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miércoles, agosto 31, 2011

GUIONECES: LO QUE TAMBIÉN CONSTRUYE UNA HISTORIA: CURIOSIDAD

En la narrativa tenemos los fundamentos, y tenemos todo lo que la adorna. Si queremos contar una historia es mejor que empecemos por lo básico, aunque nunca está el plato terminado si no se le añaden los detalles. Estos detalles podemos encontrarlos con facilidad en la narrativa literaria, ya sea en novela, o en relatos. El hecho es que dos de ellos son muy relevantes, y no deberían faltar en una ficción que se quiera ambiciosa.

1. La curiosidad. 

En este caso no nos referimos a la que se dispara cuando se plantea un buen conflicto, y que sería la clave del suspense (que, aunque defina y dé nombre a un género, existe, a otros niveles en cualquier historia): ¿qué pasa después? ¿Logrará el Protagonista conseguir lo que necesita? Al cabo, estas preguntas tienen un gran componente emocional; de implicación con los personajes y situaciones.

Aquí, nos referimos a la curiosidad más relacionada con nuestra parte racional. Curiosidad, como la que tienen los niños respecto al nuevo mundo que van descubriendo. Curiosidad por saber cómo: cómo funciona el cielo; por qué los perros no sudan; de dónde vienen los niños.

Esta curiosidad está, también como adultos, en cada uno de nosotros. En principio, parecería que su territorio principal sería el documental, y, de hecho, con ello se cuenta, y mucho, a la hora de elegirse temas, personajes, sucesos. Sin embargo, en la ficción también es un elemento significativo.

Al espectador, a cualquier espectador, le gusta que les lleven a mundos, contextos, situaciones que sabe que existen pero cuyo funcionamiento desconoce. Un ejemplo perfecto sería todas las series de televisión, en USA, pero también aquí, en donde se han explotado las profesiones. ¿Cómo funciona las urgencias de un hospital? ¿Cómo se analizan las pruebas que llevan a la captura de un criminal? ¿Cómo se vive el día a día en una funeraria? ¿Cómo actúa la oficina del presidente de los Estados Unidos? Son los cimientos desde los que se han construido ER, CSI, A Dos Metros Bajo Tierra, El Ala Oeste de la Casa Blanca.

Por supuesto, ello no es lo que ha facilitado su éxito, su calidad o su permanencia en pantalla. Es un mero punto de partida, que luego debe trabajarse en esos elementos fundamentales de la ficción: conflicto, cambio, Tramas, Personajes. Pero la curiosidad por un apartado de la realidad que no es accesible por medios naturales a un ciudadano medio no es desdeñable, y menos en las ficciones “largas”. Tengamos en cuenta que una de las ambiciones (o pretensiones, que ése es otro debate) de los autores de The Wire era mostrar al público todo lo averiguado (David Simon fue periodista y cubría crímenes; Ed Burns fue policía en la ciudad protagonista) sobre cómo son, de veras, the rules of the game: cómo funciona Baltimore, en lo policial y en lo criminal. Desde el tráfico de drogas, pasando por el tráfico de personas, la política, el periodismo… Como expresa muy bien el compañero Alberto Nahum, si Homicide (precedente de esta serie) es una serie sobre policías, no lo es menos The Wire. Cómo viven, cómo investigan; cómo siempre o casi siempre pierden.

"The game is the game". Idea recurrente durante toda la serie.

Esto vale para las películas también, sin duda: sectores, trabajos, ciudades, situaciones que existen, están en “la realidad”, pero que al espectador le es improbable conocer de primera mano pueden ofrecérsele desde la ficción.

¿Alguien sabe cómo funciona de veras el Congreso de los Diputados? ¿Cómo sería la vida de un GEO? ¿Qué se estudia y cómo en un laboratorio farmacéutico? ¿Cuál es el día a día de un pescador?

Son factibles puntos de partida para una ficción española que aproveche la curiosidad.

Ahora bien, si esto se relaciona más con esa “realidad”, digamos, objetivable (otra ficción que nos hemos creado, por cierto; la realidad no existe tal cual), el tono y género de aquellas historias serán más cercanas a lo que se denomina “realismo”. En cambio, el sentido de la maravilla, que es el otro elemento que analizaremos en un próximo post, se pliega mucho mejor al género fantástico, y sus géneros paralelos, como la ciencia ficción. Lo veremos en otro momento.

You follow the drugs, you get drug addicts and drug dealers. But you start following the money, and you don´t know where the fuck it´s going to take you.

viernes, septiembre 08, 2006

Déjà vu en la Caja Tonta

Finaliza el verano, pero no los calores, de modo que la nula brisa causa que uno regrese a las tentaciones de la televisión, a modo de somnífero en la larga noche estival. Entonces, consulto la programación y, de pronto, me tengo que alegrar. He cumplido años, pero es un hecho que, si no se publicita, tal vez no se haga realidad: y la realidad televisiva permite creer que el tiempo no pasa. Que todo se repite.


Gran Hermano 8, Hospital Central, Cuéntame, Aquí no hay quien viva...

Comprendo y asumo (no con igual resignación a toda hora del día) que Estados Unidos es una potencia inalcanzable en cuanto a contenidos audiovisuales, y que sí, de acuerdo, España hace lo que puede. No, esperen. Es esta parte del razonamiento el que no me convence.

Si hablamos de producción, esto es, de cuánto dinero se gasta una productora (y la cadena que la contrata) para la realización de una serie, no se crean: Cuéntame tiene un presupuesto de aquí te espero.

Si hablamos de "lo que el público pide", nos situamos en una reflexión un tanto maniquea. La gente consume, por suerte (para las cadenas) y para desgracia de los propios espectadores, todo lo que le echen: para lo bueno y para lo malo.

Es cierto que Hospital Central, Los Serrano, Aída, etc, registran unos datos altos de audiencia. Pero, aparte de mis dudas sobre el nunca cuestionado método para dicho registro, ¿no es también verdad que Mujeres Desesperadas, Perdidos, CSI, etc, alcanzan cifras respetables?

El hecho, rotundo estimo yo, es que la narrativa televisiva española es teatro filmado. Los guionistas se preocupan (con diferente grado de seriedad) de las tramas de personajes, y esa enfermedad nacional llamada "realismo". A la larga, no es más que una coartada, porque, a poco que analicemos cualquier serie, coincidirán conmigo en que de creíble hay bien poco. Un conocido me comentaba que Globomedia le exigía, desde el jefe de guiones, una pauta sencilla para Los Serrano: más costumbrismo... es la guerra.

La cuestión no es si algo es real o no, sino si es verosímil. Y una vez, ese pacto se establezca bien con el espectador, debería bastar.

Yo, con sinceridad, no conozco hombres tan ceporros como la familia Serrano. No creo que los supuestos bajos fondos que retrata Aída gocen de la chabacanería con ese orgullo algo tonto. No culpo a los guionistas. Es un trabajo. Hacen lo que pueden con los mimbres que les dan. En serio. Hace unos años, en un taller Espido Freire afirmaba que no hay buenos guionistas. No. Lo que no hay son buenos productores. Buenos ejecutivos que sepan qué es bueno, qué es nuevo, qué es original, qué muestra talento. En Estados Unidos, lo saben ya: los que levantan y supervisan las series son los guionistas. Los directores son meros subcontratados.

Obviamente, no creo que la realidad antiterrorista se parezca del todo a 24, o que los CSI americanos resuelvan todos los casos, y, además, en apenas unas horas. Sin embargo, entro en el juego (me hacen entrar) y como espectador recupero la inversión de mis minutos a través de qué elementos se entremeten en la "fórmula"; en lo visual, o en lo narrativo. Para lo primero, 24 hallo una dirección muy dinámica, y un ritmo que debiera impartirse como modelo en las escuelas de guionistas. Para lo segundo, algunos capítulos de los CSI (y no hablo del famoso episodio dirigido por Tarantino) rompen la linealidad, y otro ejemplo es cómo El Ala Oeste de la Casa Blanca explica de forma amena los detalles más complejos de la política de Estados Unidos.

Antes de que se me enjuicie, diré que, de usual, no soy un defensor acérrimo de cualquier producción estadounidense. Juzguen ustedes mismos.

Vean un capítulo de Los Serrano, y luego vean uno de El Ala Oeste de la Casa Blanca. Comparen la sutileza de Aída, y luego observen el sentido del humor de Mujeres Desesperadas.


Pero es inútil. Para un disfrute holgado de ficción televisiva, parecemos condenados a Imagenio o el Plus, y los canales de series.

No comprendo esta política. Es más, las cadenas debieran considerar el riesgo de que sus audiencias se acostumbren a la calidad de House, Medium, Perdidos, y demás, y demanden que se expongan en los canales en abierto. Cuando les enseñen la ficción nacional, cabe el riesgo de que comparen, y entiendan que oye, no. Que el tiempo es oro, que al final la televisión no es gratis, y que los años sí pasan, aunque la rejilla de programación te seduzca para continuar pensando que todo es igual al 2005, al 2004, o al 2000.