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miércoles, marzo 20, 2013

RELATOS SF/F: ALL THE FLAVORS; KEN LIU



All The Flavors   Ken Liu   Gigantosaurus, Febrero 2012  Novella. Nominado a la Mejor Novella en los Premios Nebula 2012

Otra historia que no es ni de ciencia ficción ni de fantasía. Es más preocupante en este caso, ya que está nominada para los Premios Nebula. Aunque lo peliagudo de veras es su calidad. Solemos afirmar que darle un premio a una obra u otra no tiene tanta relevancia, pero empiezo a creer que no es tan inofensivo. Los premios, el año pasado, a Ken Liu por The Paper Menagerie ya están afectando a un autor que prometía. Si se premia al relato, al tono, al estilo, inadecuado, mandas un mensaje. Y Liu parece haber tomado nota. Para mal.

All the Flavors tiene lo peor de The Paper Menagerie. La búsqueda de la emoción con los mimbres más obvios, y el énfasis. Todo se hace demasiado explícito. Tampoco parece coincidencia que All the Flavors haya dado aún un paso más a lo que sucedía en aquel relato. Si allí, el elemento fantástico era más bien tangencial (y no tan relevante para la trama), aquí ya directamente queda expulsado.

Esto es ficción histórica. Ni más ni menos.

All the Flavors cuenta la historia de Lily y Lo Guan. Ella es una niña que vive en el Idaho de la década de los 60 del siglo XIX; él, un chino emigrado a Estados Unidos que llega a la zona, con algunos compatriotas, dispuesto a ganarse la vida buscando oro. Lily irá sintiéndose cada vez más atraída por su personalidad, y toda esa cultura que él, y los suyos, despliegan: la música, la comida, la mitología de sus cuentos... Esta amistad, claro, tendrá sus más y sus menos, ya que el mismo contexto no es propicio, con racismo y prejuicios para con los inmigrantes chinos.

Liu sigue con su intención de que sus relatos exploren la historia del país de sus antepasados (la web del autor no concreta si son sus padres o sus abuelos los que vinieron originariamente; ignoro si de hecho no es él el emigrado): China. Esto le incluye en esa hornada de autores de ciencia ficción o fantástico que abordan cuestiones culturales haciendo uso de sus nacionalidades (Aliette de Bodard, Lavie Tidhar, Rochita Leonen-Ruiz, Tobias S. Buckell). Esto, en sí, no es ni bueno ni malo, aunque, en contexto, tiene más de positivo, dado que estos dos géneros quizá estaban topando con una especie de muralla de estancamiento (aunque Jonathan MacCalmont, el Young Angry Man de la crítica considera que ni eso salvaba el escollo).

Ahora bien, esto puede tratarse de diferentes maneras, y si sólo apoyamos el intento, per se, tal vez señalemos el aspecto exótico y no realmente esa calidad que puede dar, en potencia, este punto de partida.

En All The Flavors, hay un mensaje, pero lo malo es que ese mensaje necesita reiterarse, insistirse, deletrearse. Con todo ese cuidado del autor por que nos quede claro, tenemos, en cambio, que hay un descuido claro en más de una decisión narrativa y estilística. Quizá no sea casualidad, y lo primero origina lo segundo. Si los esfuerzos se vuelvan tanto en la “claridad”, pareciera que se pierde tiempo y atención a todo lo demás. Claro que, “todo lo demás” a lo mejor es lo que de verdad hace una historia buena.
  
Veamos. Elegir una niña como protagonista colabora a algo que, confirmo, por otros relatos suyos que leo, hace a Liu sentirse cómodo: la sencillez en el estilo. Esto tiene una gran ventaja, la claridad, lo que no es desdeñable en ciencia ficción, y fantasía. En las antípodas de (cierta) hard-science fiction, Liu escribe para el gran público, y desmenuza bien qué sucede, cómo, dónde. En este sentido, sorprende que Liu sea habitual de Clarkesworld, revista y hogar habitual de la ciencia ficción y la fantasía más “literaria”. En el lado negativo, tenemos que a ratos All The Flavors es similar a un informe. Se lee bien, con facilidad, y con rapidez. Por desgracia, si estos fueran los valores por los que medimos las historias, igual nos valdría cualquier best-seller. El Código Da Vinci o Crepúsculo también “se leían bien”. Ya. Lo sé. Estoy exagerando. Pero ustedes me entienden. En All the Flavor todo es, a veces, demasiado descriptivo, y demasiado explicativo.

El hecho es que la perspectiva de un niño ofrece, además, otras ventajas, que Liu no desaprovecha. Claro. Los niños tienen esa “mirada diferente”. Observa el mundo adulto sin tantos prejuicios. ¿Les suena todo esto a eslogan publicitario; a fórmula de baratillo? Bien, seamos equidistantes (intentémoslo): si la “fórmula” se concreta y se hace de modo personal, puede ser efectiva, y además hasta interesante. Pero ya llevo cinco historias contadas por niños (aunque una, con un narrador externo que nos adentra en sus pensamientos y sentimientos) y empiezo a ver que hay que ser muy buen escritor para eso: para que una fórmula vaya más allá de los límites que tiene ésta como tal.

He leído (ya lo comentaré) otro relato nominado al Nebula, Uncle Flower’s Homecoming Waltz de Marissa K. Lingen, y, junto a All The Flavors, confirmo que la voz infantil tiene tendencia a ser sobre todo una estrategia. En el caso de la historia de Liu sirve bien, para que colabore a la “denuncia” (mediante mostrar cuán absurdo es un prejuicio de los adultos):

Lily didn’t believe that the Chinamen would eat her. They seemed friendly enough. And if they were going to supplement their die with little girls, why would they bother spending all day working on that vegetable garden they’ve planted behind their house?

Bien, para producir “emoción” que una posibilidad de crear, de veras, una mirada especial y diferente. De hecho, en más de una y de dos líneas se cuelan los tópicos; el tiempo que "se detiene" cuando se produce un disparo, la niña Lily que escucha la música de los instrumentos de los chinos y:

The high-pitched fiddle with only two strings wailed so high and pure that Lily thought she could float on air, just listening to it.

Para eso, mucho mejor Swift, Brutal Retaliation  de Megan McCarron, donde, tal vez no sea azaroso, la autora prefería darnos acceso a las voces de sus protagonistas, pero sin que ellas fueran las narradoras. O, ya que, como dije, aquella novelette tampoco me convencía del todo, otro ejemplo de una voz infantil diferente, verosímil, y cuidada es la de la niña de If The Mountain Comes, de An Owomayela.

No todo cae en lo fácil, lo que me hace conservar (algunas) esperanzas sobre Ken Liu como autor. Como mucha novela histórica, hace uso de aquello de transplantar algo del presente a esa época, como potencial reflexión. En algunos casos, es imposible no replantearse nuestros propios prejuicios. En particular, cuando se expone esto, que tanto nos toca a muchos españoles que piensan que los chinos son “un peligro” para le economía local:


They’ll work seven days a week, sixteen hours a day. They’ll do it since their hearts are filled with greed for gold […] What do you think the inevitable result of the cheap labor of these Chinamen will be? These Chinamen are going to undercharge Mrs. O´Scannlain and Mrs. Day and all the other widows. [… ] What will you have these widows do when their work has been stolen from them by the Chinamen?

¿Y que hay de esas otras estrategias, las usadas por Liu para puntuar los temas que le interesan? Pues ahí sí se detecta que es un autor que maneja los materiales bien, si no, hasta sus últimas consecuencias, o con el todo el cuidado esperable.

El padre de Lily, Jack, bromea, medio en serio, en realidad, con su esposa, en torno a una cuestión: por qué no pueden cambiarse los nombres. No cambiarlos, digamos, de forma legal. Jack ya es Jack, para todos los de la zona, y no Thad, pero su esposa se resiste a lo que su marido le quiere decir. Que en esa América, todos pueden ser quienes quieran ser. Lo Guan admite que Jack “convierta” su nombre chino es “Logan”.

A la vez, ninguno de los dos renuncia del todo a su herencia. Jack canta viejas canciones irlandesas (en una escena emocionante sin ser excesiva), y Lo Guan cuenta historias míticas del héroe/dios. Al tiempo, la conclusión a la que ha llegado Luan usa otra metáfora más para que se "ate" el sentido; el de los sabores a los que alude el título:


When I was a boy I was taught that were only five flavors in the world, and all the world´s joys and sorrows came from differente mixtures of the five. I´ve learned since then that´s not true. Every place has a taste that´s new to it, and whiskey is the taste of America.

Por si ambas ideas, los nombres, los sabores, no bastaran para asentar el mensaje, Liu también lo incluye dentro de esa historia dentro de la historia: la que cuenta las andanzas de Chan Sheng, ese héroe/dios que vive aventuras en un pasado lejano. 


[...] until the barbarians began to think of themselves as Chinese, and they, in turn, fought against the next wave of barbarians.

Por cierto, que es lo mejor de la novella, esta parte de venganzas, malos malísimos y ese aire de cuento que no te tomas muy en serio pero que funciona. Y he aquí que hallo el único rasgo de sutilidad: que en ese cuento que le traslada a Lily  notemos que Luan va insertando detalles que inventa en el momento, llenando esa ficción de aspectos que ella está conociendo, como la comida; los platos que la niña descubre. 

Otra discusión sería si ese “mensaje” que está por todas partes no es una simplificación, y una reafirmación de ese mito tan americano. Liu usa varias citas de Alexis de Tocqueville, un francés que fue testigo y analista de la sociedad y política americana en el siglo XIX. Elige aquellas citas que más apoyan su visión. Si es ésta, por supuesto, es respetable. Pero cuando menos es problemática. Porque, insisto, reincide en un cliché que, de reiterado, está ya gastado, y tiene poco de verdad. Ciertos estadounidenses aún confiarán en esa creencia, más de los demócratas, y cuyo símbolo clave es Nueva York, de la melting pot. Sin embargo, sin ni que siquiera sea necesario que habitemos allí, en ese país, la propia ficción hace ya muchos años que nos cuentan otra película. De hecho, y permítanme el engarce, el propio medio audiovisual ha tenido mucha responsabilidad de que todos conozcamos cuán falso es lo de la inclusión de otras razas y culturas. Cualquier policial (hasta los malos) ambientado en Los Angeles vale de ejemplo. Y si queremos una obra audiovisual “de calidad”, ahí tenemos The Wire. 

Al mismo tiempo, ese discurso tiene su elemento de contradicción con esa vía que se supone que Liu está tomando de escribir desde su tradición cultural. En la escena del flash-back de cómo llegaron a América, Lo Guan “convierte” a aquellos que desea que huyan de los que los explotan con un discurso en donde se dice que "If you truly want to bring glory to your ancestors and your families, then you must become Americans", y "This is a land of trickery, and we must learn to become as tricky as the Americans". 

Aparte de que el momento del discurso es bastante falso (porque además todo se hace explícito, de nuevo) y peliculero (digno de los peores momentos de, pongamos, un Spielberg) al final uno se pregunta si el modo sugerido de que los inmigrantes se adapten sea, por esa idealización del país de acogida (así imagino que lo verá Liu), y, por el sacrosanto mito del capitalismo benefactor. De este modo, consciente o no, el autor resulta un escritor que vive en otro mundo, ya que una mirada al contexto, al aquí y ahora, bastaría para que se percatara de su error. Aun más; de que no es quizá uno de esos mitos que convenga que se mantengan con vida. Y que nadie se asuste: no pediré ese extremo (expuesto por McCalmont en aquella crítica feroz contra los dos géneros, la ciencia ficción y la fantasía) de que de pronto toda la ficción tenga que ser marxista. Pero entre no mirar siempre a la realidad, y no mirar en absoluto la realidad circundante hay muchos pasos intermedios. Por otro lado, supongamos que el mito de la melting pot es digno de recuperarse. Como ya hemos visto hace muy poco, con dos héroes, en cine (Batman, James Bond) los mitos pueden reavivarse, pero para ello se requiere recuperarlos con matices. Con cambios que no lo alteren del todo, pero que no suponga una mera resucitación. Porque si no, se tiende a la ingenuidad, o incluso a la manipulación. Ken Liu cae en el mismo error que cualquier autor "ideológico" malo (da igual si de derechas o de izquierda): el proselitismo que se apoya en los recursos publicitarios. Llámese emoción (una niña que descubre desde la inocencia el mundo de la cultura china), llámese eslogan, como los que se cuelan en algunos diálogos (como el ya mencionado discurso de Guan).

Si todo esto les parece muy radical, pido que se paren un momento, y recuerden en qué han pensado muchos de ustedes de todo ese cine español “con niño”. ¿Lo encontraban sentimentaloide? Entonces, ¿no es igual de sentimentaloide y manipulador cuando lo usa un autor de ciencia ficción y fantasía?

Luego, tenemos que la historia que se quiere contar se llena de páginas innecesarias. Quizá All The Flavors pudiera haber sido una novelette, pero como novella hay digresiones no justificadas. Puede que el prólogo fuera necesario, por cuanto estos pistoleros que causan un incendio en la ciudad luego tendrá cierta importancia. Quizá, sin verlos aquí, ahora, actuando como malvados (un poco malvados estereotipados, por cierto), la escena en que desafían a Gon Luan, más adelante, no causara la tensión adecuada. Al mismo tiempo, en esta escena, ya el propio discurso (diálogos en ese ámbito un tanto de película mala del Oeste) es bastante amenazador, por lo que tengo dudas, pese a todo, de si la presentación de Obee y Crick eran indispensable.

Lo que no tiene justificación narrativa es que hacia el tercer acto y la resolución de la historia, todo se “detenga” para que se introduzca todo el backstory del que será el juez en el caso de Luan. No es ya que “pare” la progresión de la acción, ni que eso impida la existencia de suspense alguno; es que, además, que se nos presente a este personaje episódico no tiene su sentido, ya que el caso, halehop, acaba enseguida, con final feliz.

No, All the Flavors hace aguas por demasiados lados. En el fondo, y en la forma. Estoy seguro de que Ken Liu puede hacerlo mejor. Pero, de momento, me parece que si prosigue por ese camino (sancionado por los premios) de lo fácil, a mí me va a perder como lector.

La reseña de Lois Tilton para Locus apunta también ese exceso de moralismo, aquí,

martes, marzo 19, 2013

RELATOS SF/F: IMMERSION; ALIETTE DE BODARD



Immersion        Aliette de Bodard        Clarkesworld Junio 2012 

Nominado al mejor relato en los Premios de la British Science Fiction Association (BSFA) 2012

Nominado al mejor relato en los Premios Nebula 2012 

Nominado al Mejor Relato en los Premios Hugo 2012.

No sorprende que éste sea uno de los relatos con más visos de estar en la tanda de nominados de los Premios Hugo de este año. Aliette de Bodard despliega una tecnología imaginada con tantas posibilidades, con tantas ramificaciones, que no necesita mucho para apuntalar cuánto ésta afecta a los personajes. En cierto modo, ahí siempre está el elemento de la inspiración, del genio, pero además de idear el dispositivo protagonista, la autora maneja bastante bien los elementos narrativos.

Immersion se sitúa en un mundo, en un universo, al que de Bodard dedica lo justo. Ya tendrá ocasión, imagino, en formatos más largos, pero en este relato da los apuntes necesarios, pero sin explayarse. Lo suficiente, sin embargo, para situarnos.


Portada de número de Junio de Clarkesworld. El autor es Max Davenport.

Agnes y Quy son dos mujeres que habitan en un planeta, colonizado y dependiente de una civilización, los Galácticos. Las dos se mueven en ambientes diferentes de la sociedad, pero ambas lidian con cómo una nueva tecnología altera sus vidas. Son los “inmersores”, que permite a los ciudadanos locales aparentar un aspecto diferente, habitualmente uno similar al de los Galácticos, además de ser informados "en tiempo real" de detalles de etiqueta, vocabulario de esa otra lengua, y aportarles hasta vestimentas virtuales que se superponen al cuerpo.

De Bodard otorga más importancia a Agnes, en cuanto a que usa una segunda persona, un narrador que señala sus sentimientos, sus pensamientos. Ya decía yo, en el análisis de otro relato,  que es una técnica arriesgada, pero aquí está bien dosificada, hasta el punto de que casi casi funciona como una primera persona. El narrador se dirige a ella, pero de forma tan cercana que vamos intuyendo que es como si una parte de ella se dirigiera a la otra. Como si fueran dos personas en una. Sin hacer spoilers, diré que esto tiene mucho más sentido, debido a cómo le afecta el "inmersor". Por cierto, que ello es lo que permite que ya se empiece el relato con anticipación de que el "inmersor" es un un elemento que distorsiona. Conflicto, desde el principio. Clásico, pero efectivo. Y prueba de que De Bodard no descuidará lo narrativo; que no se relajará, dada la posible genialidad de haber encontrado esta idea de los "inmersores".

Mientras, un narrador en tercera persona va intercalando la historia de Quy.

Hay algo que hace De Bodard que encuentro muy inteligente, y bastante sutil. Los pequeños detalles que nos hacen ir conociendo a Agnes y a Quy juegan a la vez con la similitud y con el contraste.

Las dos se hallan insertas en sus luchas internas personales. Ya en el primer párrafo, queda claro que las de Agnes son más graves, más hondas, y quizá más urgentes. Algo de su propia imagen le resulta ajeno, y ni siquiera hacer uso de su inmersor ayuda.

Por su parte, Quy mira las naves que llegan y sueña con marcharse, pero se avergüenza de no ser tan fuerte como para asumir, más y mejor, el destino que debiera aceptar: su trabajo en el restaurante de su tío.

She both longed for those days back, and hated herself for her weakness.

Por tanto, diferencias pero también parecidos. Tampoco ella es tan rebelde como se querría, como se expone en la escena con su hermana menor, la cual si es capaz de poner en palabras cuán harta está de los colonizadores. Y cuánto daño están haciendo los "inmersores" a esta sociedad (quizá se haga un tanto explícito el problema poniéndolo en boca de esta hermana).

En cambio, Agnes vive para contentar a los otros, en especial, a su marido. A medida que avanzamos, esperamos, deseamos, que ambas mujeres se encuentren, porque intuimos bien un choque, bien una alianza.

Como método para mantener el interés puede parecer débil, en comparación con los habituales aspectos de suspense. Y, sin embargo, es muy efectivo. No, no nos preguntamos (con “ansiedad”) qué pasará luego, porque no hay peligro inminente, ni un objetivo necesario para los personajes; como mucho queremos saber más sobre qué le sucede a Agnes. Lo que sí nos preguntamos cuándo y cómo se conocerán. Hasta ahí, es el grado en que la autora logra un retrato creíble de las protagonistas.

Como decía, los “inmersores” son una idea genial, que abre derivaciones de toda clase, y conexiones con nuestro presente. Como mucha ciencia ficción (para muchos, como toda la buena ciencia ficción), lo que se cuenta sirve de metáfora y de eco de situaciones, problemas, temas de la actualidad.

Tenemos el tema de la exigencia vertida sobre las mujeres en torno a su aspecto, que siempre debe ser impoluto. Tenemos el tema de la colonización cultural. De Bodard incluye el dato de que los Galácticos fue esta tecnología apenas la única que dejaron a los habitantes de este planeta; una que sirve para que los locales se superpongan unas proyecciones para aparentar no ya las ropas típicas de aquellos, sino su aspecto físico. Y su raza, lo cual abre otro tema/subtema, sembrado, intuido. Porque, excepto, como decía, en la escena en que Qyn se encuentra con su hermana, ocupada en su empeño por entender el funcionamiento de los “inmersores“, ninguno de estos temas está demasiado enfatizado. Ni siquiera se cae en las denuncias simplistas. Por ejemplo, el marido de Agnes no es ningún ogro. Es un Galáctico, y no deja de ser, claro, parte de ese sistema colonizador. Pero cree en el cambio, lo defiende. Y en cuanto a su mujer, nada será lo que parecería, y él no tiene tanto que ver en los motivos del problema de ella con el “inmersor”.

No. De Bodard expone todo ello, pero su habilidad (también, la habilidad de escoger este formato y no una novella o una novela) hace que todo esto reverbere por cómo lo asimilan las dos protagonistas. En particular, sobre Agnes, en la que se hace más palpable esa contradicción: habitantes que ya sólo viven sus vidas escondidos y dependientes de los inmersores.

… shouldn’t the inmerser have everything about Galactic culture recorded into its database, shouldn’t it prompt you? But It´s strangely silent, and this scares you, more than anything.

El final confirma que el cuidado de los personajes y el manejo de todos estos temas no significa que se haya de despreciar lo narrativo. Ya se percibía en la escena en el restaurante donde esas dos vías, la visión de Agnes, la de Quy, se aproximan a colisionar en un momento donde la tensión está bien dispuesta. Pero en el final, descubrimos que cierta escena era más que necesaria; un sembrado bien colocado para que ahora sea posible el giro final. Este cierre, en que se intuye que quizá la que es víctima pueda iniciar el cambio hacia la desaparición de los “inmersores”.

No corren buenos tiempos para la ciencia ficción dentro de los Premios Hugo, por lo que es muy posible que sea un relato fantástico el ganador. Pero si yo pudiera votar, sin duda Inmersion estaría en mi lista. Hace tiempo Elias Combarro (@odo, en Twitter) del blog Sense of Wonder, ya me remitió a Aliette de Bodard como una promesa. Parece que tenía toda la razón. 

Immersion ha sido incluido en The Best Science Fiction and Fantasy of the Year, Volume 7, editado por Jonathan Strahan. Elías lo reseña en su blog, aquí. Una reseña que opina todo lo contrario, y que es muy crítica con este relato la pueden encontrar en el blog Everything is Nice. 

Actualización 30/03/13: Immersion ha sido nominado al Mejor Relato en los Premios Hugo 2012.

domingo, marzo 17, 2013

RELATOS SF/F: SWIFT, BRUTAL RETALIATION; MEGHAN MCCARRON



Swift, Brutal Retaliation   Meghan McCarron   Tor   Enero 2012 Novelette. Nominada al Premio Nebula a la Mejor Novelette 2012

Sinead y Brigid son dos niñas que asumen como pueden la muerte de su hermano, Ian. Su relación con él se basaba mucho en las bromas pesadas que éste les hacía (como hermano mayor) pero, ahora que no está, Sinead acepta el rol para que el ritual se mantenga. Lo que ninguna espera es que el fantasma de Ian se hará presente justamente cuando preparan cada una de esas bromas.

Esta historia está gustando mucho, según veo y encuentro por Internet, y además en la lista de nominadas al premio Nebula. Puede que algo que ver tendrá que Rachel Swirsky lo haya recomendado. Esta autora empieza a tener mucho impacto, incluso en cuanto cuáles son los estilos, los temas, que debería atraer la atención de críticas y analistas. Tampoco es novedad; en el mundo de la sf/f hay gurús (ellos los llaman “gatekeepers”), y todos luchan por darle visibilidad a lo que ellos consideran de calidad cada año, cuando comienza la temporada de premios.

Hay elementos destacables en esta novelette, aunque me parece que se están exagerando sus valores. En el mejor de los casos, digamos que soy capaz de ver sus posibles "pros", pero que su mismo concepto, su base, no me parece muy arriesgada.

Ilustración que acompaña al relato, en el número de Enero de 2012 de Tor. El autor es Christopher Silas Neal.

Lo mejor tal vez sea un reflejo de la niñez que está lejos del idealismo. En los últimos años, el conservadurismo ha inundado a qué visión tenemos de los infantes, a no ser, claro, que contemos la visión contrapuesta, bajo el género de terror, donde el niño es el ser a temer. La historia de Meghan McCarron no va por ahí. Sinead y Brigid son, sencillamente, dos niñas tan “malvadas” como cualquiera de nosotros pudimos ser en algún momento. Esto sí tiene su dosis de frescura, sobre todo porque durante sus actuaciones (una contra la otra, con gamberradas inocentes pero con su algo de crueldad) no se acentúa esa supuesta “maldad”. Es como si la autora dejara que nosotros sacáramos conclusiones. Eso que hacen Sinead y Brigid en verdad lo hacen con toda naturalidad. Y tampoco sus sentimientos caminan por las vías más trilladas.

When Ian was alive, there had been very little either of his sisters could do for him. When he was well, they had tortured him, or tortured each other; as a result, when he was sick, every earnest gesture had felt forced. They had loved their brother, but they hadn’t liked him much.

El otro punto notable de Swift, Brutal Retaliation es cómo el narrador (en tercera persona) va acercándose a una y a otra, dándonos acceso a su manera de ver las cosas. Los niños, ya sabemos, ven el mundo de otro modo. O… tal vez no. Quiero decir, en el mismo instante en que estoy escribiendo esto me pregunto si esto no es sino otro tópico, y si entonces Megan McCarron quizá en esto sea más convencional.

De todos modos, hay momentos muy logrados, donde se hilan bien la acción externa y cómo ella afecta a los pensamientos de los personajes. Como le sucede a Sinead cuando oye en la iglesia al sacerdote leyendo un extracto de la Carta a los Corintios, en la Biblia.

This letter informed the Corinthians that though their outsides were wasting away, their insides were filling with the light of God. […] Sinead thought this God-house probably sounded good to people in the desert two thousand years ago, but her brother’s house wasn’t´ just sturdy; it had a pool. Also, her brother’s insides had not grown stronger. He had wasted away, all of him. This stupid reading confirmed her suspicions that God was like any other adult who lied and told you horrible things for your own good.

Además, este punto de vista de las niñas conviene a que el tono no se vaya a lo dramático/melodramatico. Y lo mismo se aplicara hasta cuando aparece el fantasma.

Seeing her ghost brother was terrifying, but having father find salt all over the floor was equally scary, if not more so.

Este aire de cotidianeidad me da que es una vía que se está explorando bastante en el tema de los fantasmas, y viene bien, en este caso, porque es coherente con eso de la desdramatización. Las niñas leen todo lo que pueden sobre por qué Ian está volviendo a sus vidas, prueban algunas teorías… pero no. Ian vuelve cuando preparan sus bromas pero ni ellas ni el lector confirma si es que apoya que se mantenga esas gamberradas, si es que no sabe que está muerto... Es como si en esta historia los trucos comunes (permitir que "pase al otro lado", etc) no funcionara. 

Así, y esto me parece interesante, es el segundo giro donde lo fantástico (vertiente terror) rompe de veras, y no en el primero como suele ser común. Lo fantástico va produciendo mayor ruptura ya que las protagonistas no tienen respuesta. ¿Qué demonios quiere Ian?

A partir de que el fantasma de Ian es un misterio y, poco a poco, una presencia que no sólo observa, la historia se mueve, ahora sí, lo terrorífico, hasta un final abierto, donde se incide en eso: no hay respuestas como las de los libros (o las películas) e Ian ha venido para quedarse y quién sabe para qué más.

En definitiva, un cuento de fantasmas más bien realista, donde lo que cuenta no es el tema (supongo que ya se ha escrito todo sobre los fantasmas, o eso parecen creer muchos), sino la caracterización, y el tono. 

Swift, Brutal Retaliation ha sido incluido en la antología The Year´s Best Science Fiction and Fantasy edición 2013, editado por Rich Horton.