casi ya del "tipo duro" que, diablos, pese a todo se empeña en subsistir. Si no vean los extremos patéticos del protagonista masculino de Banshee (Cinemax, 2013-).

Justified se mueve entre delincuentes de poca monta más bien estúpidos y delincuentes de altos vuelos que se embrollan en situaciones bastante surrealistas. Una receta que, con dinero y armas de por medio, acaba, claro, en una violencia que, no por absurda, es menos cruel. Digamos que si el universo del Cormac McCarthy de, pongamos, No es país para viejos es esa especie de pesimismo con visos de aspiración filosófica, Justified (que no por casualidad tiene a otro escritor detrás, Elmore Leonard) se pliega más a ras de suelo, y no niega que lo criminal es, o puede ser, ridículo y hasta cómico.

Y aquí que tenemos la tercera, y quizá más relevante, baza de la serie. El movimiento oscilante y suave de tono, entre el humor y lo dramático. Porque aquí se trata un tema que en verdad es más propio del drama: la herencia. En un distrito como el de Harlan County, otro algo del género western sí que se queda: el peso de un pasado, como deuda de sangre, como conflictos que corren por las venas de familias y generaciones. 

Como se ve, asunto serio. Asunto serio que apenas entrevemos. Que está ahí, respirando bajo todo, pero que los propios personajes apenas asumen mientras bromean, lanzan sus puyas, algún que otro "one-liner". Hasta que las tramas, claro, hacen que se den con ello de bruces.

La cuarta temporada de Justified ofrece una apuesta por la coherencia con ese núcleo temático, y eso ya es mucho después de tantos capítulos. La escena es más bien calmada, donde se disfruta bien ese tono de esos diálogos realistas, cercanos, pero donde, de pronto, se cruzan algunas verdades de peso. Y en ella, el guión da espacio a cuestiones de trama (preguntas que nos hacemos los espectadores, a estas alturas) pero también de personajes, y hasta da ocasión a hablarse del tema de la serie.

En este capítulo 04x09 Raylan traslada a Hunter Mosley. No debía hacerlo él, pero se salta las normas. Quiere respuestas. Mosley es el único que conoce la identidad de Drew Thompson que sirve de McGuffin durante toda la temporada. Raylan también viaja con el sheriff del condado, Shelby. Con él, comenta lo que tiene sorprendido. Y perdido. 

Mosley ha llegado nada menos que a matar al otro hombre que conocía a Thompson: Arlo Givens, el padre de Raylan. Y en estos límites extraños y contradictorios se mueve y mucho Justified. Givens debería estar furioso con Mosley por ese asesinato. Sí, es cierto; Raylan y Arlo no es que se apreciaran demasiado. Pero aun así. Sin embargo, a Raylan le importa tanto localizar a Thompson que le ha ofrecido un trato a Mosley: protegerlo. Mosley no ha cedido. Y Raylan intenta encontrarle sentido: si no ha sido la mafia de Dixie la que ha encargado el asesinato, ¿entonces...?




Mosley interviene e interrumpe esa conversación entre Raylan y Shelby (con una risa que, aquí, en los fotogramas no se aprecia). Raylan está incluso considerando que quien encargó la muerte de Arlo pudo ser Boyd Crowder. Mosley casi se burla: ¿cómo se le ocurre? Los Crowder y él tienen desde hace años una de esas “bloodfeud”.













Exacto. Rayland ya lo sospechaba. Pero ahora, Mosley se lo confirma. No puede ser un encargo de Crowder. Matar a Arlo, proteger a Thompson... No, algo no encaja. Tampoco para el espectador. ¿Qué oculta Mosley? ¿Quién le ha encargado el asesinato de Arlo?

Hasta aquí, trama, sobre todo. 

Pero Mosley hace que la conversación gire hacia otro lado. Hacia ese pasado que Rayland no conoce con todo detalle. Ése lleno de "deudas de sangre" entre familias. Y le aporta (él y Shelby) a Rayland datos que complementan una visión sobre Arlo, sobre su padre recién fallecido. Claro que todo continúa en ese tono de conversación con cierto humor. Por unos momentos. Porque aquella anécdota, sí, comenzó con una disputa entre dos familias porque el perro de una hacía sus necesidades en el porche de la otra. Pero hubo mucho más.





















Esto, recordarle a Raylan lo de su padre (en una visión de él como hombre que defendió "el honor" de su madre), también es un fantástico modo poner en el guión lo que se intuye durante todo el capítulo. Y lo que nos preguntamos los espectadores. ¿Cómo es que Raylan es capaz de olvidar que Mosley ha asesinado a Arlo? ¿Tanto desea encontrar a Thompson? ¿Por qué? Aquí, cuestiones, pues, de personaje. Sobre esa compleja y contradictoria reacción ante la muerte de su padre.

Y el guionista no nos da la respuesta. O no en tantas palabras. Mosley comenta ahora que lo que hizo la madre de Raylan, poner fin a aquel conflicto, buscando un compromiso, es algo que él no podría hacer. 








Fíjese el modo en que Raylan escucha esta parte del diálogo. Porque como espectadores no podemos sino preguntarnos si justo él no está tomando esa misma vía. Porque, y más de una vez otro personaje se lo preguntará, nadie sabe muy bien por qué diablos Raylan se toma tan en serio encontrar a Thompson. 

Como decía, el guionista no nos da la respuesta del todo. Pero sí, en parte. Es lo que sobrevuela toda esta última parte de la temporada: ¿no será que, pese a él mismo, Raylan se obsesiona con cosas que poco tienen que ver con su placa, y sí con un sentido de la justicia peculiar que habla de la influencia de Arlo en su carácter? Una influencia  que, por cierto, es su peor pesadilla. Y que niega una y otra vez.







Y con esto el guión de la escena plantea, aún, un aspecto añadido, complementario: el tema. Toda la temporada pivota sobre ello. Todos los principales (y algunos secundarios, como el propio Shelby) habrán de afrontar esa cuestión: quiénes son de veras. Y si las decisiones que las circunstancias (la trama) les pone en las manos no estarán haciendo que se dirijan precisamente hacia donde se supone que no desean ir.

El propio Raylan se enfrentará a ello. Y hará que este protagonista, irónico, agudo, vaya ganando un matiz dramático (y hasta trágico) porque quizá (habrá que comprobarlo en la quinta temporada) empieza a aceptar, lo quiera o no, que es un Givens. Que es más hijo de su padre de lo que siempre ha considerado. 

Como cuenta bien la propia Miss MacGuffin en su blog, en ese post antes indicado, recomendar Justified al público español parece una guerra perdida. A lo que yo repongo que ustedes sabrán: quizá en unos años tendrán que verla, como una referencia fundamental del género negro en televisión.