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viernes, noviembre 02, 2012

PALABRAS DESCUBIERTAS O REDESCUBIERTAS: "HIBISCO"


Hibisco:

  1. m. Planta de la familia de las Malváceas, muy apreciada por su valor ornamental y por sus grandes flores, generalmente rojas, aunque existen numerosas variedades de diversos colores. Se cultiva en los países cálidos.




"Y ellos, todos ellos, estaban ahora perdidos en el país de las imágenes y se habían convertido ellos mismos en imagen, sustancia de medusa paralizada en la sorpresa de la hermosura, polvo del espejo raspado por la uña de la turquesa, aparición rutilante del dragón en el fondo de la taza de porcelana, esqueleto de azúcar cubierto de plumas de océn, sueño animista apresado en la conjuración de los hibiscos y el predicamento de la nube sonriente."


"Los piratas de los siete colores". Andrés Ibáñez. "El perfume del cardamomo". Cuentos chinos. Impedimenta, 2008.




miércoles, agosto 22, 2012

MIL CRETINOS, QUIM MONZÓ. ANÁLISIS


"No sabe por qué le abronca, pero conserva la retórica, los gritos, los insultos. De hecho, ¿no ha sido siempre así? antes, ¿no eran igual de delirantes, de dementes, sus broncas? La diferencia es que ahora sólo subsiste la carcasa de la indignación y el odio, y no sabe llenarla. Le fallan las neuronas. Antes lo abroncaba y la agilidad mental hacía que se aferrase a cualquier idea, cualquier excusa con la que llenar la carcasa, y la situación acababa en una pelea con todas las de la ley, pero en el fondo tan sin sentido como esta de ahora. Ahora, el motivo de que tan pocas cosas de las que dicen tengan sentido es -dicen- la demencia, pero antes (hace diez, veinte, treinta o cuarenta años) eran igualmente producto de la demencia, aunque no se la pudiera considerar senil"

La llegada de la primavera. Quim Monzó. Mil cretinos. Anagrama compactos, 2010.

Al ser mi primer acercamiento a los relatos de Quim Monzó (lo sé, pueden excomulgarme desde ya), me falta perspectiva para saber si Mil cretinos es una obra mejor o peor en lo relativo a su nivel habitual. Por lo que leo por Internet, hay quien cree que la primera parte en la que están divididos estos relatos es más válida, si bien más tradicional, y quien cree que es su segunda, con relatos más concentrados, más fugaces, por decirlo de alguna manera, donde está la aportación más importante de Monzó en cuanto a esto de la literatura en corto.

En mi caso, estaría más de acuerdo con esta reseña de aquí.

Es decir, me quedo con la primera parte. Hay dos relatos estupendos (Sábado y La llegada de la primavera) y uno bueno (El Señor Beneset), y el resto también ofrecen elementos de interés.


En esta primera parte, justo estos tres (y Dos sueños) comparten tema, mientras que el resto contienen técnicas o estilos similares, pero con intenciones dispares. El señor Beneset y La llegada de la primavera si están muy ligados. Si esa temática referida es la muerte, la pérdida, ambos relatos casi se ofrecen como variaciones en torno al mismo punto de partida. En los dos, los protagonistas son ancianos que viven (es un decir) en residencias para la tercera edad. En los dos, no son protagonistas, pero sí son fundamentales, los hijos. Son testigos a los que el autor sólo nos permite un acceso limitado (sobre qué piensan o sienten), de forma que se hacen seres distantes.

"Pero (el hijo) no dice nada porque calcula que, si lo hiciera, y (por esas cosas de la vida) su padre decidiese volver a utilizarlo, será él el encargado de buscar pilas nuevas, de enseñarle otra vez a colocárselo [...]"

Con este y una segunda alusión, en El señor Benasent ya queda definida esa indolencia del hijo. Es parte de lo interesante de Monzó (al menos en Mil cretinos): esa sencillez de estilo hace que muchos detalles sean tan escasos como relevantes. 

Por si alguien temiera (o quién sabe, esperara) que estos dos relatos resulten una especie de crítica social acerca del abandono de los ancianos, mejor vayan preparados. Monzó le añade otra propiedad presente en esta colección: el absurdo. Podríamos pensar que esto del absurdo aporta humor, humor negro (que, según leo, es una de las expresiones "comodín" con la que definen al escritor catalán) aunque yo diría más que depende del caso. Si en La alabanza, la situación que se va complicando (esquema también presente en El amor es eterno) incluye ese elemento de repetición (el escritor que empieza insistiendo en que el escritor veterano quede con él para charlar) que tanto funciona como origen de absurdo, en Sábado, la repetición (en este caso, de acciones comunes; una mujer que se va deshaciendo de recuerdos del marido muerto) poco a poco, va desvelando un conflicto en la protagonista. Pero, al tiempo, esa misma repetición, deriva justamente en lo delirante, en eso que procede de la "lógica" de estas acciones, llevados al extremo. Sin que desvele yo nada, diré que Sábado se va convirtiendo en una historia muy fiel a aquello del círculo vicioso, hasta el punto que el desenlace es "fantástico".

Por supuesto, esta colección es "realista", para entendernos. Pero lo atractivo es que Monzó cuela en estas situaciones comunes, incluso conocidas, un matiz de extrañeza, por cierto común al género fantástico (en su sentido más amplio, me refiero), y precisamente a partir de esto de la repetición y/o el absurdo. Como digo, cuando quiere, esto puede desplazarse al puro humor y hasta cierto sentido crítico (la estupidez "bondadosa" del protagonista de El amor es eterno, o la situación de La alabanza), pero también sirve para darle una atmósfera muy particular, y un sentido más dramático, como pasa en El señor Bonasent y, sobre todo, en La llegada de la primavera. Y todo, con un estilo sencillo, a ratos escueto, y, a veces, hasta jugando con ser pura (y distantemente) "informativo". 

Esto hace, por ejemplo, que La llegada de la primavera no sea melodramático, pese a que lo que cuente sea bastante terrible. Si a esto se le suma que Monzó (también cuando usa narradores en tercera persona, mediante el estilo indirecto o mediante diálogos realistas) da acceso al lenguaje común de los personajes, ya tenemos ese equilibrio (o tensión, según se mire) entre lo absurdo y lo "realista". Nadie se extraña de que el anciano Benasent se pasee vestido de mujer, y nada se explica sobre por qué lo hace (no busquen explicaciones "obvias") y es lo más natural del mundo que los padres de La llegada de la primavera charlen de suicidarse, con su hijo. Todo ello, y algún que otro detalle más, hacen que Monzó parezca renegar de la rotundidad o la "trascendencia", pero no de la gravedad de lo que cuenta, cuando lo que cuenta es grave. Por ejemplo, Dos Sueños (que aparezcan sueños es curioso y se codea, de nuevo, con lo fantástico) tiene ese tono (facilitado por un narrador/personaje) cercano y, sin embargo, deja entrever ese mismo tema de otros relatos: la muerte. La pérdida. Y cómo, lo cuente o no así, lo deje ver o no (el cáncer que mató a sus dos amigos aparece de forma leve, casi esquinado, y sin ser comentado), este personaje, le afecta.


Destaco una característica de Mil cretinos, porque no es común. El lenguaje elegido para los narradores de aquellas historias donde se usa la primera persona como técnica se adecua a la verosimilitud de personajes que son "gente común". En otras palabras, Monzó se piensa bien cuándo un relato interesa que tenga este tipo de narrador, y cuándo no, y entonces, utiliza el narrador "externo". Ninguno de estos tres relatos que destaco serían posibles con narradores/personajes. Esto, que parecería obvio, que redunda y colabora a la verosimilitud, no es algo que yo haya encontrado en tantos relatistas. Como ya he indicado en otros posts, hay algunos autores que descuidan esto (o que lo hacen de forma intencionada, supongo que con objetivos concretos que desconozco), de modo que, al cabo, todos los relatos narrados así parecen sucederle a la misma persona, al parecerse su estilo/voz.

Como excepción, y sólo quizá, estaría el narrador de Miro por la ventana, aunque, también quizá, podríamos pensar que este personaje se acerca al propio autor. En todo caso, aquí también aparece ese lógica de una acción repetida (en este caso, mejor diríamos "constante") que explota, en este relato concreto, tanto en lo humorístico, como a algo más "serio". En verdad, Miro por la ventana es el retrato de un personaje, uno y su conflicto, uno y su manía, empeñado (de manera absurda) o condenado (de forma trágica) a no saber disfrutar del presente, pese a que se esfuerce con este experimento de "concentración". La mente se le va en prever, anticipar, hasta... ¿lo adivinan? Hasta el absurdo.

"Es muy cierto que algún otro día -u hoy mismo, quizás, volveré a mirar por la ventana, pero posiblemente nunca en la vida volveré a dedicarme a ello con la fe de ahora. Al menos, con la sorpresa de descubrir una posibilidad inesperada en esta vida tan conocida. Hala, dice Mónica, luego te llamo; y cuelga".

Esta última frase se debe a que en este momento de la narración, el protagonista está contándole parte de sus reflexiones a una amiga que le llama. Pero no parece casual que Monzó finalice un momento reflexivo, peligrosamente cercano a lo trascendente, con esta "vuelta a la realidad", que también trae un poco de comicidad.

La segunda parte, en realidad, no se distingue tanto de la primera (por tanto, disiento sobre eso de que son dos partes "totalmente diferenciadas"), en cuanto a que posee esta misma mezcla (es decir, un estilo), aunque, algunos parecen más bien bromas (algunas no tan originales, como El corte), y sólo Shiatsu resulta conseguido en esa inclusión de una situación cotidiana que se vuelve extraña (y en este caso hasta cruel).

Tras esta lectura, habrá que profundizar más en los relatos de Quim Monzó. Otros, que sepan más de su trayectoria, podrán decirme, en los comentarios, si su técnica, o su estilo, se asemeja a esto que yo he visto en esta colección. Me entero de que, además, tiene su adaptación cinematográfica. Habrá que ver cómo ha adaptado los relatos Ventura Pons. Aunque el trailer prometería más llevárselo a esa especie de máxima que identifica a Monzó sólo con humor. 

domingo, abril 22, 2012

FRAGMENTOS INTERESANTES (Y UN ANÁLISIS): UN INCENDIO INVISIBLE, SARA MESA

A veces cae en tus manos un libro que no tenías en tu lista, y que se te sorprende. La novela de Sara Mesa Un incendio invisible, es verdad, tiene en su haber el Premio Málaga de Novela del 2011, aunque, tal como están los premios literarios, no es que eso anime o asegure mucho.

Pero Sara Mesa ofrece méritos suficientes. En primer lugar, y como se enfatiza en El Síndrome Chejov, por una atmósfera muy conseguida, que indicaría a la autora como muy capaz para imaginerías fantásticas o hasta de ciencia ficción. De hecho, esa ciudad retratada, Vado, abandonada, es un paisaje como se dice en este otro blog, bien cerca del carácter distópico tan dado en el género.


Sin embargo, Vado no se decide por anclarse demasiado en géneros o respuestas obvias. Igual es una metáfora muy indicada y con resonancias en imágenes que vemos en muchos reportajes televisivos (sobre los paisajes derribados del final de la burbuja inmobiliaria) que es un espacio decadente aquejado de sin razones (pese a que el secundario Benmoussa responde con una obsesiva búsqueda de razones más bien conspirativas).  Por cierto, que el personaje de Benmoussa responde un poco a ese ser racional muy presente en el género fantástico o hasta de terror que repone a todo con respuestas basadas en la ciencia cuando afronta el vacío. Como se dice (en la p.105) "Vado podría ser un ejemplo para todo". Nadie sabe, ni se explica, ni se pretende, por qué siguen funcionando ciertos negocios. Nadie sabe, ni importa, porque aún funciona el geriátrico donde va a dar el protagonista, como nuevo gestor. La invisibilidad de las causas puede que aluda al propio título del libro. 

"¿Cómo van a explicar que dejaron aquí a sus viejos, a sus perros, incluso a sus hijos, abandonados a su suerte? No hay mejor explicación que el silencio (p. 105)."

Lo mejor es sin duda ese equilibro conseguido donde la novela incluye esos elementos extraños y casi del fantástico (o, como decíamos, cierta ciencia ficción) que desembocan en una abstracción, sin que, a la vez, se abandone el realismo.

Y junto a este paisaje derrumbado, su paralelo en el protagonista, Tejada. Un tipo que acude a Vado a hacerse cargo del geriátrico, si bien, en verdad, acude a abandonarse, como la ciudad. No es baladí el detalle de que le alcance un eccema a su propio cuerpo o cómo acaba en cama, herido hasta dos veces. La decadencia es contagiosa. Al tiempo, resulta esclarecedor un personaje que se imbuya en una misión, se lo diga, se lo insista, se lo recuerde... para luego hacer más bien lo contrario. Igualmente interesante es cómo el acontecimiento en su pasado se siembra y se revela con una dosificación de la información que recuerda a los (buenos) guiones.

Tejada se empeña en una soledad y una distancia que, al cabo, rehuye, y de nada parece servirle cómo se aferra a líneas y versos de su poeta favorito (Wallace Stevens). Algunos de los mejores momentos de la novela son los que muestran su relación con la niña, como el del final de la página 168 y principio de la 169. Otra prueba, por cierto, cómo la busca y la necesita, de que esa pretensión de retiro del mundo es una impostura. Y un principio de cambio que detectamos como lectores, y en el que depositamos nuestra confianza... para luego verse frustrada nuestra expectativa. Porque Tejada no sabe en verdad qué quiere. En todo caso, lo que desearía es escaparse de la pobredumbre... cuando ha viajado precisamente al centro de ella, en Vado. 

Para quitarle gravedad a la filosofía de Tejada (que, como decíamos, es más pretendida que real) y, así, restándole el posible coqueteo con tintes existencialistas, también hay hueco para el humor. Tejada es consciente de que el discurso (en ocasiones, literalmente) de mesianismo le sirve para dibujarse como quien no es. Y ello igual causa que haya quienes en el geriátrico de veras lo crean un salvador, como ese viejo que insiste en llamarle Majada (juego de palabras que apunta a la majadería de todo ello) igual que origina que sea más bien ridículo todo él. Puede que él se quiera profundo en su dolor, pero el hecho de que no conozcamos del todo su razón y ese propio deambular en acciones incoherentes con su pensamiento lo hacen más absurdo que, ya decíamos, existencialista. "El tiempo no es circular ni leches parecidas. Aquí hay que avanzar, se dijo, ir hacia adelante. (p. 99)". Todo, a la vez, que Tejada se propone venir a Vado... "Para nada -repitió en voz alta, PARA NADA (P.77)"

Además, en verdad apenas engaña a nadie. Ariché no le respeta, ni hace por entenderle. También en otros secundarios hay un trecho entre cómo lo ven ellos, y cómo se ve a sí mismo. Y, para darle un giro aún más extraño, incluso sus movimientos más leves al final sí producen cambios, como esas sesiones de ejercicio que llega al geriátrico, también bastante humorístico.


Lo paradójico y lo absurdo, y hasta cierto feísmo se extienden a este resto de personajes, en particular en la dueña del hotel donde primero se instala Tejada, o la "loca" Clueca, cuyo pasado tal vez se expone con demasiado detalle. Es posible que ese momento de revelación de información conjugue esos aspectos mezclados de emoción, patetismo y absurdo (p.109), aunque no era necesario que la enfermera Ariché luego nos deletree más información al respecto (en la p. 156). 

En el lado de los desequilibrios, señalaremos que los diálogos en ocasiones viran hacia la inclusión de peligrosos (para la verosimilitud) elementos un tanto literarios. Es el caso de Tejada, y su propio deseo de quedar como máscara rimbombante, lo cierto es que se justifica. En otros casos, no tanto, como:

"¡Pero no! ¡Debería hablar antes con el personal! Los viejos pueden esperar; ellos apenas se dan cuenta de nada. Pero todos nosotros nos sentimos maltratados. Tenemos alojado en nuestro interior el soplo de los terremotos inquietos. Se están acabando los plazos, ¿no lo entiende?"

Es posible que la frase en sí sea hermosa, pero, en boca de un enfermero, rompe con esa verosimilitud tan bien conseguida en este punto medio entre lo irreal y lo realista. En otros momentos, los diálogos incluyen detalles que enfatizan lo que ya es claro. 

"Y ahora se encuentra usted con el Madison Lenox vacío... Un tremendo contraste. Vivimos en el tiempo de recordar las viejas glorias"

Aparte, un protagonista con este grado de autoconciencia a ratos nos hace el trabajo, y clarifica quizá de más esas incoherencias suyas y ese modo de buscarse razones para acciones y decisiones inútiles.

"El gran hombre con una gran misión no era capaz de abandonarse del todo en la desidia. Se dio cuenta de que ni uno solo de sus planes estaba saliendo tal como había previsto (p.133)."

O se percibe que esa atmósfera alcanza tal grado de relevancia que acaba siendo reiterativo, o bien incluyendo imágenes menos trabajadas."El cáncer acabará con toda la ciudad tarde o temprano (p. 76)"
Todo ello, puede que porque la historia se alargue un tanto. 

En fin, un libro recomendable, y una autora a la que me apunto para encontrar otras obras suyas, pasadas y futuras. Aquí, una entrevista con ella. Aquí, otra, realizada en televisión, para el programa de Canal Sur, El público lee. 

Y ahora, en honor a esta "serie" que titulo Fragmentos interesantes, uno de este Un incendio invisible, de Sara Mesa.

"Soy un gran hombre con una gran misión. Así lo había hecho saber toda su vida en cada uno de los lugares donde había podido. Delante de inocentes, de niños, de tarados, de ingenuos y de incautos. Delante de gentes confiadas y de buena voluntad. Delante de desesperados, de necesitados de fe y de instrucciones, de miserables, de egoístas e imbéciles. Soy un gran hombre con una gran misión. Esa vanidad vacua y sin sentido, una vanidad que sólo debía lucirse donde su falsedad no pudiera ser desenmascaradas. Y sin embargo, ahora, allí, en aquella residencia donde los ancianos revivían con las acrobacias geriátricas que les prometieron y después les arrebataron, frente a aquella enfermera morena y de ojos abultados y tristes que sería capaz de humillarlo en cualquier momento si retirase la sábana que cubría su cuerpo descalabrado; allí todo caía como un castillo de naipes. Ganársela para después perderla. Ya estaba todo hecho."

Un incendio invisible. Sara Mesa. Fundación José Manuel Lara, 2011

domingo, abril 01, 2012

PALABRAS DESCUBIERTAS O REDESCUBIERTAS: "LAMÉ"


Lamé.

(Del francés lamé).

1. m. Tela tejida con hilos brillantes, especialmente de color oro o plata, semejante a la lama antigua.



"Desde que empezó sus excursiones por el río, la niña había almacenado en la tubería una bailarina de Lladró sin brazos, la cabeza de un rey Baltasar de plástico, una chaqueta fucsia de lamé con lentejuelas negras, un muñeco de Laurel -el gordo- un tanto despintado, un Ken sin Barbie, un protector de pantalla de ordenador que le servía como espejo mágico y un paquete de Pringles con su tapa en el que coleccionaba piedrecillas. Todos sus tesoros los había conseguido con mucha paciencia y no poca suerte."

"Un incendio invisible". Sara Mesa. Fundación José Manuel Lara, 2011.






miércoles, enero 04, 2012

PAMPANITOS VERDES, ÓSCAR ESQUIVIAS

No estoy de acuerdo, desde el respeto, con el tono general de alabanzas acerca de Pampanitos verdes, de Óscar Esquivias. En parte, por mis impresiones (hay relatos que no salvo, como el que le da título; otros que se pierden por el camino o no se cierran adecuadamente), claro está; pero también en parte porque muchas reseñas intuyo que, o se basan en una lectura muy rápida, o en una que acude más a la propia información que da la contraportada. Puede que sean mayoría, pero no hay tantos relatos acerca del paso desde la adolescencia hacia la edad adulta (como se enfatiza aquí), con lo que esto no es, pues, lo que da unidad a esta colección. No más que el dato de que muchos de ellos incluyen personajes homosexuales, lo cual, sin embargo, no parece que nadie haya querido indicar. ¿Será esa obsesión porque los libros de relatos tengan unidad real?

Luego están las reseñas abstractas, ésas que finalmente no dicen nada. Busquen, que seguro las van a encontrar por ahí. 


Pero, sin duda, tiene varios relatos muy valiosos: El dolor, entre aquellos más cortos (el final es estupendo; abierto, y un tanto inquietante); y El centurión, entre los más largos. También Monólogo del técnico de sonido. Por ejemplo, consigue ese equilibrio tan complicado de que el estilo se plieguen bien a un narrador que, al ser en primera persona, no permitiría en verdad desajustes en exceso poéticos. Será, supongo, eso que denomina esta reseña (con la que tampoco coincido en mucho; en especial en cómo marea la perdiz para decir más bien poco) como "elegante postración del yo-autor". En cualquier caso, por los que estoy leyendo y las correspondientes críticas que leo después, el precio para la verosimilitud de un narrador que usa expresiones y adjetivaciones que son más del autor es algo que tengo cada vez más claro que, o bien no se considera relevante en el análisis de relatos, o bien sólo me obsesiona a mí. Otro día hablamos de esto, pero si quieren saber un poco más sobre esta percepción mía, lean aquí.

El hecho es que Pampanitos verdes sí que se logra bastantes veces la naturalidad, que hay una sencillez estilística que se agradece (porque es lo propio cuando los narradores son personajes comunes), y que en ciertas ocasiones (en especial en este relato) el humor expresado está tan conseguido que es muy probable que uno llegue a la carcajada mientras lee. Si quieren leer uno de esos relatos sencillos y divertidos, aquí.

Lo que no quita, en el caso de Monólogo del técnico de sonido, para que, a medida que evolucione, lo dramático se vaya abriendo paso, y de pronto estemos ante ese tema de cómo todos estamos condenados a parecernos a nuestros progenitores.

Cada vez que cojo el coche y enfilo la carretera de Burgos, me echo a llorar. En el espejo retrovisor, cuando me miro, compruebo que mis rasgos empiezan a recordar a los de mi padre y a los de mi abuelo: he perdido pelo, tengo sus mismas entradas en la frente, se me han hundido un poco las mejillas. Cada vez que me malhumoro, me quejo, elevo la voz o pierdo los nervios (y me pasa de vez en cuando, no tengo buen carácter), siento que estoy dando un paso hacia una región de sombra, hacia un lago de amargura. 

Monólogo del técnico de sonido. Óscar Esquivias. Pampanitos verdes. Ediciones del Viento, 2010.

viernes, agosto 19, 2011

FRAGMENTOS INTERESANTES: MEDARDO FRAILE

De Fraile se ha escrito mucho, por expertos y analistas del cuento en España, así que yo me limitaré a indicar lo que me ha llenado de lo que llevo leído.

Fraile tiene una capacidad insólita para el narrador cercano que no cae en lo vulgar, sin que éste, además, no resulte inverosímil por excesos líricos. También, para que la historia progrese llena de naturalidad y, a la vez, apuntes y detalles que sí que conjugan con lo poético, pero sin que esta conjunción rechine.

De paso, sus relatos nos recuerdan que este género se presta, si se quiere, no ya a la narrativa esquelética o esquemática, sino que ese mismo elemento de resumen que requieren estas ficciones facilitan lo poético y la belleza.

“Mira que el sitio era largo, era hermoso; pues bien: siempre había una persona mayor para tropezar con ella. El juego quedaba partido unos segundos; la risa, estrellada; la ilusión, distraída, y todo por aquella pierna gordita que iba aumentando, aumentando, prisionera de una liga feroz aferrada a ,o suyo. Y todo por aquellos leguis que olían a tela de dril sin mojar y por aquel dril verdusco que olía a leguis, a botas y a caballo. Y todo por aquellos corrillos de señoras, vestidas de paraguas, con un librito demasiado pequeño en sus manos, al atardecer, charla que te charla sobre el padre Tal o el padre Cual, como esponjándose bajo el sonido -algo lejos-de una campana. La cosa era obstaculizar, poner un guión al juego roto para que siguiese en una línea distinta. La cosa era interrumpir el mapa de la fantasía”.

Las personas mayores. Medardo Fraile. Cuentos de verdad, 2000, Cátedra.



domingo, marzo 13, 2011

PALABRAS DESCUBIERTAS O REDESCUBIERTAS: "CAMOTE"


Camote.
(Del nahua camotli).

1. m. Am. Cen., Ec., Filip., Méx. y Perú. batata (‖ planta).
2. m. Am. Cen., Ec., Filip., Méx. y Perú. batata (‖ tubérculo).
3. m. Chile. Asunto difícil y enredado.
4. m. Chile. Piedra o terrón que se puede lanzar con la mano o que se puede rodar.
5. m. Chile. Mentira, embuste.
6. m. coloq. Chile. Persona cargante, pesada, fastidiosa.
7. m. Ec. y Hond. Persona tonta, boba.
8. m. Ec. Mujer de la que un hombre está enamorado.
9. m. El Salv. Tumefacción, hinchazón dura y abultada.
10. m. Méx. Persona desvergonzada.
11. m. Méx. querido.
12. m. malson. Méx. pene.
13. m. Perú y Ur. enamoramiento.
14. m. Perú. querida.

“La Federal. Los taxis suicidas de La Federal. La luz estroboscópica de La Federal y la gente caminando a una velocidad extraña, como en una crisis de pánico a cámara muy lenta bajo las palmeras muertas y sobre los terremotos. La tarde estaba cayendo. Los perros cruzaban a ciegas los semáforos y parecían carne cruda entre las ruedas de los carros ambulantes: imágenes de santos, pollos teñidos, viagras, cámaras digitales. Casinos eléctricos, tiendas de decomisos, santerías, compradores de oro al peso en la plaza de adoquines. La gente caminaba como si no durmiera nunca o como si quisiera dormirse mientras caminaba. Saltaban alarmas. Silbaban los camotes. Parecía el último puesto de abastecimiento antes del fin del mundo”

"Submáquina". Esther García Llovet. Salto de Página, 2009

viernes, febrero 18, 2011

FRAGMENTOS INTERESANTES: MATÍAS CANDEIRA


La ficción, cuando la lees, a veces te da encuentros extraños y casualidades varias, casi, casi como cuando la escribes. A mí me sucedió que acabé de ver The Lovely Bones, donde un frigorífico (o similar) era donde se ocultaba un secreto y un drama, y también, alguien lo llevaba a un lugar donde deshacerse de él, y, al tiempo, topé con esta historia de Candeira, hermosa, secreta, misteriosa, que me causó, quizá por la coincidencia, un dolor muy peculiar.

Candeira se merece mejores reseñas que las que pueda hacerle yo, y además me parece un escritor modesto, cercano y cuya visión del mundo es verdadera y no impostada. Él "ve" y "vive" la vida como si todo fuera un cuento fantástico. Lean y lo comprobarán. Y ya tiene nuevo libro. Yo se lo recomiendo, desde esa seguridad que da el descubrimiento azaroso de las coincidencias, y de un autor, que ya te hace seguirlo hasta... hasta ese precipio, tal vez, donde nos deshacemos de las cosas que mueren.

“Debe ser el día en que se mueren las cosas y la gente se despide para siempre. […] Hay muchas más personas y pertenencias, unidas por cariños inabarcables, en este acantilado blanquecino. La familia los descubre al bajarse del coche. Decenas de seres humanos que dicen “adiós, adiós”, a sus objetos, a una parte de sus sueños, quizás, y hacen con la mano el signo de despedida. Varios escolares con las narices hinchadas de llorar arrojan sus canicas al mar embravecido y todavía siguen la trayectoria con los ojos; al fondo, un hombre con barba y pasado besa un vestido de novia y luego lo deja a merced del viento, se pone a temblar violentamente bajo el disco anaranjado del sol. Hay una mecedora, un poco más allá, que arrastra ahora sus ruedas chirriantes por la hierba y empuja a una anciana por el borde. ”

Cuando se muere la nevera. Matías Candiera. La soledad de los ventrílocuos. Tropo editores. 2008

miércoles, diciembre 08, 2010

COMO UNA HISTORIA DE TERROR. JON BILBAO

"A esta ardilla la siguió otra, que efectuó el mismo recorrido. Y luego otra, y otra, y otras más. Al cabo de unos instantes había más de una docena disputándose el alimento del comedero, y nuevos roedores continuaban emergiendo de entre los árboles y tomando el jardín. Escalaron las sillas y la mesa y se aventuraron en la caseta de Bambú, donde descubrieron unos granos de pienso canino en su cuenco y se abalanzaron por ellos. Docenas de ardillas y luego cientos. [...] Las ardillas se quedaron inmóviles y miraron hacia un punto del bosque, de donde ahora provenía un susurro como de algo que se arrastrara sobre hojas muertas. La maleza que taponaba el paso entre los árboles había comenzado a agitarse. Asomó entonces al borde del jardín un cuerpo renqueante que avanzaba a cuatro patas, del tamaño de un gato grande, y del que sólo podían apreciarse con claridad un fuero par de ojos rojos y una cola larga y desmochada. Y entonces la mujer sí que se despertó."

Como una historia de terror. Jon Bilbao. Como una historia de terror. Salto de Página. 2008

No hacen falta casas góticas, ni asesinos en serie para el terror. Jon Bilbao hace un ejercicio interesante: alía las casualidades y las neurosis personales. Una posible fórmula. De cómo las personas reflexivas (u obsesivas, que aquí creo que Bilbao no juzga) ven señales en todas partes; y crean paranoicas ficciones donde ellos mismos se buscan la perdición. En este relato (casi una novela corta) se reúne todo esto, y, mediante una maniobra nada burda, hasta se reflexiona sobre ello "en voz alta". 


Es todo un tema (o un subtema; no es lo único que aborda Bilbao, sobre todo, leyendo reseñas por Internet, aunque es lo que a mí me ha interesado más), esos seres que "les dan vueltas a las cosas", que buscan un significado (pero siempre amenazador) en que un hombre se parezca a él y hayan confundido sus pisos (La Fortaleza), o en unos sueños recurrentes y un bosque impenetrable (Como una historia de terror) los ampliará el autor en Bajo el influjo del cometa. Resulta efectivo (ah, el conflicto) colocarlos al lado de personajes que ni temen ni "piensan" tanto (el hombre de Como una historia de terror, a diferencia de su compañera, sólo tuvo una vez un sueño, negro y que no le obsesiona en absoluto). 

Como decía, no es lo único que atrae al autor, pero, por lo que leo en su siguiente libro, Bajo el influjo del cometa, es algo en lo que seguirá profundizando: Ha desaparecido un niño me ha recordado (no en el tono, no en el pesimismo, sin embargo) al Martin Amis de Night Train. La otra cara de la moneda de esas neurosis que buscan signos de toda clase en lo banal es justamente la nada: la falta de sentido.  Precisamente esa banalidad que, por otra parte, puebla estos relatos. 

Tal vez así pretenda Bilbao inundarnos de esa cotidianeidad contra la que esos personajes "especiales" tienen que levantar "ficciones de terror". Sin embargo, a ratos es demasiado. Ahoga esos detalles, acertados, brillantes a veces, que nos muestran historias o atisbos de historias paralelas.

"Cuando empezaron a mecerse, los acompañaron los chapoteos del vino acumulado en sus estómagos. Él pensó en la chica, tal como la había visto en la galería de la Mina. No le importó en quién pensaba su mujer, en MH o en quien fuera" 
(pág. 59). La Fortaleza

Así, se nos deja ver que la mujer tal vez tenga o haya tenido una relación con ese MH, un secundario, que, por cierto, ni siquiera hace falta que veamos.


Pero, como decía, en su contra, a veces el relato se desborda y se llena de situaciones y diálogos innecesarios. ¿Otros matices que le haría y por lo que discrepo de las alabanzas generales a este libro (con el máximo de los respetos, como siempre)?

- Una manía: el uso de los demostrativos como pronombres, en frases donde no son necesarios. "Sin que tampoco nadie supiera de dónde éstos surgían" o "..."mediante una interminable serie de aproximaciones sucesivas, llegaron al comedero de pájaros. Consistía éste en una bandeja de madera...". No se explican por un supuesto lenguaje de un personaje o narrador, porque se repiten  en distintos relatos (también en su siguiente libro), y así, rompen la verosimilitud. Si todos los narradores, sea o no personajes, usan esto mismo, se rompe el pacto con el lector: "notamos" al autor. ¿Es lo que busca Bilbao?

Esto se ha acrecentado en Bajo el influjo del cometa. Ignoro si quizá la labor de edición ha tenido problemas, porque, de hecho, encuentro algunos fallos (palabras que faltan; por ejemplo, "... un hueso sintético destinado [a] fortalecer... (página 83)  o "Ella le recordó la escena en que el muñeco de madera y Gepetto son engullidos por un cetáceo llamado Monstro, (página 61) ¡Tal vez el ejemplar que tengo es uno de los primeros, y está algo defectuoso!

- Una obsesión por la descripción, que no se inserta siempre bien en la narración. A ratos, parece que el relato fuera a ser leído por alguien de producción de una película, que requiriera todos los detalles para su desglose. Basta ver el comienzo precisamente de este relato, Como una historia de terror.

- Una renuncia a la elipsis. En los diálogos, pero también en las acciones, no siempre fundamentales para que avance la acción. Si es intencionado, de acuerdo. Pero entonces, me temo que no encuentro ese "pulso narrativo" del que habla la contraportada. Más bien, al contrario, y según lo que estipula esta crítica, el camino de Bilbao va hacia un relato menos clásico, y más "abierto".

"Contados cuentistas españoles se permiten el lujo de dejarse ir. Porque derivar, sucumbir a la imprevisibilidad de la escritura, a ese “no sé muy bien qué quiero decir”, es una forma de abordaje del cuento que se estigmatiza con gratuita facilidad. El cuentista clásico, como el fan salvajemente fiel que no acepta travesuras en su obra –o género- de referencia, reclama un sentido, un saber valorizado, y pilla una rabieta en cuanto te descuidas."

Bien: la reseña tiene razón. No podemos leer siempre con alma de guionista, prestos a tachar aquello que no sea fundamental. Sin embargo, se habrá de admitir que la digresión casa mal con el relato, o (ya fuera de ser "obtusos" con "las normas") que la acumulación produce efectos en el lector. Justo las mismas, ahora que pienso, que señalan muchos cuentistas cuando atacan la novela. 

Si tenemos que buscar entre tanto dato, el lector puede pasar y pasar páginas, costumbre habitual en tantas novelas donde uno detecta pronto lo accesorio. Pero, en los relatos de Bilbao, no sabes del todo cuándo habrá algo de eso (todo puede ser un símbolo o una pista de lo que está por venir,) y leyendo rápido, tal vez nos perdamos lo relevante. Un modo y un estilo respetable, sin duda. Mientras se acepten sus desventajas. Puede que no se trate de gritar "anatema" y golpear a diestro y siniestro con un libro de Carver en pos de la síntesis; aunque quizá un punto medio sea apetecible.

Sobre todo, porque si no, todos los relatos parecen contados por el mismo narrador, sea externo o personaje. No todo el mundo, no todos los narradores, pueden ser una cámara presta al plano detalle. O no, si se quiere mantener la verosimilitud.

- A veces se bordea lo reiterativo. Se insiste en el precio barato de la casa de Como una historia de terror hasta dos veces en dos páginas seguidas (páginas 180 y 181). Se expresa en palabras, a modo de resumen, (página 82) lo que ya hemos visto sobre la presencia molesta del brasileño de Después de nosotros, el diluvio. Se dice que al dueño del coche del relato La Fortaleza le importa poco que le hayan robado éste en la página 57 y se repite en la 58. Otras veces, el peligro es lo obvio, como cuando se ha de exponer por qué se separan las dos parejas al final de Después de nosotros, el diluvio. 

- Los diálogos parecen decantarse por el naturalismo (casi estamos en un guión, por momentos, en ciertos relatos), pero en ocasiones se hacen largos. En el caso de Bajo el influjo del cometa, a esto se ha sumado la inverosimilitud cuando incluye giros o palabras: "Aprecio tu gran sinceridad" (página 162) "No me recuerdes lo obvio" (página 74)

- Los narradores/personajes a veces, como dice la reseña de Masacre en los jardines que aludíamos antes, "se merecen un puñetazo en la boca". A mí me ha pasado con el de Después de nosotros, el diluvio, incluso aceptando que, por su cultura, se sabe que es un tipo "formado".  

Sigo creyendo que es complicado el equilibro del lenguaje cuando se escoge la primera persona. Si se es demasiado fiel al naturalismo, se cae en lo vulgar; si se fuerza el lirismo o las reflexiones ("¿Era una somatización de nuestro disgusto o la ballena había empezado a oler peor?", página 67, Bajo el Influjo del Cometa), puede hacernos perder la paciencia.

Son mis impresiones. En todo caso, creo que el autor es capaz de generar imágenes potentes, e historias que perduran. Para los que nos interesa el fantástico o el terror, además aporta modos distintos de provocar extrañeza o atmósferas misteriosas sin necesidad de alejarnos del día a día. Para posibles escritores, de relatos, de guiones, de cualquier ficción, destaco de nuevo la creación de personajes no precisamente reconocibles (que de esos está la literatura española bien servida) sino oscuros, crueles, normales, anormales,... Humanos, vaya.

Por otra parte, los que tienen la última palabra son ustedes. Lean y opinen. A ser posible, educadamente, que ya saben que no me gusta, ni busco, la polémica. 

lunes, noviembre 01, 2010

FRAGMENTOS INTERESANTES: LARA MORENO / CUATRO VECES FUEGO


"Me empeño en fregar los platos con agua fría, sobre todo cuando estoy sola en el Jardín, aunque queden restos de alguna cosa, porque en ningún sitio del mundo está el agua más fría que allí, y es una buena forma de decirle a mis manos que ya pasó, que ahora viene el tiempo del calor y de todo lo demás, que merece la pena ese rato hiriente de agua enjabonada y losa escurridiza, de no sentir nada más que el ruido del grifo abierto adormeciendo la piel hasta que no exista, hasta que desaparezca y sólo queden huesos helados. Porque después de fregar voy a sentarme al sol, en la puerta de la casa, y extenderé las manos y las veré casi blancas por el exceso de luz, y ellas extenderán a su vez los diez dedos, como si quisieran escaparse de las palmas, para acariciar el aire lleno de sol, para intentar ocupar el mayor espacio posible dentro de la luz de la hora de la siesta. "

Donde más te duela. Lara Moreno. Cuatro veces fuego. Tropo Editores. 2008

sábado, septiembre 11, 2010

FRAGMENTOS INTERESANTES: FÉLIX J. PALMA/EL MENOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO



"¿Cuanto tiempo puede esperar una niña de dos años y medio en el sitio del que su padre le ha dicho que jamás debe moverse? La imaginé asistiendo inmóvil a la llegada de la noche, y al nacimiento de un nuevo día, y al suceder de las estaciones. La imaginé creciendo en aquellas escaleras, recibiendo la menstruación, enamorándose del mendigo de la plaza, mientras aferraba con fuerza el muñequito de plastilina, lo único que permanecía inalterable, la única prueba que tenía de que todavía era una niña cuyo padre se retrasaba más de lo normal."

Una palabra tuya.  Félix J. Palma. El menor espectáculo del mundo. Páginas de Espuma, 2010.

martes, julio 06, 2010

FRAGMENTOS INTERESANTES: CARLOS CASTÁN /EL ANDÉN DE NIEVE

"En un tren de madera siempre puedes encontrarte un soldado alemán. Y puedes tener que saltar sobre la nieve si has olvidado tu pasaporte. Entonces te hallarías en medio de una Europa en guerra, con el tobillo torcido en un bosque de niebla. Por eso ahora no los hacen así. No sería cómodo para los pasajeros"

El andén de nieve. Carlos Castán. Perturbaciones. Antología del relato fantástico actual. VVAA. Salto de Página, 2009.

Perturbaciones: Antología del relato fantástico actual. ¿Cuántos fantásticos hay en España?

Cada día temo confirmarme que la supuesta libertad de la blogoesfera tal vez no acopie opiniones disonantes. Encuentro, por ahora, una única crítica negativa sobre Perturbaciones. Antología del relato fantástico actual. Si la miran bien, verán que el autor tuvo que eliminar todos los comentarios. Al parecer, hubo sangre. Ahora miren aquí; el autor de otra reseña, entre bromas, admite que no quiere pasarse con sus opiniones, no sea que haya de publicar en un futuro mediante fanzines. Es cierto; luego, él mismo se burla un tanto de tal corrección, y, finalmente, algo se moja. Cabe recordar que este crítico es, a la vez, escritor, y de relatos. Y sabe de cómo está el patio.



A todo esto, no. No encuentro que esta antología sea mala. Es sólo que siento que los “pros” parecen “necesitar” un mayor peso que los “contras” en casi todas las reseñas que leo. Entiendo otro posible motivo. El cuento posee poco mercado, y los aficionados y autores tienen justificación por la reacción un tanto apasionada.

Vamos por partes.

La antología pretende un recorrido cronológico. Esto ayuda. Cuenta con un prólogo interesante y hasta divertido del escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel. Esto también ayuda. Ahora bien, a mí se me antoja un tanto idealista, o, si se quiere, ingenuo. Por una parte, se da una defensa de cómo la tradición fantástica existe desde siempre. Hombre, sí, pero no. Como los que destacan la herencia de ciencia ficción en la literatura española, el apasionamiento puede perderte. Existe, sin duda, ese hilo en la historia de nuestros escritores, pero existen muchas menos pruebas de autores dedicados a ello con exclusividad. Y resulta un tanto contraproducente que aquí se nos escamotee un posible escritor que sí ha podido influenciar a otros practicantes del género. Hablo de Hipólito G. Navarro. 



Además, seamos sinceros: si varios de los autores aquí recogidos usan el género para la broma (metaliteraria o no), no sé yo hasta qué punto se toman en serio lo fantástico, o lo hacen como ejercicio de “hoy voy a escribir un cuento de estos para variar”. ¿Incluirlos no contradice la defensa a ultranza?

Por otra parte, Rengel levanta las exigencias del género fantástico un tanto demasiado, de forma que, luego, uno se decepciona leyendo ciertos relatos. De acuerdo. El fantástico debería hacernos cuestionarnos la realidad, perturbarla, introduciendo esa rareza que lo desestabiliza todo. ¿Pero esta esto en todos y cada uno de los relatos? Yo diría que no, y en esto coincido con esta reseña (es un texto pdf, y dicha reseña está en el página 14). Con aquellos mimbres tan exigentes, uno lo tiene después bastante difícil para admitir cualquier historia. Sobre todo, cuando son homenajes, o bromas metaliterarias (que no metaliteratura en sí) como las del propio Merino, la de Freixas, o la de Jambrina.

No olvido que la antología cuenta, siempre, con un problema no menor precisamente. Otras editoriales deben cederte los derechos. O los propios autores. Si pueden, lean la antología del relato contemporáneo de la editorial Cátedra. Su selección no es representativa, y, a ratos, ni siquiera interesante. Y hablamos de Cátedra. Es decir, los que realizan una antología se enfrentan a que lo que tenga valor se escurra por culpa de intereses de mercado, y se hayan de sustituir por rarezas. Curiosidades, sí, pero que se quedan un poco en los márgenes del mundillo editorial. Si no, no se entiende el relato elegido de José María Merino. Este autor tiene muchos, muchos relatos mejores, más interesantes, y, sobre todo, más afines a lo que define el fantástico; siempre en las mismas palabras del que ha preparado la antología.

De los microrelatos, no hablaré en demasía, porque me sigo preguntando si este género me convence. Pero oigan, seguramente soy yo, y que me pueden mis conservadurismos. Y que me perdone Fernando Valls, que no vean cómo se pone. Para equilibrar, diré que los microrelatos de Iwasaki sorprenden, con alguno que es un puñetazo doloroso y de tristeza (No hay que hablar con extraños). Y que los de Miguel Ángel Zapata son simpáticos, y, alguno, algo aterrador (Intrusión). Los de Juan Pedro Aparicio no estoy seguro de qué son, pero tiendo a opinar que no son fantásticos. Tal vez sean filosóficos y hasta teológicos.

El Juicio Final de Cristina Peri Rossi utiliza el humor, aunque a mí me funciona más en el caso de Félix J. Palma, con su Venco a la Molinera. Cuando tuve la ocasión de leer aquél, su primer libro de relatos, ya me pareció el mejor. Pasa el tiempo, y aún muchos autores lo consideran una especie de obra maestra. No importa si llega a tanto. Es divertido, y esa simple intrusión de un único elemento que desbarata el universo habla de una forma distinta de asumir a Cortázar. Con una cierta distancia, y con menor trascendencia. Y esto suele abundar en Palma, como prueba su último libro de relatos.

Ahora bien, el humor no siempre es compañero de un verdadero cuestionamiento de la realidad.

“Su narrativa, que participa de un singular feminismo sadiano, ahonda en la locura, la muerte, el sadomasoquismo y en lo fantástico siniestro: muertos que retorna a la vida, demonios, encantamientos. No obstante, hemos sido benevolentes, y el relato que hemos seleccionado para ustedes nos ofrece una posibilidad de vida después de la muerte, menos cruenta…”

Esto dice Rengel, del relato de Pilar Pedraza. Entonces, vienen las preguntas: ¿es este relato, pues, significativo de su estilo o sus intereses temáticos, o una excepción? El relato no pasa de lo anecdótico: una historia narrada en primera persona, en la que se crea, así, una voz de personaje no resulta demasiado original. Y si todo el tono es humorístico, ¿dónde está la perturbación? ¿Nos perturbamos si no se perturba, sufre, se cuestiona, se pregunta, actúa o reacciona, un personaje? Al menos, el giro final del relato de Peri Rossi nos abría una posibilidad curiosa.

El relato de Julia Otxoa es de esos que te deja a cuadros, perdonen mi vulgaridad. En vez de narrarse un material literario, se cuenta. Pero se cuenta, casi sin desarrollo, sin atmósfera, sin personajes. O sea, no.

La obsesión de la alimaña de Elia Barceló. Barceló es casi el único referente en el terreno de la ciencia ficción (al menos que yo conozca). Sospecho que habría relatos mejores. Éste se desplaza hacia un contraste entre la vida de un monje de tiempos medievales y la de una chica en el mundo actual. Coincidimos con esta reseña: los diálogos son imposibles. ¿La historia? Tampoco sé si va mucho más allá del humor.

Final absurdo, de Laura Freixas. Leo por ahí que a algún lector le ha llamado la atención. Si se refiere a una supuesta originalidad del planteamiento, mal vamos. Esto es un homenaje a Niebla, de Unamuno. Y punto pelota.

Ahora me pregunto: ¿será que se han incluido relatos que desmerecen el conjunto por esa política “correcta” de que haya mujeres? Porque se me ocurren muchas otras autoras, que algún relato tendrían que ofrecer. Espido Freire y Care Santos, me viene a la cabeza.

Una sorpresa es Otra vez la noche, de Ignacio Martínez de Pisón. Porque parece que en sus comienzos, le atrajo esa deriva fantástica, y porque es bueno. Porque la inquietud va creciendo muy poco a poco, con ese paralelismo nada obvio (tanto, que se podría discutir en un buen debate entre lectores) entre lo que le sucede a su protagonista en sus relaciones (qué rotunda se nos antoja la estupidez de los hombres desde su mirada) y esa apertura al mundo extraño de lo que sucede en su habitación.

Y ya seguiremos analizando otro día.

domingo, junio 13, 2010

FRAGMENTOS INTERESANTES: PATRICIA ESTEBAN ERLÉS /AZUL RUSO

“Aquel aguijonazo hecho también de muchas pequeñas puntas, claveteando la piel del cuello. Un azote de dientes afilados que horadaban los dulces huecos, la carne indefensa junto a sus orejas, tirando de ella hacia atrás y hacia delante. No se revolvió. Trató de ajustar su respiración descontrolada por el pánico al avance de la decena de alfileres que a ratos suavizaban la presión para hacerla un poco más intensa en la siguiente embestida. Escuchó un chillido agónico y se preguntó dónde estarían los límites de aquel sufrimiento. Percibía con toda claridad el latido del corazón del macho contra su lomo, el balanceo rítmico del cuerpo fuerte y elástico, el ronroneo implacable junto a su oreja derecha, una voz suave que prometía calma, el final de aquel dolor hecho de pequeñas púas que, en realidad, lo supo entonces, sólo buscaba distraerla del otro. Un dolor mayor en forma de espina helada que iba abriéndose paso en su bajo vientre, cegando sus ojos, dejándola sorda, obligándola a abrir las piernas y a moverlas como remos en direcciones opuestas, devolviéndola a un tiempo oscuro, a un lugar donde la supervivencia dependía de otros miembros de la especie. Estaba ciega y sorda. El dolor crecía y se rindió a los dientes prensiles como si fueran los de su madre, notando cada alfiler de aquel mordisco seco, exento del bálsamo de la saliva. Sintió por última vez el empuje brutal de aquel hueso en sus entrañas y luego un flujo helado y viscoso recorriéndola por dentro. Como en una fogonazo vio unas manos infantiles arrancadas del cuerpo al que habían pertenecido. Comprendió entonces que el maullido agónico era su propia voz.”

Azul Ruso. Patricia Esteban Erlés. Azul Ruso. Páginas de Espuma, 2010.  


PALABRAS DESCUBIERTAS O REDESCUBIERTAS: "HOZAR"


"Hozar"


1. tr. Mover y levantar la tierra con el hocico.

“La coincidencia de que alguien hubiese escrito el amable aviso momentos antes de mi accidente me resultó divertida, has que me dio por pensar que estaba calificando de “casualidad” aquel encadenamiento de hechos implemente porque no podía aceptar que estuviesen relacionados. Una vez en casa, sin embargo, la posibilidad de que existiera parentesco entre ellos empezó a atormentarme. Condenado a languidecer en un butacón del salón, hozando con desgana en la obtusa parrilla televisiva, no encontré mejor remedio contra el redoblado tedio de mis días que darle vueltas al asunto”.

"Margabarismos". Félix J. Palma. "El menor espectáculo del mundo". Páginas de Espuma, 2010.