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martes, octubre 30, 2012

EL CANON BLOGUERO Y LA CRÍTICA DE SERIES (II): JUEGO DE TRONOS

Vayamos más allá, acerca de cómo este corpus crítico amateur está cambiándolo todo. Decía antes que esta diferencia clave de la recepción de series de televisión en España hace que ya comiencen a suceder hechos extraños, y distancias claras de aquellas posiciones rotundas de la crítica estadounidense.

Un ejemplo: Juego de tronos. Hace poco, la revista de cine Dirigido por le dedicaba un artículo de análisis a esta serie de televisión. ¿Qué prueba, o, si quieren, qué probaría? Una posibilidad: que las revistas de cine más “serias” (aunque el canon de la crítica más respetada también ha variado, y ahora lo detenta más Cuadernos del Caimán, el equipo que hasta hace poco llevaba el Cahiers du Cinéma español) consideran que hay que estarse con un oído pegado al suelo de la actualidad, y que ese tren que suena y viene fuerte es el de análisis más pausados (menos emocionales o menos amateur) pero de otro tipo de ficciones que no sean las del cine. Otra posibilidad, sin embargo, (no incompatible con la primera) es que los que tomen las decisiones en la redacción de Dirigido por hayan pegado tanto el oído que lo que hayan acabado escuchando hayan sido campanas y no sepan dónde.


Juego de tronos no tiene en su país de origen ese mismo prestigio total que se le está proporcionando en España. No digamos el supuesto prestigio literario de los libros en que está basado. Ni siquiera los premios le han llegado a George R. R. Martin, que sólo ha visto las nominaciones al Hugo en su último libro. Cierto es, no nos despistemos, que los Hugo son premios a la ciencia ficción y al fantástico que dependen de una fuerte base de fans (que nomina y vota a los ganadores) más que de méritos literarios. Pero que la nominación haya sido tan tardía (así como que las ventas hayan aumentado sólo ahora) implica que ni siquiera la serie de libros de Juego de Tronos era considerada “importante” hasta que la serie de televisión ha atraído lectores en masa. O en jerga actual, hasta que no ha adquirido "hype".

Sin embargo que una revista de cine de (ya digo relativo) prestigio acepte entre sus páginas un análisis (además, positivo) de una serie de televisión que sólo la blogoesfera ha estimado como obra de máxima calidad es llamativo. Si son ustedes seguidores de dicha revista (yo, sólo a ratos), podrán corregirme, si no es el caso, pero si acierto, y es la única serie de televisión que se ha colado en sus páginas, el ejemplo es significativo. Si hubiera incluido Mad Men o The Wire, probablemente no lo encontraríamos tan extraño. Pero que elijan Juego de Tronos y no, y son sólo dos ejemplos, Justified, como representativa de calidad de una serie de cable, o The Good Wife, como serie de las networks, dice mucho. Puede que, y es una hipótesis, lo que exprese es que los críticos de cine más cerca de aquellos que forman el gremio "serio" también se están dejando llevar. O que, fuera de su ámbito habitual, el cine, estén tan perdidos como el que más. 

Porque seamos serios: hace ya mucho que "serie de cable" y "calidad" no son sinónimos, como pudieran hacerlo hace, pongamos, siete años. Es la misma reducción ilógica de considerar que todo lo que producen los británicos es ficción excelsa.

Sin apenas analistas ni revistas dedicadas a este tipo de ficción, y con, además, bastantes huecos en cómo las universidades y las licenciaturas de audiovisual han dejado pasar el propio análisis como hecho clave (¿cuántas publicaciones al respecto ha salido al respecto?), en España nos bastamos y nos sobramos. En concreto, nos bastamos y nos sobramos con la crítica de la blogoesfera.

¿Es bueno; es malo? Bueno, es curioso, sobre todo. Esto nos hace más independientes a esa influencia, un tanto omnipresente de los medios de Estados Unidos, de forma que podemos establecernos un canon de qué es una buena serie de televisión por nuestra cuenta. Es posible que se nos haga tarde por cuanto aún no nos hemos levantado contra la “intocable” Mad Men, pero quién sabe si aún estamos a tiempo para rebelarnos contra otras posibles imposiciones, y algún día escribimos algo en contra de la sacrosanta HBO. 


Al mismo tiempo, alienta nuevas y un tanto inquietantes preguntas: ¿el prestigio crítico tan incontestable ahora de The Wire o Los Soprano en nuestro país pudiera haberse originado del mismo modo, es decir, suponiendo que entraban en el canon de mejores series de televisión por los críticos americanos? ¿O nos lo guisamos y comimos todo por nuestra cuenta? Y, aún más: ¿si los prestigios nacen de maneras tan complejas (sobre las cuales, falta un buen análisis de cómo funcionan), no es sano revisar qué hemos alzado a los altares y qué, condenado a los infiernos, no vaya a ser que nos dejáramos arrastrar, creyendo que nos apoyábamos en una crítica "seria" que nunca (al no consultarla de veras) opinó nada de esto?

De esta manera, habría que ver todas esas posibilidades positivas que trae esa blogosfera "al margen" de los vicios o manías de la crítica "seria". No nos vendría mal no ya una cierta independencia de criterio, sino bastante distancia para con el canon anglosajón. Este está más omnipresente de lo que creeríamos, también en la literatura. Y es muy empobrecedor. Y así que damos contra la realidad que nos extrae de ese viaje de alforjas de positivismo y ansias de cambio que decían, y nos creímos, que traería la globalización. Como comentaba el crítico literario Ignacio Echevarría en El Cultural, los mismos escritores españoles sufren de un posible mal preocupante, a tenor de la encuesta de a quiénes admiran. Sin que yo, simple lector, me atreva a darle la razón a su tesis en toda su extensión, un poco triste sí parece que los autores españoles vivan en un mundo poblado sólo de "ídolos" escribientes en inglés.

"La literatura en lengua inglesa recibía, en conjunto, cerca de setenta menciones (más del sesenta por ciento del total). El resto de las literaturas mundiales se repartían un puñado escaso de menciones: una par de italianos (Magris, Simona Vinci), un par de franceses (Pennac, Gavalda), un eslavo (¡Vasili Grossman!, citado por un despistado Longares), un japonés (Ishiguro), un portugués (Saramago), un turco (Pamuk), un catalán (Teixidor), dos alemanes (Sebald, Genazino), una finlandesa (Oksanen)... y poco más. "

Lo mismo ocurre allá, al otro lado del charco, y ahora hablo de lo que conozco más, en el caso de esa literatura de género fantástico o de ciencia ficción. Si tienen tiempo, y les interesa el tema, el episodio 120 del Coode Street Podcast es muy iluminador al respecto. En él, dos "gatekeepers" del género como son Jonathan Straham y Gary K. Wolfe, acaban charlando acerca de cuán poco saben, ellos, que deberían, sobre la ciencia ficción o la fantasía de países como India, Brasil, o cualquier otra geografía que quede fuera del ámbito "white anglosaxon". Entre los dos apuntan motivos como que se rumorea que es no es rentable la traducción al inglés o el hecho de que hay antologías en ese sentido, pero publicadas en pequeñas editoriales sin visibilidad. Straham es un personaje curioso, al que todavía no le he cogido las vueltas, pero, sea como sea, en esta ocasión hasta él mismo se percata de que se pasa demasiados minutos justificándose acerca de por qué no se acerca a las historias de esas otras latitudes.

Dan ganas de ponerse en contacto con él, y tranquilizarle: Jonathan, tranquilo; ya somos "otras latitudes" las que jugamos a ese juego sin que os esforcéis. Nuestras editoriales, qué le vamos a hacer, sí que creen rentable traducir, pero sólo lo que publicáis vosotros.

Y en esas estamos: en cine, en literatura y en series. Conocemos lo que pulula por el mercado si habla inglés. No hace falta asumir postulados marxistas para concluir que la colonización cultural existe. Basta hacer el ejercicio de que cualquier intentemos pensar si conocemos cuáles son los escritores destacados en, pongamos esos mismos ejemplos, Brasil, India, o en cualquier país del continente africano (Coetzee no vale; es trampa). ¿Le vienen a la mente algunos?

Entonces, aleluya, si la crítica bloguera se separa del canon de la crítica seria anglosajona, tal vez nos vaya mejor. 

Lamentablemente, no parece que los tiros vayan a ir por ahí. Y volvemos con Juego de tronos. Al alabarla, sí, llevamos un poco la contraria a (parte del) establishment crítico anglosajón, pero hay que preguntarse: ¿se hace conscientemente o, de hecho, la alabanza se reafirma en que se crea que la serie de la HBO sí tiene dicho prestigio allí?

Juego de tronos no es, como decía, una obra literaria (in progress, por cierto) tan incontestable como muchos parecen creer. Por supuesto, tiene un gran apoyo dentro del fandom del género fantástico y de ciencia ficción, pero los críticos y analistas son menos optimistas respecto al valor real del trabajo de George R.R. Martin. Insisto: no se trata aquí de validar o rechazar si dicho valor es alto, escaso, mediocre. Lo que remarco es que su posición, como autor de género, no es tan prestigiosa entre los círculos críticos como muchos consideran. En la blogosfera de aficionados a la literatura de fantasía o ciencia ficción, es otro cantar, claro, pero ya definimos cuán poco fiables son, y por qué.

De hecho, sus libros ha recibido críticas muy negativas. Una de ellas, a medias provocadora, a medias seria, pero muy divertida es ésta, donde se enumera la visión de una crítica feminista. Un adelanto:

"George R. R. Martin is creepy. He is creepy because he writes racist shit. He is creepy because he writes sexist shit. He is creepy, primarily, because of his TWENTY THOUSAND MILLION GRATUITOUS RAPE AND/OR MOLESTATION AND/OR DOMESTIC VIOLENCE SCENES."

Algo de reducción al absurdo tiene; no ya la frase, digo; el artículo completo; lean. Pero dicho artículo, si se criba el discurso políticamente incorrecto, causa bastantes interrogantes acerca de ciertas decisiones del autor. Para tener una visión más amplia, aquí les dejo otro enlace, vía Nahum, donde se sostiene lo contrario: que Juego de tronos es la serie más feminista de la televisión.

El hecho es que, como afirma esta crítica del New York Times, algo de ello se ha trasladado a la serie, causando por cierto la ira de los fansA lo mejor la misma serie nunca aspiró a más allá del entretenimiento. Eso explicaría su poco cuidado en no percatarse en cómo la exposición de la violencia, la crueldad o el mismo sexo juegan más en contra que en favor de los temas que se supone aborda.

"But in the early going Season 2 seems mostly to be presenting vileness for voyeurism’s sake. You wince every time Joffrey, a sadist, comes on the screen, and not in an “Ooh, I wonder what nasty thing he’ll do next” sort of way. If you find yourself looking forward to Joffrey’s scenes, there’s something wrong with you.

La más interesante, según mi postura, es la posible contradicción de justificar la violencia contra las mujeres (y ese coqueteo con el exploitation, que ya vimos que diseccionaba bien Nahum) a partir de ese mundo medieval que retrata Martin. La pregunta, coherente, que señalaba aquel artículo contra las obras literarias de Martin, es relevante: ¿porque optó por ser fiel sólo ciertos detalles de ese mundo medieval, cuando el mundo que retrata (e inventa) es, en cambio, fantástico? Claro que en la Edad Media "real" el papel de la mujer era muy limitado, pero ¿por qué no se dio la libertad de alterar esto, si, al cabo, también lo alteraría con zombies y dragones y brujas y magia?

La falta de “modelos” a la hora de que en Internet se afronte la crítica de series de televisión, por otra parte, tiene sus propias y envenenados efectos secundarios. En cuanto que nos separamos de la necesidad de consultar al “padre” sabio que te dice qué es bueno y qué no, crece, o puede crecer, la soberbia. Por eso se agradece tanto aquellos blogueros (no abundan) que justifican, en su análisis, los “pros” y los “contras” de una serie que critican. Es decir, Juego de tronos será, para algunos, buena, mediocre, regular… pero, demonios, por lo menos que lo justifiquen. Y, por favor, que se piensen dos veces antes de usar adjetivos como “épico”.

Dicho en otras palabras: tal vez podamos y hasta debamos de independizarnos de las conclusiones de los análisis de los analistas de Estados Unidos, pero no despreciar su método. Ni despreciar del todo la figura del crítico que, además de ese método más racional de análisis, tiene horas y horas de series de televisión visionadas, además de (al menos en este crítico “ideal” que ahora construyo para mi argumento) conocimientos de cine, narración, literatura…

De acuerdo, lo sabemos. No son muchos. De acuerdo, lo sabemos. A veces les pierden las formas y a veces sí, un poco, viven dentro de una torre de marfil. De acuerdo, lo sabemos. A veces se equivocan y mucho.

Pero, no sé ustedes, pero a mí de cuando en cuando me gusta que venga alguien con un martillo, razones, sabiduría y pruebas, a destrozar esta sensación cómoda de pensarnos que estamos en el cénit de nuestra civilización, y nuestro arte, y nos enseñe las costuras por donde se hace visible que el emperador está desnudo.

miércoles, octubre 17, 2012

EL CANON BLOGUERO Y LA CRÍTICA DE SERIES DE TELEVISIÓN (I)

Siempre me sorprende el recibimiento con alabanzas en torno a las series de televisión “indiscutibles” tanto como las contrapuestas reacciones airadas en torno a justo ese calificativo de indiscutibilidad. No parece del todo lejano, este hecho de levantar ídolos súbitos, y súbitamente indiscutidos, a casos sucedidos en la literatura o en el cine. Puede ser que en estos ámbitos la cualidad de “críticos de referencia” haya saltado ya tanto por los aires, que aún estemos, hoy, ahora, recogiendo cadáveres y cascotes.

Una de las series que ya ha pasado a las grandes ligas, casi sin esfuerzo: Juego de tronos. Hay por ahí quien ya la compara (y los libros en que se basa) con Shakespeare.

En televisión, los americanos parten con ventaja. Los posibles referentes en analistas de ficción televisiva europeos (o asiáticos, o hispanoamericanos) o bien no los conocemos tan bien como debiéramos, o bien no existen, o bien no existen on line (lo cual, para muchos, hace que estas dos últimas opciones sean equivalentes). Por tanto, el canon que estamos construyendo en España bien podría derivar en mucho de lo que los críticos y analistas estadounidenses juzgan como bueno.

Pero si ello fuera así en algún momento de un pasado cercano, ya empieza a chocarse con las primeras disenciones o desacuerdos. En verdad, ello no podía darse del lado de los analistas más “profesionales”, puesto que en España también son pocos, y no gozan de una publicación con pedigrí, como en cine, por ejemplo, si tuvieron (y de aquel prestigio aún viven) revistas como Dirigido por. El único crítico con probada experiencia en investigación y análisis de series de televisión, del ámbito académico, además, es Alberto Nahum, autor del blog Diamantes en serie. Como caso aislado (a no ser que algún lector me remita a críticos de bagaje similar que se me hayan escapado), más que ser representativo es la excepción a la regla. En cualquier caso, Nahum suele estar muy al día de qué se escribe y cómo se reciben las principales series de televisión en la crítica del otro lado del charco (vertiente anglosajona, hasta donde he podido comprobar). De hecho, en este sentido es el único que, conociéndola bien, puede y sabe indicar contradicciones (que la crítica también tiene) y posicionarse al respecto, tanto cuanto cree que tienen razón como cuando no.

Pero en esto de la crítica de series se da una circunstancia peculiar, y tal vez significativa, al menos en España. La crítica “profesional” se ha visto sobrepasada, y con bastante velocidad, por el análisis amateur de blogueros y aficionados. Tanto es así que los que a ello quieran dedicarse o se quieran como expertos más reconocidos lo tienen ya difícil para ser referencia relevante en ese batiburrillo que es Internet. Los lectores ya tienen sus Google Readers o sus suscripciones mediante mail, o con los mil modos que haya, ocupados con sus blogueros de cabecera. A diferencia de cualquier otro posible “arte”, desde la pintura, pasando por la literatura, hasta la música, el canon en España se está ejecutando de la mano de espectadores de a pie, unos con más conocimientos que otros, unos con mejores intuiciones que otros. También hay, pero pocos y esporádicos, análisis online de profesionales de la escritura de guión, como alguno que se puede encontrar (buceando, eso sí) en Bloguionistas.

Esto origina una serie de consecuencias cuando menos llamativas.

En los podcasts sobre series de televisión, es alusión corriente (y queja amarga o irónica, según el día) cómo algunos de sus comentaristas, bien del propio podcast, bien en sus respectivos blogs, echen en cara a sus autores que “no tienen criterio”. En este post de aquí, Miss MacGuffin respondía ante quienes le acusaban de no ser objetiva. En este otro de Adriana Izquierdo para Vaya Tele, se hablaba de si, para comentar sobre series de televisión, se requería un grado universitario relacionado con el audiovisual. En ambos posts, y, sobre todo, en sus comentarios, se halla la base del debate. (Advierto, desde ya, que me conozco la malicia que corre por Internet, que no pienso en ninguna de estas blogueras como sintomáticas de lo que analizo y opino en este post).

Algunos de los críticos amateur no sólo le han ganado a los “oficiales” la atención del público. No conformes con ello, utilizan un argumento que desautoriza a estos últimos: toda opinión es subjetiva. Es más, parece que se les contagian algunos conceptos propios del marketing, y hablan de “gustos” que asimilan a aquello de los “nichos” de mercado y espectadores. Es decir, si consideran que Revenge no es de su gusto, no la indican como serie “mala”; es, tan sólo, para otro tipo de público.


No seamos ingenuos. En Estados Unidos, un debate con muchas coincidencias lo hallamos en el fandom bloguero que afronta, en literatura, los géneros de ciencia ficción y fantasía, y las relaciones, a veces perversas, que se establecen entre editoriales y blogueros.  En España, la tendencia mayoritaria bloguera (con excepciones) afronta retos diferentes pero también complejos, en cuanto al análisis de series.  

Por una parte, se dan los posts apresurados, de primeras impresiones, y que, si se desbocan un poco hacia lo negativo (y hasta cierta burla) tiene la ventaja de que generará muchos comentarios. Por otra parte, muchos de estos blogueros no son independientes sino que son contratados y pagados por cadenas/canales de blogs. Cadenas y canales que dependen de cuántos visitantes entren para hacer caja. ¿Recuerdan que hablábamos de cómo se desprestigia (con razón) la “vieja” prensa, y, pese a ello, seguimos en los mismos parámetros? Contenidos al servicio de anunciantes. Perdonan que insista pero ¿dónde está la revolución del contenido digital? ¿Por qué demandamos que los periódicos o medios convencionales sean más "independientes" de la publicidad que coarta el alcance de sus noticias y opiniones, y no hacemos lo mismo para los blogs?

Además, este camino se ha probado que conduce a uno de los problemas que desprestigió a la crítica "seria" en primer lugar. En torno a la literatura de ciencia ficción, como decía,  no son pocos los que ya han detectado que la blogosfera ha traído un relajo y un mimo escandaloso a la hora de juzgar las obras. A ratos, uno tras ir de blog en blog, se diría que todo lo que es escribe en inglés en cuanto a ese género y al fantástico es estupendo. Si en los medios convencionales, la crítica "oficial" acabó delatándose cuando veían sólo lo bueno en obras afines a editoriales participadas por el mismo accionariado dueño del periódico donde se publicaba la reseña (el caso de la sección Babelia en El País y sus crítica de libros de Alfaguara era bochornoso), en la blogosfera puede que no haya tantos intereses, pero la meta a la que tal vez se esté llegando sea la misma: la crítica complaciente. 

Existen (menos mal) blogueros que llevan en esto más tiempo (incluso antes del boom de las series) y que opinan de modo más contundente, pese a las posibles cotas de impopularidad que esto les cause. Contundente pero desde el análisis pausado y largo que permite un post en un blog. Ahí estaría una diferencia para con la crítica de periódicos o suplementos culturales que se debería explotar, Las reseñas sobre cine o libros en dichos espacios han tendido a ser tan escuetas que el autor ha ido quedando, unos voluntariamente, otros, forzados, a dar tres pinceladas, donde ya no hay contexto, ni extractos/ejemplos que prueben sus afirmaciones, y, sobre todo, no se ofrece un lenguaje más accesible (sin que requiera que se vulgarice, claro) para el público medio.

Indudablemente, que uno escriba un blog, comente en Twitter o realice un podcast con sus opiniones no merece que la usual caterva de anónimos entren e insulten. Sin embargo, cuando hablamos de que la mayoría de blogueros no son sino gente que opina, todo queda en ese terreno tan subjetivo que lo embarra todo. 

La democratización (supuesta; ah, dónde están esas revoluciones que harían cambiarlo todo) que ha traído la red de redes implica que, cierto, todo el mundo tiene ocasión, y derecho, claro, a expresar sus impresiones sobre las series que visiona. Pero, y creo que ahí estaría la clave, lo que consideramos “opinión” se mezcla un tanto demasiado con lo que no es sino una “impresión”. Por ejemplo: yo veo imposible juzgar una serie capítulo a capítulo, analizando (es un decir; no es lo que abunda) cada uno, como hallo que sucede en varios blogs o webs especializadas. Puede que la comparación contenga sus problemas, pero siempre me imagino si un blog fuera analizando un libro capítulo a capítulo, o un poema, verso a verso. Además, si el objetivo es abrir debates, estos se antojan improbables cuando se expresan juicios cerrados, que no se apoyan en datos; escenas, diálogos, planos. La blogoesfera genera un ritmo raudo que casa mal con el análisis pausado, y si hay algo que exige tiempo, y notas, son las series de televisión. 

Cada uno es libre de seguir al bloguero que más le guste, aunque cabe preguntarse si en esto no pasa como pasa y pasaba con los periódicos: que se lee y consume aquel contenido que más se acerca a aquello que nosotros ya opinábamos. Por tanto, poco de revolucionario (y de enriquecedor) tendría esto. Como comentaba ya en esta entrada de Frikiarte de Javier Meléndez, es admisible un hecho incontestable: la crítica “oficial” está bastante desprestigiada por una serie de vicios que, a veces, hasta han aumentado en los últimos años. Pero ello no es óbice para que saltemos al otro extremo, y demos patente de corso a cualquier persona que teclee lo primero que se le pase por la cabeza sobre una serie (o sobre un libro o sobre una película). O maticemos: démosles patente de corso, pero no les demos más relevancia de la que tienen. Si muchos de ellos reconocen que se basan en eso, impresiones y gustos personales y subjetivos, su calidad como creadores de opinión ya lleva una limitación implícita.

A la vez, tampoco idealicemos. No se trata, estrictamente, de ser tentados por el extremo elitista. Una carrera, como implicaba aquella petición que comentaba Adriana Izquierdo que hizo cierto blog, no te hace un buen analista (y menos con el bajón que ha dado el nivel en la universidad en España). Ahora bien, sin la carrera, y las herramientas necesarias, y sin el conocimiento de que las series (la ficción, en general) no empezaron con Lost, difícilmente habrá quien sepa analizar de forma seria. Y el argumento de que todo está ya en Internet, para ser autodidactas es una verdad muy a medias; si hablamos, precisamente, de que los contenidos de la red no están contrastados, ¿cómo va a ser fiable?

Aunque lo que de veras hace un buen analista es el estudio y la exposición a todo tipo de ficciones. No creo que sólo por haber visto muchas series seas un experto. Como decía el personaje que interpretaba Jaime Lee Curtis a su novio (en Un pez llamado Wanda), sí, éste ha leído mucha filosofía, pero no la ha asimilado. Por eso, no creo que nadie haya de sentirse dolido cuando se estima como más valedero el criterio de alguien como Alberto Nahum que el de cualquier otro bloguero. Tomen cualquiera de sus posts, y encontrarán algo muy poco habitual: hay argumentos, y hay pruebas. Por cada juicio, hay una explicación. Ahora tomen el post de cualquier otro bloguero. Verán las diferencias.

Hace poco leí este post, de un blog sobre ciencia ficción, donde su autor realizaba el triple salto mortal que no creo que vea en ningún bloguero: revisar su propia crítica... siendo crítica con ella. De paso, en el texto se puede aprender mucho de cómo se escribe una buena crítica, donde lo que cuenta es no renunciar ni ocultar que siempre hay un elemento de subjetividad, pero sin que en ello se renuncie a un análisis más lógico y distante de qué funciona y qué no, en una ficción. Por ejemplo, contextualizando. Una forma útil para detectar analistas más fiables, y, de paso, con mayores conocimientos.

"-Los monos no leen filosofía. -Sí que la leen, Otto, sólo que no la asimilan"

Por tanto, no se trata de que se tenga o no se tenga criterio, sino de cuán (in) formado esté dicho criterio.

Aun así, aguarden, porque todo esto posee alguna que otra consecuencia interesante, en particular en el modo ése en que se convierten ciertas series de televisión en obras maestras inmediatas (¡sin haber terminado aún!). Pero eso, para el próximo post.

Mientras, les dejo con un extracto de lo que afirma una analista de ciencia ficción que acabo de descubrir, bastante dura, polémica incluso, pero que no teme a llamar las cosas por su nombre, resumiendo los problemas de los aficionados que se acercan a realizar críticas (de cualquier tipo de obra"):

There´s an attitude prevalent in the western culture and specifically American culture -or, to be even more exact still, in the SFF genre: that any and all opiniones are equal, and no one is more informed than the next person, and we should take a five-year-old´s opinion on a book as seriously as anyone´s, [...] It probably has a good deal to do with the anti-intellectualism of fandom what with the instinctual recoilling from the idea that some invididuals are better informed or more experienced than others, and therefore may produce criticisms proportionally more worthwhile. This also solidifies the attitude that there are no good or bad writing and that everything is subjetive, and "I like this" becomes confused with "this is good". A conviction that you too can be right, absolutely right, just like those snobbish ivory-tower types.[...] `Having standards? That´s elitist bullshit, you jerk.´"

(Traducción)

"Existe una actitud que prevalece en la cultura occidental y, específicamente, la cultura norteamericana -o, para ser más exacto aún, en el género SFF: que todas las opiniones son iguales, y nadie está más informado que otro, y deberíamos tomar la opinión de un niño de cinco años de edad sobre un libro tan en serio como la de cualquier persona. [...] Probablemente tiene mucho que ver con el anti-intelectualismo del fandom, y con el retroceso instintivo ante la idea de que algunas personas están mejor informadas o tienen más experiencia que otros, por lo que pueden producir críticas que proporcionalmente tengan más valor. Esto también se consolida con la actitud de que no hay escritura buena o mala y que todo es subjetivo, y "Me gusta esto" se confunde con "esto es bueno". La convicción de que tú también puedes tener razón, toda la razón, al igual que los tipos esnobs de la torre de marfil. [...] `¿Tener criterios? Eso es mierda elitista, imbécil´."

sábado, junio 02, 2012

¿QUÉ DEMONIOS QUIERE EL ESPECTADOR? (II): ESPAÑA


Como decíamos en el anterior post, no parece que el marketing en torno al audiovisual haya resuelto la cuestión que trae de cabeza a programadores (cuando se trata de televisión) y a productores (cuando se trata de cine). En verdad, hay que reconocerle a los estadounidenses los avances en este sentido, y, sin embargo, todos los años hay obras procedentes de su país que no triunfan. De hecho, hacen lo opuesto: fracasan. Los últimos casos: John Carter o Green Lantern.

Por tanto, pareciera que esta supuesta ciencia, el marketing, despliega tantos agujeros en su teoría como la de una hermana suya: la economía.

Vayámonos de paseo por el cine español, ampliando lo que se trataba en este post de Guionistas VLC.

Ya se habló en su momento en las redes sociales y en otros lugares: ¿por qué una película de Nacho Vigalondo, con una masa suficiente de seguidores, luego no recibe el apoyo en salas y taquilla? ¿Quiere decir que Twitter no significa, como muchos apuntan, apenas sino una pequeña porción de población? Tal vez. Aquí les dejo con un artículo muy relevante en torno a ello, de un periodista de La Opinión de Málaga.

Lo mismo se podría decir de la última cinta de Álex de la Iglesia. Tras comentarios, alabanzas, coros (a ratos un tanto exagerados) a su persona por sus declaraciones sobre la Ley Sinde… su película sólo la ha visto una audiencia limitada. O bien la gente es hipócrita, o bien los que apoyan ciertas actitudes en la Red luego no van al cine. El hecho es que la última obra de Icíar Bollaín ha tenido más éxito en taquilla, cuando esta directora había sido denostada en casi cualquier rincón de Internet.


Comparación entre recaudación de La Chispa de la Vida y Katmandú.

Posibilidad: no tenemos ni idea de qué ha sucedido. No tenemos ni idea de por qué una película funciona en taquilla (o en cualquier otro actual modo de consumo).

Red Lights sí ha ido a verla la gente. ¿Una cuestión de marketing? En este caso, es probable. Puede que un cartel que indique “Robert de Niro” y Siguourney Weaver” ya espanta esa etiqueta tan peliaguda de “cine español”.

¿Pero y en el caso de la película de Benito Zambrano? Una historia nada menos que ambientada tras la guerra civil. Muchos apuntan a la reiteración de temas en el cine español, pero luego el hecho es que estas obras tienen un público suficiente. No espectacular; pero sí suficiente. Ahí tenemos el caso de Las Trece Rosas, hace unos años, con una cantidad de espectadores respetable. ¿Y entonces? ¿Cómo espera ese público que quiere un cambio en los temas y los géneros que los productores escuchen, si luego este deseo no se refleja en la taquilla?


Resultados de taquilla de La Voz Dormida en su primera fin de semana. Todos los datos, de la página, Box Office Mojo.  


Las Trece Rosas, una de las películas españolas con más éxito en taquilla, en 2007.

Visto así, se tiene la impresión de que los que (tan fácilmente, sin mucha reflexión/conocimiento del tema) proponen y hasta gritan (por su tono) en infinidad de blogs y foros que ellos sí saben qué necesita el cine español olvidan un detalle. A todos nos sucede. Todos tenemos ideas, respuestas que creemos claras, y que funcionarían. El matiz estaría en creerlas definitivas... sin contrastarlas un poco con los datos objetivos. Lo que uno desea no es lo que la realidad luego refrenda. Puede que ellos deseen que el cine español use unos géneros y no otros; pero no existe una regla de tres por la que ese deseo posea un componente científico.

Por otra parte, existe otra explicación plausible. La gente que anima a De la Iglesia, que denosta el cine social o "de guerra civil", que pide cine de género no acude a las salas para no seguirle el juego a la distribución y exhibición tradicional. Si fuera el caso, es coherente con esas posiciones que tan vehementemente defienden. Ahora bien; en tanto que no entran en el juego de la industria audiovisual, sería mejor que fueran conscientes de que así es imposible que ésta les preste oídos. Si no se contabilizan sus entradas, los productores seguirán haciendo caso del hecho objetivo: en su primer fin de semana igual vale una película "de género" como Xp3D, que una película "típica" del cine español. Y, en algunos casos, incluso una de estas últimas recauda, al final, más que dicho cine "de género".

Detengámonos un poco más en esto del género. Otros hablan de que no se cuida en la industria audiovisual española, y piden más de ello. Incluso un nuevo lugar al que enviar guiones, Box Office Script, colgó en su twitter lo que pedía (lo extraigo del post dedicado al tema, en Guionistas VLC)


Bien. La pregunta es ¿a qué se refieren exactamente con "cine de género"? Cuando esas personas lo indican como salvación del cine español y como posible respuesta a que se recaude más en taquilla... ¿a qué género exactamente se refieren? Porque ya se hacían películas de género. Comedias, por ejemplo. Todos los años. O dramas. En cuanto al terror, no es que nos falte. De hecho, sobre todo de cara al exterior, este género ya casi se ha levantado como un tópico (tal vez porque su tradición ha arrancado desde lo comercial e industrial, y no de los autores en sí) de lo que se produce aquí. Pero a veces funciona, a veces no. La trilogía Rec ha sido muy exitosa, aunque la tercera entrega se sitúa a mucha distancia. ¿Ironía para los deseosos de explicaciones de marketing? Que seguramente ha sido la que más dinero ha invertido en publicitarse.

Por otra parte, parece una broma que muchos jóvenes demanden que el cine español explore otros géneros, y luego apenas nadie vea Eva, de Kike Maíllo. Aparte de que sea o no “buena” o “mala” (aquí esto es irrelevante), miren su recaudación del primer fin de semana. Ciencia ficción en una película española. Nada menos. Con efectos especiales y una calidad de producción muy cuidados. Pues tampoco. De hecho, en su primer fin de semana recaudó menos que La Voz Dormida en el suyo (que veíamos en el gráfico más arriba). Les guste o no a ciertos articulistas o blogueros o expertos en marketing el cine "de la guerra civil" ganaría en taquilla al cine "de género" (uso las comillas con intención; ya sabemos que a estas clasificaciones se oponen muchos matices).


La semana que se estrenaba Eva, La Voz Dormida continuaba recaudando dinero en un buen puesto. 

¿Será que la gente, en las redes sociales, en las conversaciones en los bares, en los comentarios en las revistas y periódicos que tratan los estrenos, dicen que quieren una cosa, y luego consumen otra? Si es así, o si bien se trata de que lo consumen mediante descargas “alegales”, entonces su eterno lamento está fuera de lugar. A ratos, se similar a cuando se llora la pérdida de Público o de CNN+. Si nadie lo consume, si tú mismo, que estás quejándose en Twitter o Facebook, o en el bar, donde sea, luego no compras ese periódico o ves esa cadena… ¿de qué te quejas?

Esto conduce a la misma contradicción de pedir (más bien exigir) que las series españolas sean tan “ambiciosas” (tan cuestionable esa calidad dada por sentada en este caso) como Games of Thrones, pero al tiempo se perciba como innecesario que alguien pague un presupuesto no ya igualable sino suficiente. Y que dicho pago pasa porque alguien vea esa serie “innovadora”; que la consuma, para que la cadena gane dinero, para que pague dinero a la productor, para que pague dinero desde el guionista hasta el decorador pasando por el editor.

¿Serán, pues, dirán otros, los actores, las celebridades? Tomemos el caso de Xp3D. Amaia Salamanca y otros actores populares en su casting. Género: terror, con su subgénero de tipo slasher. Un experto en marketing diría que es la fórmula perfecta. Un target definido, un género que el primer fin de semana suele funcionar, caras conocidas en su reparto. ¿Resultado? Una cantidad de euros en taquilla similares a los de los estrenos del cine español "convencional". Xp3D recaudó más o menos igual que Katmandú o que La Voz Dormida. ¿Para este viaje, tantas alforjas?



Hallo que la palabra “ironía” continúa siendo la más definitoria. Lo que es probable que un productor o un experto en marketing nos planteen, en reuniones surrelistas o paternalistas, cuando presentemos un guión, se cae por su propio peso. ¿Por qué gastarse tanto dinero en supuestas primeras figuras si luego no aseguran el éxito? Mario Casas puede que haya traído espectadores a Grupo 7, como Robert De Niro y (menos) Sigourney Weaver a Red Lights. Pero a cada ejemplo de éxito que el productor o experto en marketing nos desglose como motivo por el cual  nombres conocidos (antes que buenos actores) son mejores para la taquilla podremos contraponerle ejemplos de fracasos. Es el caso de Xp3D, pero también el de Carne de Neón, que también contaba con Casas. 

Nadie sabe nada nunca. Y yo diría que los expertos en marketing o bien tienen que hacer todavía muchos deberes para un análisis que sean más matemático; o bien deberían estudiar modos de comercializar los productos de la forma más apropiada. Es decir, al contrario de eso que contaba David Muñoz en este post. Se refería a una experiencia suya en la cual fueron, en parte, los expertos en marketing los que indicaron no ya el género sino incluso detalles del guión.

Esto, además de una intromisión (peligrosa por cuanto ya hay bastantes intromisiones en la creación de una película con los productores), es de una inutilidad aplastante. No basta con esa vieja cantinela paternalista que antes se escuchaba de la mano de algunos productores, de “nosotros sabemos qué vende”. Porque igual de falsa es cuando sólo se utilizan datos parciales, y teorías nada científicas.

Es como si los creativos publicitarios o los publicistas, en general, le dijeran a sus clientes qué productos han de producir, y, por ejemplo, a qué valores deberían asociarlos. El mundo al revés.

¿No sería el modelo de experto en marketing el que vende bien, buscando, investigando, trabajando, cualquiera que sea el producto? 

Las fórmulas de suma de elementos llevan existiendo hace mucho tiempo. Asimilada por la misma crítica (llamémosla así, aunque nos referimos a revistas como Fotogramas o Cinemanía), en muchos pitchings en EEUU los high concepts de las películas se definían sumando éxitos anteriores. Aquí, esas ideas (por llamarlas de alguna forma) seguramente también funcionaban, sólo que eran las maneras peregrinas de ciertos productores.

La diferencia ahora estriba en que la fórmula (que pese a su nombre confunde: no tiene nada de matemática) la proponen los expertos en marketing.

Mientras tanto, el debate sigue abierto. Las preguntas son muchas, y los datos y los ejemplos indican conclusiones contradictorias. El cine malo triunfa a veces, el cine malo fracasa; a veces el cine bueno funciona en taquilla; a veces no. A veces las películas crean tendencias y no se pliegan a tendencias anteriores. David Muñoz también comentaba que en su día presentó una historia de vampiros, y se la echaron para atrás: “no estaban de moda” justo antes de Amanecer. Por el contrario, y ello produce cuando menos dudas, películas con un éxito internacional y avasallador no son asumidas por estos expertos en marketing. No se imitan; no se toma nota de las posibles enseñanzas que dichos éxitos pudieran traer.

Como bien indica en este artículo Scott Mendelson, ningún gran estudio prestó atención cuando un super héroe se incluía en una historia adulta y oscura… y lograba miles de millones por todo el globo. 



¿Será que hay "fórmulas" que interesa copiar y fórmulas que no? Y si no lo hacen en Estados Unidos, me temo que aquí, por inercia, no irán los tiros por diferente camino. Confiemos en que las nuevas generaciones de expertos en marketing tengan la honestidad para saber que lo suyo no es una ciencia, y la valentía para asimilar eso que tanto nos cuesta tanto a todos (a los guionistas también). 

Nadie sabe nunca nada sobre qué puede triunfar. 


sábado, enero 29, 2011

PREGUNTAS, PREGUNTAS: LA LEY SINDE (III)

Porque hay temas sobre los que no sé. Es decir, admito mi desconocimiento, pero también espero que mi propia curiosidad haga reflexionar un tanto. Digo yo que responder implica tomarse un momento más que, digamos, esa inmediatez que da el twitter.

- ¿Por qué es más fácil que un juez secuestre el Jueves que bromeaba con la familia real, que que cierre una web que se lucre con el trabajo ajeno?

- ¿No hay posibles controles jurídicos para que cualquier ley que proteja los derechos de autor en Internet no implique ese riesgo para que gobiernos o políticos puedan censurar?

- ¿Por qué los productores o los distribuidores españoles no atienden a las sugerencias de los que, al fin y al cabo, será su público, y plantean ideas al Ministerio de Cultura (bajar el precio de las entradas; DVD´s o Blue Ray´s más baratos o con mayores contenidos que muevan al consumidor a preferirlo a su versión "pirata")? ¿Por qué se conforman con las migajas que se supone que la Ley Sinde les conseguirá (si de veras fuera a funcionar), cuando el beneficio (también supuesto) sería para las mayors americanas?

- Si de verdad se quiere proteger la industria audiovisual española, ¿por qué el PSOE o el PP no proponen medidas más efectivas? ¿Por qué no el mismo proteccionismo que ejecuta Estados Unidos con su cine (imponiendo sus estrenos fuera de su territorio, pero dificultando los estrenos extranjeros, impidiendo por ejemplo el doblaje)? ¿Por qué no imponer mayores cuotas de doblaje, idea que ya tuvo Pilar Miró, para dificultar la avalancha de estrenos americanos?

- ¿Por qué tanta prisa por aprobar la ley Sinde, cuando queda suficiente tiempo para que acabe la legislatura del PSOE? ¿No hubiera sido mejor encontrar puntos comunes, debatir, darle tiempo? ¿Cómo es que PP, PSOE y CIU han descuidado el coste electoral?

- ¿Si alguien publica en su web o blog un enlace a contenidos de grupos nazis que, por ejemplo, nieguen el Holocausto (que lo nieguen en serio, y no como hizo, a modo de broma y provocación hace nada Nacho Vigalondo), puede intervenir un juez y cerrarla?

- Si muchos contrarios a la Ley Sinde admiten que hay lucro en algunas webs de enlaces (el propio Ignacio Escolar) ¿pueden explicarnos cómo es que ningún juez ha podido demostrarlo hasta ahora?

- ¿Por qué se incluye en el debate a la (vade retro) SGAE que en esta historia no ha tenido nada que decir? ¿Por qué nadie suele admitir que el canon digital no es que Europa haya dicho que sea ilegal, sino que es ilegal en la forma en que se aplica en España? ¿Nadie sabe que hay canon digital en toda la UE?

- ¿Cuáles son los límites de la libertad de expresión?

- ¿Por qué es la misma Internet (muchos comentaristas; muchos foros; muchos twitters) los primeros que se echan al cuello de quien exprese su opinión personal, como lo ha hecho Javier Bardem o su madre? ¿Si no se puede disentir sin insultar, para qué queremos la libertad de expresión?

- ¿Por qué los autores (algunos autores) no han comprendido el ardid de las distribuidoras, las mayors americanas y las teleoperadoras que prestan servicios de Internet? ¿Por qué no se han preocupado de cribar los argumentos estúpidos (que los había) de algunos internautas y fijarse en los que sí tenían sentido?

- ¿Por qué el público piensa que los autores son todos millonarios y que viven de subvenciones? ¿Por qué la gente no insulta a los mineros, los agricultores, los empresarios, los vendedores de coches, o sea, todo el que vive gracias a subvenciones?

- ¿Por qué el público identifica "autor" con "director" únicamente? ¿Nadie sabe que un guionista es tan mileurista, en general, como el que más? ¿Piensan que los directores son todos Almodóvar?

- Si el objetivo primario de Internet es la comunicación, ¿por qué se parece tanto al gallinero de monólogos opuestos a escuchar que vemos en el mundo político?

- ¿Si algo no ha sido condenado por ningún juez hasta ahora significa que es legal? ¿Puede ser que aún no hay suficiente jurisprudencia? ¿Puede ser que los jueces aún no comprenden Internet?

- ¿Si un hecho no obtiene respuesta jurídica, será que la ley (en general) no ha sido actualizada? ¿Debería revisarse, como pide Ignacio Escolar, el tema de los derechos de autor? ¿O sólo el tema legal y jurídico propiamente?

- Si algo es legal en España, pero no en Francia, o en otros países, ¿cómo juzgamos el hecho en su sentido ético? La pena de muerte es legal en muchos lugares. La homosexualidad es ilegal en tantos otros.

- ¿Si algo nos parece caro, lo robamos? ¿No basta con no comprarlo? ¿Es muy ingenuo hablar de ética (estoy pensando en Kant)?

- ¿Por qué escribimos posts en los blogs sobre la Ley Sinde si al final no los leen quienes debieran, y no empuja ni ayuda al debate?

No son, al menos del todo, preguntas retóricas. Luego, pediría sus comentarios y sus aclaraciones. Con respeto, por favor.

domingo, diciembre 26, 2010

LEY SINDE (I): ¿ES POSIBLE EL DEBATE EN LA RED?

La Ley Sinde me ha ocupado horas en Internet, y algunas conversaciones recientes. Me he frustrado, me he enfadado, me he obcecado, me he calmado, he escuchando, he matizado y he aprendido. Pero ahora quiero hablarles de un tema perpendicular al que he retornado a partir de todo lo sucedido con esta ley. Es algo que me viene preocupando desde que soy más activo en el universo 2.0; este sistema de comunicación complejo, maravilloso, pero, también, acrítico, y no libre de esquinas oscuras.


Ante el tópico, no sé seguro si hay tal abismo entre nuestros mayores, y los más jóvenes, en cómo observan y juzgan las nuevas tecnologías. Sí sé que yo, por edad, y por actitud personal, estoy un poco entre medias. He leído suficiente ciencia-ficción (no olvidemos que es un género narrativo donde justo se cuestiona el efecto de la tecnología en el ser humano) para desconfiar de los avances, y no necesito el adjetivo geek para reafirmarme (al igual que tampoco se me ocurre usarlo para el insulto). Al tiempo, no vivo en una cueva, mi profesión me empuja a que conozca y maneje nuevas herramientas cada día, y tengo mi hueco en las redes sociales.

A partir de lo que ha sucedido con el SindeGate, Twitter ha probado que entre sus ventajas no está la de la promoción del debate. Y eso, pese al esfuerzo de Alex de la Iglesia, que, por cierto, tal vez genere en próximos tiempos una tendencia interesante: el autor que dialoga de modo directa con los posibles consumidores de su obra.

Pero, en general, en Twitter prima la inmediatez y no el diálogo. Es parte, claro, de su función primera; se suponía que sería un instrumento dirigido a que cualquier persona fuera una especie de informador independiente de la realidad. Como la propia blogoesfera, el invento parecía un paso más en la democratización de unos medios que ya no se encontraban en manos de unos pocos.

Por supuesto, como en cualquier obra de ciencia-ficción, las creencias positivistas chocaron pronto con el hecho. Las herramientas no tienen por qué cambiar el paradigma de pensamiento. Es más, pueden incluso sancionarlo.

Primera posible conclusión: la Red era y es donde estaba el debate, y, por el contrario, y por ilógico que pueda parecernos, no era y no es el espacio donde alcanzaremos acuerdos, y comprenderemos las posturas más encontradas.
Twitter pero, en parte, también los blogs, han sufrido una curiosa y quién sabe si contradictoria evolución. El primer cadáver ha sido aquello, aparentemente, tan poco propio de nuestros tiempos: la objetividad. Los críticos literarios ya lo contaban hace no poco tiempo, esta posmodernidad (o incluso posposmodernidad) no facilita los discursos donde habite "LA" verdad. 

Este concepto ha estallado; se ha hecho pedazos. Los twits permitirían, en principio, que hubiera mil informaciones o datos, cien mil, millones. Pero lo que ahora hay, sobre todo, son mil “verdades”. Cien mil. Millones. La verdad de cada twitero, de cada bloguero. Ahora bien, cuando hablamos de arte, entendemos que el discurso es subjetivo - incluso que debería serlo-. ¿Pero, y la información?

La información ya no cuenta, o no tanto. Apenas nadie cree ya en el reporte de la realidad con distancia, análisis, constatación de hechos. Racionalidad. Puede que los medios de comunicación lo hayan propiciado. Al fin y al cabo, si Veo7 sigue insistiendo en su verdad sobre el 11-M, si en los adjetivos de los textos que lee los presentadores de los informativos de televisión ya hay punto de vista, si en los redactores de periódicos se incluyen juicios de valor… ¿por qué el ciudadano va a ser menos?

El trabajo de Wikileaks, además, ha confirmado en negro sobre blanco lo que sospechábamos: a los políticos, de uno u otro país, tampoco les importa la verdad.

Sumemos a esto, la propia velocidad de nuestro siglo XXI, la vida cotidiana, e Internet como medio de comunicación. Hay prisa por “producir”; el número de twits es relevante y un blog que no se renueva se arriesga a que el Google Analitycs informe de tu decadencia. Por tanto, en Twitter los Trends Topics comienzan a ser reacciones a los eventos, y no reportes de dichos eventos, da igual que sea un partido de fútbol, unas declaraciones en la televisión, o una ley que planea un gobierno.

En pocos caracteres, lanzamos nuestra opinión. La gritamos, con más o menos gracia. Hacemos chistes. Nos hacemos oír justo por nuestro sentido del humor, nuestra mala leche; nuestra subjetividad.

No hay tanta diferencia con los blogs. La mayoría incluyen en sus posts tal número de faltas de ortografía que uno sospecha de la misma inmediatez (aunque seguro que nuestro sistema educativo, que no origina adultos que lean y comprendan textos, no es inocente). Escribimos lo que pensamos sobre una película, un libro, un gobierno en la plantilla correspondiente, y, sin revisarlo, lo enviamos a la Red: sin pausa para la distancia, el contraste de los hechos, sin apoyo para nuestras conclusiones.

Es cierto. Hay un matiz. En un blog sobre cualquier forma de arte, uno supone cierto grado de subjetividad, igual de detectable que la crítica de literatura o de cine. ¿Pero, y un blog que juzgue “la realidad”?

Porque, al cabo, esta velocidad está acabando con el concepto de opinión. Para que nuestra opinión tenga validez ética debe ser justamente más que una impresión. En democracia, lo sabemos, todos tenemos derecho a decir cuanto nos venga en gana. Sin embargo, aunque en su derecho de expresarse, las impresiones no son opiniones. Para una opinión se necesita un análisis más racional, una revisión de hechos, y algo que apoye el juicio.
 
Y la velocidad también se cierne sobre la propia lectura de los blogs. A diferencia de la letra escrita en papel y del ensayo “convencional”, los textos on line animan a que leamos de manera rápida, casi urgente.

Segunda posible conclusión: Internet refuerza nuestra individualidad, nos hace a todos “autores” en cuanto a subjetivos, pero no apoya, sin embargo, la comunicación real; esto es, el intercambio de puntos de vista sopesados e informados.

Para colmo, aquí que viene otra contradicción. Si de veras la objetividad saltara por los aires, sería radical, hermoso, terrible, revolucionario, pero su consecuencia lógica no encaja en el discurso del 2.0. Quien han encontrado esa especie de única verdad que es que no hay verdad única pueden darse al cinismo, al silencio, al suicidio o a la locura. Nada de esto da lugar a un blog, y no parece que lleguemos a leer a un interno psiquiátrico twittear su desesperación.

Ni siquiera tiene su sitio, aunque lo parezca, el primer elemento, el cinismo. Tendría que ser auténtico, rabioso, y el que se halla en los blogs es relativo. Y convenido, cuando se trata de aquellos blogueros que critican a alguien en concreto y no se identifican. Tanto como los que destrozan autores y libros o despedazan películas, protegidos también por alias.

En esto, miren ustedes por dónde, somos más cobardes que esos “padres” en lo comunicativo: al menos, los periodistas firman sus artículos.

Tal vez sea el comprensible miedo a represalias en lo laboral y profesional. Pero también quizá sea ese otro elemento incompatible con el cinismo descreído de verdad: la necesidad de seguidores de tus twits o tu blog.

Tercera posible reflexión: esa individualidad no “mola” ya que no nos da nuestro papel en el mundo virtual. Tenemos que pertenecer.

Aparte del detalle pecuniario de los banners en los blogs, lo que resulta tema de análisis para sociólogos, psicólogos y psiquiatras es esa doble dirección: nuestras impresiones (que no opiniones) las lanzamos al 2.0. pero no para ser individuales de veras, sino para adscribirnos a un grupo.

Tal vez sea otra enseñanza de esos malos ejemplos que han sido nuestros “padres” en esto de la comunicación: los medios convencionales. Ahora bien, aquí nadie ha matado al padre, sano ejercicio; nos bastamos con burlarnos de ellos… para acabar haciendo lo mismo.


Un periódico con público de una ideología concreta elegía y elige sus noticias para que su lector potencial se sienta reafirmado. En los blogs y y twits mucho de esto se repite, con un automatismo no precisamente crítico.
 
Cuando esa realidad “real”, que llamaremos realidad A, se define por una política donde todo se ha convertido en una pelea entre seguidores que más parecen de equipos de fútbol que de ciudadanos pensantes y con criterio propio, la realidad de Internet, la virtual, la que llamaremos B, no ha escogido la oportunidad para rebatirlo o criticarlo. Luego, por suerte o por desgracia, como antes mencionaba, y en contra de lo que seguro que algún visionario quiso ver, la realidad B es muy similar a la A. Con sus mismos vicios.

Por ejemplo, pensemos en los abonados a la teoría de la conspiración, invento y filosofía de vida tan arraigado en Estados Unidos. Desde esas milicias fascistoides en diversos estados que se oponen al gobierno federal, hasta los frikies que desconfían de cualquier discurso gubernamental (la llegada a la Luna o los Ovnis), pasando por los hackers que atacan el sistema (ya sea la administración republicana o demócrata), porque lo estiman poco honesto. 

Aquí esto nos ha llegado de mano, de nuevo por los medios españoles. Y empieza a configurarse como significativo: ¿todo lo heredamos? ¿La 2.0 no crea tendencias si no vienen, antes, pergeñadas por sus “padres” en lo comunicativo? Con la particular aportación pionera de El Mundo, ya estaba creado el (mal) ejemplo.

Veamos, pues. Si aceptas esta actitud conspirativa, siendo consecuente, desconfiarás de cualquier ley, propuesta, o hasta frase que exprese un político. Se ha visto en el tema de la ley Sinde. Según quién la leyera, se concluía algo diferente. ¿Cómo es posible? Pero claro, un texto legal siempre ha dado lugar a interpretaciones. Que se lo digan a los jueces.

De todos modos, como muchas de las importaciones que hace España de los Estados Unidos, lo asumimos de la forma equivocada. Aquí no se observa una anarquía verdadera. Aquí creemos en la teoría de la conspiración que plantea la ideología en la que ya creíamos.  Si eres de un partido, creerás en todos los cables del Wikileaks que prueben la incompetencia o el engaño del partido opuesto. Si eres un creyente en la entelequia del liberalismo y el mercado, nunca darás crédito a la conspiración que señalan los partidos de izquierda acerca del creciente conservadurismo que nos están imponiendo.

Luego, no se cuestiona el sistema. No somos, por favor, ni cercanos a lo que hace y piensa Julian Assange, tan ingenuo como consecuente. No estamos expandiendo la realidad A por medio de la B; la red 2.0. sólo es un eco de lo que ya conocíamos. 

Porque el relativismo absoluto es indigerible. Es incómodo. Si ya creíamos que los controladores eran culpables de todo, ¿para qué vamos a leer (pero detenidamente) su punto de vista?  ¿Para qué, si luego escuchamos al Gobierno, pero también a los medios (también los de izquierda) que hablan de unos sueldos y los controladores, de otro? ¿Para qué, si, siguiendo esta dinámica, acabamos dudando de todo, un poco locos, y preguntándonos cómo demonios sabremos la verdad?

Si creemos lo que ya creíamos antes de que nos den datos y argumentos, en función de nuestro ego o de nuestra adcripción a un "grupo", tendemos a los mismos problemas y necesidades de nuestra frágil psicología (parece mentira en pleno siglo XXI, pero aún Freud tendria mucho que decir de las neurosis de los blogueros). Y, como sociedad de un momento histórico concreto, parece que las reglas del sistema, económico, político, han hecho bien los deberes, y se las han arreglado para que no sea imposible, incómodo o demasiado sacrificado (el esfuerzo tampoco "mola") para ese anarquismo real de la individualidad verdadera.

La red 2.0 prueba que esa libertad de expresión que tanto queremos proteger ya es inofensiva sin que se le coloquen “puertas al campo”. Si no somos libres para creer en la versión de otro, o para la modestia, la admisión del error, y hasta la matización de nuestras posiciones, ¿para qué queremos la libertad de expresión?
 
Este gran derecho tiene como objetivo que todos los ciudadanos puedan intercambiar datos y opiniones (argumentadas) de forma que todos y cada uno adquiramos un juicio más completo. No “la” verdad, sin duda, pero sí algo más cercano a ella; o cuando menos esa verdad en formación, esa verdad como camino de la que hablaba Antonio Machado. Sólo así, a la hora de la democracia, podremos votar con conocimiento.

Aquí, unos enlaces muy interesantes para saber más sobre los blogueros que crean opinión, pero que mienten tanto o más que los medios de comunicación convencionales.

http://cambiosocialya.wordpress.com/2010/10/20/blogeros-ilustres-y-medios-de-comunicacion/#wpl-likebox
http://clondans.wordpress.com/2010/04/27/efectivamente-mentira-dans-vuelve-a-manipular-los-datos-del-cine/

http://mcarmenandres.wordpress.com/2010/12/21/las-mentiras-del-informe-del-gobierno-posted-by-enrique-dans/

http://cambiosocialya.wordpress.com/2010/01/07/dans-y-alonso-piden-libertad-de-expresion-y-censuran-en-sus-blogs/