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miércoles, abril 27, 2011

GUIONECES: CONFLICTOS Y PROTAGONISTAS (II). HÉROES O SEMIDIOSES

No es sencillo crearle al protagonista de un guión un conflicto que sea, a la vez creíble, y que sea de veras conflicto como tal: que le plantee dos posibilidades "imposibles", que cada puerta, cada camino,  signifique un precio, un sacrificio, un efecto emocional sobre el personaje y su evolución. Tanto es así, que la ficción televisiva, que tiene ese punto de premura, de dependencia de audiencias, y de renovaciones que llegan o no, ha optado, en muchas ocasiones, por un camino digamos más sencillo o más obvio.

¿Que las productoras, las cadenas, supuestamente el público, exigen conflictos "más grandes que la vida"? Busquemos protagonistas excepcionales, en el sentido literal de la palabra. Personas con las que nosotros no tenemos mucho en común.

Esa necesidad de fidelidad con esos famosos “stakes”, que tienen que estar bien altos, las expectativas, el riesgo, están haciendo que algunas ficciones recurran a unos protagonistas, unos héroes, que rozan aquellos mismos de la mitología griega. Y también en cine.

Jason Bourne. Nikita. James Bond. Jack Bauer. El protagonista de Human Target.

Conocen todas las armas. Saben de todas las estrategias militares. Son fuertes, ágiles, inteligentes, y muy resistentes al dolor físico. En cierto momento del capítulo 11 de la primera temporada de Nikita (The CW, 2010-2014), la protagonista se libera, con una fuerza casi sobrehumana, y se le añade una música con coros, como viene siendo habitual en la épica.


Así escapa Nikita de sus cadenas. Junto al tema musical que surge, estamos casi ante un super héroe.

Con este tipo de protagonistas, en los guiones esos riesgos, esas amenazas, parecen más apropiadas. Al tiempo, también parece más consecuente y verosímil que sean capaces de afrontar conflictos “fuertes”: evitar un golpe de estado, salvar el país, impedir una masacre terrorista.

Es decir, parece que se ha acabado el tiempo del average middle man que se encontraba ante una situación imposible, al modo, se me ocurre, del protagonista de North by Northwest. Hoy día, parece que nos dicen estas ficciones, nadie se creería que un tipo cualquiera sea capaz de enfrentarse a conspiraciones y a los villanos sólo con inteligencia. Es, pues, el tiempo de los espías, los agentes secretos, los asesinos profesionales, los soldados. 

También esta promo de Human Target hay coros en la banda sonora.

Ignoro si esto es bueno, si es malo, o si es prueba de algún tipo de efecto sociológico. Lo que sí creo es que, por equilibrio, los guionistas necesitan acercarnos estos seres tan lejanos en sus cualidades físicas y mentales.

Una vez escuché que Jack Bauer era un héroe “del sistema”, que justifica la tortura, el espionaje y todo ese imperialismo yankee que tanto gusta criticar en estos lares.

Esta promo de la Séptima Temporada insiste en ese lado del personaje de "duro" sin matices. Tal vez la propia Fox desconozca en realidad los giros que ha vivido Jack Bauer. O no desee "anunciar" un héroe con debilidades.

Vistas las últimas temporadas, yo, en cambio, encuentro a un tipo que, de acuerdo, tiene más vidas que un gato; pero al que le traiciona su presidente (ya lo había hecho en la quinta temporada), al que su inexplicable (incluso para él) sentido de cumplir órdenes le lleva a quedarse sin familia, a arrestar a su único amigo, y a seguir embarcándose en cruzadas que no son suyas. De hecho, hacia el final de la última temporada, Jack Bauer por fin ejecuta un plan propio: y es una venganza tremenda, violenta, sanguinaria. Y lo peor es que este "monstruo" lo han creado otros. Si somos políticamente correctos, odiaremos cada muerte que cause; si atendemos al desarrollo de la ficción, entendemos que Bauer no tenía tan fácil una opción diferente.

Pese a esas capacidades de super héroe o de semidios, Jack Bauer sufre y mucho. Y toma decisiones que nos asquean (y los guionistas no son estúpidos: tienen a bien darnos un personaje testigo que se asquee con nosotros), nos hacen dudar, nos vuelven problemático que sigamos a este protagonista como nuestro “héroe”. En Estados Unidos los temas de las torturas y el terrorismo y los servicios secretos y su necesidad o sus límites están en la prensa y en la calle: la ficción popular, el cine, las series de televisión, los recoge y narra. ¿Se requerían tantas temporadas? ¿Todas las temporadas tratan estos temas con igual intensidad o con giros más o menos interesantes? Serían otras cuestiones. 

Harry el Sucio, héroe de los setenta, era rudo y era “fascista” pero sin dudas, y sin apenas sufrimiento. Puede que los tiempos no hayan cambiado tanto, y se siga indagando en nuestra bajas pasiones, ofreciéndosenos un héroe que dispara primero y pregunta después, o aquello de la venganza por encima de la ley. Sin embargo, será quizá porque los autores han vislumbrado que tenían que acercárnoslos, estos seres de la ficción de hoy son más humanos.

A Jason Bourne le torturan sus asesinatos pasados, y aquella segunda parte le exigía, al final, una travesía hasta Rusia sólo para pedir perdón. El protagonista de Human Target se culpabiliza por sus tiempos de asesino, que intenta equilibrar con sus servicios actuales como guardaespaldas.

Dejo a otros los análisis ideológicos o políticos. Sin embargo, intuyo que no es tan sencillo que sea ésta una estrategia de justificación del “gran héroe americano”. Hasta el gran Imperio tiene, en todo caso, crisis de conciencia. 

En Nikita, un tema constante (mejor o peor tratado sería otra cuestión) es el efecto del asesinato; en las psiques de los protagonistas, pero también en las propias víctimas. En un próximo post, veremos cómo esto puede convertirse en una ventaja para los conflictos en lo narrativo y en lo dramático; en las tramas episódicas o stand alone plots y en las tramas generales (que otros autores denominan background plots).

viernes, septiembre 08, 2006

Déjà vu en la Caja Tonta

Finaliza el verano, pero no los calores, de modo que la nula brisa causa que uno regrese a las tentaciones de la televisión, a modo de somnífero en la larga noche estival. Entonces, consulto la programación y, de pronto, me tengo que alegrar. He cumplido años, pero es un hecho que, si no se publicita, tal vez no se haga realidad: y la realidad televisiva permite creer que el tiempo no pasa. Que todo se repite.


Gran Hermano 8, Hospital Central, Cuéntame, Aquí no hay quien viva...

Comprendo y asumo (no con igual resignación a toda hora del día) que Estados Unidos es una potencia inalcanzable en cuanto a contenidos audiovisuales, y que sí, de acuerdo, España hace lo que puede. No, esperen. Es esta parte del razonamiento el que no me convence.

Si hablamos de producción, esto es, de cuánto dinero se gasta una productora (y la cadena que la contrata) para la realización de una serie, no se crean: Cuéntame tiene un presupuesto de aquí te espero.

Si hablamos de "lo que el público pide", nos situamos en una reflexión un tanto maniquea. La gente consume, por suerte (para las cadenas) y para desgracia de los propios espectadores, todo lo que le echen: para lo bueno y para lo malo.

Es cierto que Hospital Central, Los Serrano, Aída, etc, registran unos datos altos de audiencia. Pero, aparte de mis dudas sobre el nunca cuestionado método para dicho registro, ¿no es también verdad que Mujeres Desesperadas, Perdidos, CSI, etc, alcanzan cifras respetables?

El hecho, rotundo estimo yo, es que la narrativa televisiva española es teatro filmado. Los guionistas se preocupan (con diferente grado de seriedad) de las tramas de personajes, y esa enfermedad nacional llamada "realismo". A la larga, no es más que una coartada, porque, a poco que analicemos cualquier serie, coincidirán conmigo en que de creíble hay bien poco. Un conocido me comentaba que Globomedia le exigía, desde el jefe de guiones, una pauta sencilla para Los Serrano: más costumbrismo... es la guerra.

La cuestión no es si algo es real o no, sino si es verosímil. Y una vez, ese pacto se establezca bien con el espectador, debería bastar.

Yo, con sinceridad, no conozco hombres tan ceporros como la familia Serrano. No creo que los supuestos bajos fondos que retrata Aída gocen de la chabacanería con ese orgullo algo tonto. No culpo a los guionistas. Es un trabajo. Hacen lo que pueden con los mimbres que les dan. En serio. Hace unos años, en un taller Espido Freire afirmaba que no hay buenos guionistas. No. Lo que no hay son buenos productores. Buenos ejecutivos que sepan qué es bueno, qué es nuevo, qué es original, qué muestra talento. En Estados Unidos, lo saben ya: los que levantan y supervisan las series son los guionistas. Los directores son meros subcontratados.

Obviamente, no creo que la realidad antiterrorista se parezca del todo a 24, o que los CSI americanos resuelvan todos los casos, y, además, en apenas unas horas. Sin embargo, entro en el juego (me hacen entrar) y como espectador recupero la inversión de mis minutos a través de qué elementos se entremeten en la "fórmula"; en lo visual, o en lo narrativo. Para lo primero, 24 hallo una dirección muy dinámica, y un ritmo que debiera impartirse como modelo en las escuelas de guionistas. Para lo segundo, algunos capítulos de los CSI (y no hablo del famoso episodio dirigido por Tarantino) rompen la linealidad, y otro ejemplo es cómo El Ala Oeste de la Casa Blanca explica de forma amena los detalles más complejos de la política de Estados Unidos.

Antes de que se me enjuicie, diré que, de usual, no soy un defensor acérrimo de cualquier producción estadounidense. Juzguen ustedes mismos.

Vean un capítulo de Los Serrano, y luego vean uno de El Ala Oeste de la Casa Blanca. Comparen la sutileza de Aída, y luego observen el sentido del humor de Mujeres Desesperadas.


Pero es inútil. Para un disfrute holgado de ficción televisiva, parecemos condenados a Imagenio o el Plus, y los canales de series.

No comprendo esta política. Es más, las cadenas debieran considerar el riesgo de que sus audiencias se acostumbren a la calidad de House, Medium, Perdidos, y demás, y demanden que se expongan en los canales en abierto. Cuando les enseñen la ficción nacional, cabe el riesgo de que comparen, y entiendan que oye, no. Que el tiempo es oro, que al final la televisión no es gratis, y que los años sí pasan, aunque la rejilla de programación te seduzca para continuar pensando que todo es igual al 2005, al 2004, o al 2000.