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jueves, abril 04, 2013

GUIONECES: BLACK LIST Y CÓMO SE HACEN LOG-LINES (VI): BASADO EN UNA OBRA ANTERIOR



El listado de guiones del Black List 2012 también apunta algunas posibles recomendaciones sobre cómo usar el dato de si una historia se basa en una obra anterior.

Basado en una obra anterior.

¿Conviene incluir en los log-lines si se parte de un trabajo no propio? 

STORY OF YOUR LIFE
Eric Heisserer
Based on the short story by Ted Chiang. When alien crafts land around the world, a linguistics expert is recruited by the military to determine whether they come in peace or are a threat. As she learns to communicate with the aliens, she begins experiencing vivid flashbacks that become the key to unlocking the greater mystery about the true purpose of their visit.


Stories Of Your Life es una colección de relatos con prestigio crítico en el género de la ciencia ficción, pero el ejecutivo de desarrollo o el lector de guiones puede que busque más que esa obra en la que se basa un guión aparezca en la lista de los más vendidos. 

Es decir, en este caso añadirle "basado en..." no implicaba sino una ventaja en un detalle: el prestigio. Si el ejecutivo de desarrollo o el lector de guiones lee esto, quizá acuda al Google y encuentre que estos relatos están en las listas de los mejores, en webs como la de Locus. Es una carta a jugar, sin duda. Con riesgos, si al ejecutivo de desarrollo o lector de guiones le están presionando para encontrar historias más comerciales. Pero también con ventajas. Al fin y al cabo, la ciencia ficción es un género en el que se han rodado y planean rodarse muchas películas últimamente. Si los estudios está receptivos al género, ¿por qué no fiarse de las listas de los fans, indicando que la historia de Chiang es muy válida?

Otro posible motivo quizá tenga que ver con los derechos. Si está basada en una historia no propia, tal vez convenga decirlo desde ya, desde el log-line. 

Así sucede con Me, Earl & The Dying Girl que afirma “Based on Andrew´s eponymous novel”, aunque hay podría haber una variante: darle énfasis a el guionista es, a la vez, novelista. Si el lector ve esto, puede que lo que busque (antes, durante o después de la lectura del propio guión) son las ventas de dicho libro, o las críticas. No es mala idea, supongo. Si has escrito y publicado una novela y luego tú mismo las ha guionizado, dilo. Ahora bien, veamos el log-line completo:

Based on Andrews’s eponymous novel, a quirky high school student who enjoys
making films sparks a friendship with a classmate dying of leukemia.

Como se ve, el dato no roba mucho espacio al log-line, también porque la historia incluye suficientes elementos que mueven a la curiosidad.

Otras veces, sí resta espacio al log-line, pese a todo.

WHIPLASH
Damien Chazelle
Based on the eponymous short film written and directed by Chazelle. Under the director of a prestigious but borderline abusive instructor, a young college student begins to lose his humanity in his quest to become the core drummer of the top jazz orchestra in the country.

Imagen del corto Whiplash, de Damien Chazelle.

En este caso, me pregunto si la mención a un cortometraje es una buena estrategia. Tiene la ventaja de que si está colgado en la red, el lector puede buscarlo y verlo directamente. Eso comunica que el autor, además de guionista, es alguien que sabe dirigir. Y si gusta el corto, eso movería a que se lea el guión. 

Al tiempo, no sé si un corto tiene tanto prestigio como una novela (o un relato dentro de una colección alabada por la crítica). Prestigio, entiéndaseme, en cuanto a contenido: a cuanto a historia. A guión. 

En otros casos, mencionar que se basa en una obra anterior puede servir para darle un valor extra (si fue un éxito) cuando la historia en sí tiene poco de original:

THE FAULT IN OUR STARS
Scott Neustadter, Michael H. Weber
Based on the eponymous novel by John Green, a teenage girl stricken with cancer
falls for a boy in her support group and the two form a bond as they deal with their
illnesses.



Es este caso, un drama con tan pocos elementos diferenciadores tal vez se vea beneficiado por la porción de mercado y ventas que obtuvo su original literario.

Por cierto, sobre esta historia no se pierdan este enlace: es el informe interno de un lector de guiones que analizó este guión.

En todo caso, las adaptaciones siguen siendo una tendencia fuerte, de lo que colijo de esta Black List 2012. Estarían por detrás de la primera, las películas de tinte histórico, y por delante de otra tendencia interesante: la ciencia ficción.

Es comprensible. Todos los años hay películas que reúnen muchas nominaciones a los Oscars que son adaptaciones. Sería otro motivo para señalar que nuestro log-line se basa en una obra anterior: sembrar la ocasión de que el guión sea una de esas cintas.

En todo caso, se me ocurre un motivo por el que los guionistas en España debamos poner en los log-lines que partimos de una obra anterior. Hay todavía una absurda creencia de que un guionista no tiene por qué ser un buen narrador. Y que si parte de las cualidades de un novelista, que ya ha trabajado estructura y personajes para su obra, el guión será de mayor calidad. 

No es que, por cierto, esta estrategia de las adaptaciones haya tenido mucho éxito probado en la taquilla, siquiera. Debe ser que nadie tiene las narices de decirle a dicho tipo de productor que una novela no es mejor que un guión, en cuanto a narración. La comparación, además de injusta, sólo valdría situando una buena novela frente a un mal guión. Pero ésa es otra historia... 

domingo, septiembre 09, 2012

STORIES OF YOUR LIFE AND OTHERS. TED CHIANG. ANÁLISIS (II)

Continuamos analizando los relatos que componen esta antología del autor de ciencia ficción, Ted Chiang, Stories of your life and others.

Story of your life 

Story of your life es la prueba de aquello que decía: en ocasiones, a Chiang le pierde su propia fascinación con la ciencia que retrata (y que tan bien habrá estudiado para documentarse) y sus historias se alargan sin un motivo claro. Esto es detectable porque sus paradas a cada rato, a desplegarnos (eso sí, a veces de modo atractivo) su cualidad de detallista para con lo técnico, hace que, para esta carrera de fondo, no basten los elementos que mantienen la atención. Se gastan pronto, o bien se prueban como algo frágiles como creador de interés, como veremos.


Louise Banks es una experta en el lenguaje. El gobierno la llama cuando unos extraterrestres se comunican con la Tierra. Nunca pisan el planeta, sino que establecen una conexión a distancia. Ella será la encargada que indague y estudie pautas para comprender la lengua que usan. Quien conozcan cuánto admira China Miéville a Ted Chiang, entenderá que este relato bien podría haberle inspirado como punto de partida para esa otra última novela suya (también, bastante controvertida), Embasytown. 

Este mismo resumen del argumento ya señala qué falta en la ecuación: conflicto. Existe, sí, una dificultad para que se alcancen los objetivos, pero el desafío es tan intelectual, y dichos obstáculos, tan técnicos, que no sentimos como lectores que la tarea esté en verdadero riesgo. Tampoco se hace uso de otra pregunta que contendría la premisa: ¿qué quieren los extraterrestres?

Pero ya hemos indicado (en el anterior post) que si hay algo que merece su reconocimiento es que Chiang no ceja en técnicas e ideas para tratar de asegurarse nuestro interés. Story of your life está narrada por la propia Louise pero en una secuanciación peculiar. Desde las primeras líneas, ella se dirige a su hija en una suerte de discurso anticipativo. Esto nos hace pensar, en principio, en que la historia la cuenta esta protagonista desde un momento futuro, desde donde “recopila” todo lo que sucedió. De alguien que cuenta todo una vez se acabara aquella aventura con los extraterrestres. Pero también que se lo deja como legado a esa hija que irá creciendo; al modo en que se deja un testamento grabado en un vídeo o en algún tipo de formato físico de sonido. Tal vez, pensemos, como haría alguien que ha muerto.

Excepto que, a medida que avanzamos en la lectura, hay otras pistas, que indican algo más complejo.

“I’d love to tell you the story of this evening, the night you’re conceived, but the right time to do that World be when you’re ready to have children of your own, and we’ll never get that chance.”

Entonces (y en un párrafo temprano, en la página 95; la quinta de este relato) en el discurso de Louise se cuela un dato (otra anticipación) que da un giro que no desvelaré. Pero que cambia nuestra perspectiva completamente. Lo que se anticipa (y en esto, acierta y bien, el autor) es un final más bien dramático. Uno que, tal vez por lógica, el lector puede llegar a relacionar con la otra trama, la de sus labores de intentos de comunicación con los extraterrestres.

En otras palabras, a partir de aquí, uno espera que se responda a esa anticipación que, además, acabaría relacionando la dos historias (hablaríamos de tramas, si esto fuera un guión). El relato se dividirá siempre entre lo que sucedió con los extraterrestres (el pasado) y esa especie de recuerdos contradictoriamente contados como algo que sucederá. 

“I´ll remember the scenario of your origin you´ll suggest when you´re twelve. `The only reason you had me was so you could get a maid you wouldn’t have to pay´ you´ll say bitterly, dragging the vacuum cleaner out of the closet. That’s right, I’ll say. Thirteen years ago I know the carpets would need vacuuming around own, and having a baby seemed to be the cheapest and easiest way to get the job done. Now kindly get on with it.”

Es en estos momentos en que Louise habla de su hija cuando sí sabe Chiang ofrecernos un personaje más vivo (y en este caso, no distante, aunque algo irónico, a ratos). Si bien la relación con la hija no se mueve por lo más original, sí hay humor, complicidad, verosimilitud. Mientras, la historia “principal” (digamos, la trama) queda en el territorio de lo explicativo. Hasta el que es su ayudante no es sino un truco demasiado expuesto de alguien a quien Louise pueda responderle, para dar (nos) las pertinentes aclaraciones. Aunque por momentos fascinante (el relato ofrece hasta diagramas que explican en qué se basa el lenguaje de los extraterrestres), ya decíamos que le falta una situación conflictiva. En su labor, Louise se retrata más como su profesión que como su personalidad. Cuando comienza a comprender cómo ese lenguaje tan especial de los extraterrestres ha “construido” su misma forma de relacionarse con la realidad, de pronto el personaje adquiere un tono (y una distancia) que se asimilan demasiado a aquel personaje (cuyo entendimiento también progresaba) de Understand.

"Freedom isn’t an illusion; It´s perfectly real in the context of sequential consciousness. Within the context of simultaneous consciousness, freedom is not meaningful, but neither is coercion; It´s simply a different context, no more or less valid than the other."

No es, es cierto, del todo injustificado. La Louise que reacciona y aprende con los extraterrestres no es la misma que la (mas humana) que recorre sus recuerdos sobre las edades de su hija. La que afronta el contacto con los llamados heptapods es la científica; la otra, es una madre. Si suprimimos lo que la crítica feminista diría de esta dicotomía (y no crean; en la ciencia ficción, esta perspectiva es, además de usual, bastante enriquecedora), ésta causa una especie de tensión que adquiere cotas difíciles por la tardanza de Chiang en relacionar ambas tramas.

Llegado el momento (y sin poderles desvelarles esta otra sorpresa), encontraremos que aprender el lenguaje de los extraterrestres significa para Louise un cambio fundamental… que de paso explica por qué narra todo lo de su hija en ese tiempo verbal futuro.

Como giro final es hábil y desde luego sorprendente. Ahora comprendemos todo. Y lo mejor de este final es esa mezcla de impotencia y tristeza asumida que domina a Louise. Es tan bueno que, en parte, nos tienta perdonarle al autor que la investigación para encontrar una base común para comunicarse con los extraterrestres haya sido tan pormenorizada.

Al tiempo, cuando se nos cuenta que en verdad el cierre de esta trama deja aún más claro que no era lo esencial de la historia, la cuestión crece en intensidad: ¿si no era tan importante, para qué detenerse hasta la extenuación? ¿Si una subtrama tiene más peso −porque es en ella donde se transmitan lo que siente la protagonista− que la trama no estamos tal vez estemos ante un problema?

No hay respuesta sencilla. The Story of your life requiere más de una lectura para que captemos que sí hay una evolución en su protagonista, y que todas sus vivencias de aprendizaje con los heptapods son necesarias, tanto para esa técnica de narrar en futuro, como para esa alteración de la realidad de Louise (¿y no es la ciencia ficción, siempre, la historia de cómo el encuentro con un desarrollo científico concreto cambia a los personajes?). Con todo ello, no sería desleal pedirle a Chiang que controle su puntillismo. Puede que fuera indispensable el encuentro con los extraterrestres, pero no tanto detenerse en cada ínfimo detalle para que supiéramos cómo avanzan en el tema del lenguaje.

Twenty Two Letters

Twenty Two Letters es una historia entre lo fantástico y la ciencia ficción. La premisa es original pero tan potente que un relato (incluso uno largo) no alcanza bien a retratar su desarrollo. En este caso, Chiang ha ido a un “what if” que sí se dedica a un ambiente más general, y eso quizá demandaba una novela entera.

En este mundo, no ha existido la ciencia como tal. En su lugar, se ha profundizado en las ideas filosóficas y alquímicas judías donde las cosas se crean a partir de su nombre justo. Por tanto, cuando la historia sucede (en la Inglaterra del siglo XIX se intuye), los avances de la sociedad son muy diferentes a los nuestros. Robert, el protagonista, colabora en la fabricación de autómatas al modo de aquel mito del Golem. Entonces, su curiosidad y su afán “científico” (pese a que, en este contexto, esto tiene implicaciones bien distintas) hacen que proponga una idea revolucionaria: crear autómatas que creen autómatas. Tan revolucionario es como polémico, puesto que esto disgusta a ciertos teóricos religiosos así como a la misma industria de autómatas que preven que el cambio acabe con la mano de obra.

Ilustración de un Golem

En definitiva, no anda muy lejos de aquello tan tratado en la ciencia ficción; desde los robots de Isaac Asimov hasta el clásico Blade Runner. Si el ser humano crea otros seres, que son, además, capaces de crear también, ¿qué sucede? No sólo de ciencia ficción sería un tema recurrente, porque la atracción (pero también el miedo) hacia los primeros autómatas del siglo XIX (del “real”; del nuestro) se encuentra en los cuentos fantásticos de E.T.A. Hoffmann, y en algún relato de Ambrose Bierce.

Es un universo donde el “sense of wonder” de su premisa (atrayente, sin duda) está bien mezclado con el detalle al que es tan afín Chiang para apoyar cada hecho en una explicación plausible. Ahora bien, se quieren exponer demasiadas cosas, sin que ninguna alcance un pleno desarrollo. Como si la trama resumida más arriba no requiriera ya tiempo y páginas (para que se transmita una atmósfera que nos deje ver cuán diferente es esta alternate History), Chiang le añade una más. Robert y su rol de “avanzado” a su época llama la atención de otros estudiosos que llevan a cabo una investigación igualmente polémica, con la propia reproducción humana.

Aunque esto apoya ese tema del ser humano que crea vida, esta subtrama (para entendernos) no lleva a ninguna parte. Y se presenta como distracción de aquella trama y situación que sí prometía dilemas (el choque entre lo individual y lo social siempre es jugoso).

El Turco, un autómata que adquirió fama en el siglo XIX, y que le inspirara a E.T.A. Hoffman su relato Die Automate.

Para colmo, en esa segunda trama se dan algunos de los más propios (y peores) vicios de la ciencia ficción: el exceso de información, ofertada, además, mediante técnicas tan obvias como la de personaje que pregunta + personaje que responde. Se dan especulaciones interesantes (por ejemplo, cuando el experimento de los estudiosos alcanzan potenciales efectos políticos, como el control de la natalidad en las clases bajas) pero en una historia que es demasiado fina. Tal vez el problema sea que, aunque fijada su atención en ese aspecto particular (siempre una potencial ventaja si hablamos de relatos), Chiang encuentre en ella tantas ramificaciones que, al cabo, también necesitaría más espacio.

“Repetition of the process lets us examine the unborn generations of any given species. […] They tested many animal species, but never observed any changes in form. However, they obtained a peculiar result when working with the seminal foetuses of humans. After no more than five generations, the male foetuses held no more spermatozoa, and the females held no more ova. The line terminated in a sterile generation.”

Aquí, se siembra un peligro y un problema. El autor nunca lo abordará. Nunca cerrará nada de esto. La inclusión de esta segunda historia tiene, añadido a todo lo anterior, la carga de que roba oportunidades para que el protagonista sea, de veras, personaje. 

Twenty Two Letters se desestabiliza, pues, por el lado de los personajes, que están huérfanos de esa misma atención que el autor tiene para con la ciencia retratada. De cualquier manera, no es un problema nuevo en este género, seamos justos. Habrá quien hasta separe, autores y libros, entre aquellos que son más trama, y los que destacan por el tratamiento de sus personajes. Como no es aquí espacio ni lugar para ahondar en el debate (siéntanse libres de hacerlo en los comentarios), diremos que, de igual modo, a Chiang lo que le lastra para salvarle por este método son estos relatos que se van a una extensión casi cercana a las 50 páginas. Robert no es un ser verdaderamente definido, por lo que, cuando Chiang le confronta oponentes no sentimos que estemos involucrados. Los pilares hacia causar intriga están ahí (el asesinato) pero, como en el caso de Understand con lo de la CIA, pareciera que el autor los incluye sin del todo entender las necesidades que implica un suspense efectivo. O eso, o bien, como si Chiang tuviera su propio interés dividido, y se canse de una trama y tenga que acudir a la otra (la de la reproducción humana), sin que halle el punto medio.

Para cuando se arriba al final, esta trama ya se nos antoja que se ha acelerado un poco demasiado.

De toda la colección, es con bastante probabilidad, el relato más ambicioso. Pero también el más fallido. Y tampoco se explota este problema al que se enfrentan esos otros estudiosos que acuden a Robert. Es casi como si Twenty Two Letters aguardara a que Ted Chiang parta de él para una novela. No es poco común, en autores de ciencia ficción, lo de un relato que siembre un argumento para una próxima publicación en formato más largo. Pero no Chiang, que es en este sentido extravagante, y sólo se ha dedicado al relato.

domingo, septiembre 02, 2012

STORIES OF YOUR LIFE AND OTHERS. TED CHIANG. ANÁLISIS (I)

Ted Chiang ya es un autor conocido y reconocido entre los lectores y los críticos de ciencia ficción. Sigue estando presente en los premios y nominaciones que se otorgan en el mundo anglosajón. A partir de la publicación, en 2002, en la editorial Tor, de Stories of your Life and Others, es cuando su fama comenzaría (yo manejo la edición en Small Beer Press, de 2010).

Chiang es un autor de relatos, solamente. Sin embargo, en la ciencia ficción, advierto:  “relato” no equivale a lo que muchos consideramos tal, en especial en cuanto a extensión. En cuanto uno lee y se informa de las categorías de premios como los Hugo o los Nebula, entiende que hay distintas escalas, algo confusas. Por ejemplo, algunos de los incluidos aquí de Chiang están a veces más cerca de la novela corta. Los Angeles Times clasifica las historias de Stories of your Life and Others como “long short story”.



A la cuestión de si Chiang es tan bueno como se promete, ya había yo encontrado disensiones, en relatos premiados como Exhalation (críticas más bien respetuosas, qué novedad; los “foros” donde se habla de ciencia ficción incluye más a críticos, analistas y hasta autores en sí, y ahí se percibe la diferencia de tonos). En parte, sus argumentos me parecen confirmados. En lo bueno, desde luego, lo que hace esta colección muy recomendable. También confirmo parte de esos argumentos que lo enjuician un poco menos amablemente.

Como autor de ciencia ficción, Ted Chiang es probablemente de los más exigentes (sin adentrarse en la hard science fiction) y con aciertos literarios muy estimables. Sin embargo, a ratos sus historias adolecen de una frialdad y una distancia excesiva. Su atención al detalle (casi más propio de la novela, y de una novela más extensa, por cierto, lo cual le juega malas pasadas más de una vez), su capacidad para adentrarnos en el aspecto científico indagado están a tono con premisas originales, hasta arriesgadas, donde las ideas alcanzan desarrollos verosímiles,  igual sea en la antigua Babilonia o trate el estudio del lenguaje en el ser humano. Esto implica un autor que se toma muy en serio su trabajo; cuyos objetivos, en cada historia, son ambiciosos y que investiga cada tema. Pero en muchos casos, ni siquiera las técnicas que utiliza (y en que las conoce y a veces dispone con habilidad prueba que es mucho mejor que la media de autores contemporáneos), bien de estructura, bien a nivel narrativo, consiguen despistarnos de sus talones de Aquiles: o bien apenas hay personajes, o bien sus evoluciones no son relevantes, o bien más que una historia es una disertación sólo a ratos narrativa desde un "qué pasaría si...?"

De todas maneras, este primer Chiang Stories of Your Life and Others (porque parecería que relatos más recientes han descuidado esto, según leo) se preocupa por modos más o menos originales y atractivos de narrar sus historias. Y esa misma capacidad para el detalle (hasta cuando es explicativo, a veces, lo incluye muy bien hilado dentro de la trama) causa, por momentos, una buena carga de fascinación. Muchos autores deberían aprender de él de cómo existen fórmulas que evitan esos molestos infodumps (párrafos explicativos que detienen la narración; tan común en la ciencia ficción). El propio Chiang no se escapa siempre de este vicio, pero, insisto, su estilo (se ve que se toma tiempo para cada relato, lo cual se ve en su bibliografía) y su ambición son notables, y le ponen por encima, según mi criterio, de mucho de lo que se publica en este género.

Al contrario de lo que algunos que le alaban comentan, no creo que recuerde tanto a la ciencia ficción clásica, sobre todo porque, siendo justos, Chiang domina los recursos narrativos y el lenguaje mucho mejor que, pongamos, Isaac Asimov. En cambio, en sus relatos falta eso que abundaba en otro autor de aquella época, y probablemente el mejor en estas distancias cortas, Ray Bradbury: vida.

"In Chiang´s hands, SF really is the `the literature of ideas´ it is often held to be, and the genre´s traditional `sense of wonder´ is paramount. [...] the wonder of these stories is a modern, melancholy transcende, not the naive `50s dreams of the genre´s golden age."

La cita es de China Miéville en su reseña de Stories of your Life and Others para The Guardian.

Indica bien qué distancia a Chiang de esa era clásica de la ciencia ficción, pero también adelanta un tema significativo en estas ficciones. Aunque muchos críticos se hayan escandalizado con aquello de la transcendencia y la propia relación entre ciencia ficción y religión vistas en Prometheus (Ridley Scott, 2012) -otra cosa es que el guión o el director manejen bien estos elementos-, lo cierto es que hace mucho  que existe una tendencia en el género donde se tratan esos dos opuestos: Dios y ciencia. 

En casi todos estos relatos, el autor incluye a Dios, si bien es un Dios que es parte del universo retratado, que, al tiempo, está ausente. Uno que no da explicaciones, y cuyo mejor exponente es Hell is the Absence of God. Por cierto, que esto redundaría en esa otra manía que se tiene a la hora de reseñar o resumir un libro de relatos: no todos son, en verdad, de ciencia ficción. Tower of Babylon,  Hell is the Absence of God, y Twenty Two Letters incluye algunos rasgos más propios del género fantastico. 




Tower of Babylon

Tower of Babylon ofrece una ambientación muy conseguida. Chiang, se nota, ha investigado el asunto, de forma que hay infinidad de detalles que te trasladan a un tiempo, por otro lado, no tantas veces retratado en literatura (y no, desde luego, en la literatura fantástica o de ciencia ficción).

Esto hace que todo lo señalado tenga un añadido de sentido de la maravilla, dado que ya aquella historia o mito, la Torre de Babilonia, cuenta con una construcción humana imposible que el autor convierte, de forma creíble, en algo tan sólo improbable. Y su construcción, pese a que se dota de detalles de verosimilitud, tiene ese sentido de la maravilla que da algo tan inusual que ofrece una perspectiva nueva sobre hechos comunes.

“The shadows of the mountains mark the beginning of night. Night falls on the earth befote it does here”.

Esto se percibe muy bien cuando el protagonista y su equipo (una elección efectiva, si no original; el/los personajes que llegan “de nuevas” a un lugar, de forma que se convierten en delegados del lector en cuando que van descubriendo con nosotros) llega al nivel de los balcones, y conocemos a familias enteras viviendo allí. Gente que nunca ha vivido pisando el suelo. Sólo conocen la vida en la torre.

Y no se le puede negar la fuerza que tiene la idea central.

"The gatekeepers were delighted. One called back, `You are the ones who are to dig through te vault of heaven?´

`We are´”

Lo mejor, pues, de Tower of Babylon es ese sentido de la maravilla, que, de hecho, echaremos en falta en otros relatos. Twenty Two Letters o Story of Your Life también desplegarán verosimilitud pero más fascinante en lo intelectual que de veras dotado de una imaginería tan conseguida como aquí. Lo peor de Tower of Babylon es eso que, veremos, se da más de una vez en estas ficciones: la utilización del personaje como mero recurso. Aquí, el personaje principal es menos eso que un guía para que veamos con él todo ese mundo peculiar que hace de la torre un lugar tan especial.

En el momento en que empieza a mostrarse esa cúpula del cielo es cuando todos los detalles tan cuidados y verosímiles de ambientación nos ayuda a penetrar tan fácilmente en lo que, sabemos, es absurdo, pero no nos importa. Una buena técnica, de la que tomar nota.

Llegados al climax, el protagonista se tropieza con un giro que reafirma el mito (el hombre no debía embarcarse en empresas como la torre para conocer mejor a Dios) al tiempo que expone que las explicaciones religiosas no bastan, y que la naturaleza y su funcionamiento sigue escapándosele. Tanto que al final, a este hombre de aquellos tiempos sólo puede ocurrírsele una explicación lógica que no pasa, es curioso, por ser la científica. No podía ser. Por ser una época pre-científica, pero también porque el hecho es más fantástico que real. 

Understand

Understand tiene uno de los narradores en primera persona más justificados (y bien decidido como técnica, pues) que encuentro en mucho tiempo. Era necesario, y es efectivo, porque trata de una progresión psicológica que se percibe mediante el discurso de este protagonista.

Como mencionaba, Chiang, en general, opta por relatos cortos que no lo son tanto, lo que tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Entre lo primero, esa posibilidad, como vemos en Understand, de que haya tiempo para una evolución detallada de un personaje, así como que se puedan incluir detalles secundarios que colaboren a la ambientación.

Este historia se entendería igual si tanto detenimiento en la sociedad futura donde ocurre el hecho relevante. Claro que, al tiempo, así, la historia ofrece otros puntos positivos, como puede ser (rompiendo, y es relevante, la norma en los relatos cortos de ir pronto al grano) que el principio y hasta el detonante no anticipen en absoluto de qué va a tratar. Puede que haya géneros que, hasta en las distancias cortas, necesiten más espacio, ya que la ambientación también aporta color. Es decir, tan atractivas como admitidamente innecesarias son las pinceladas con las que Chiang nos indica que el contexto es el de un futuro cercano (por ejemplo, ese nuevo tipo de espectáculos a los que asisten los ciudadanos).

Ahora bien, esto llevado al extremo también tiene sus contrapartidas. A Chiang le interesa ese mismo detenimiento, para la ambientación, y para que los detalles científicos estén bien expuestos (y den verosimilitud), aunque, en ello, renuncie a mayores síntesis. Si el relato se desborda, y, sin un cuidado equivalente por las emociones de los personajes, la capacidad de mantener la atención se vuelve complicado.

Algo de esto ya hay en Understand, la historia de un hombre cuya inteligencia se desarrolla exponencialmente a partir de una hormona que le administran con otro objetivo.

Aunque parezca simple, esta premisa tenía muchos posibles desarrollos fallidos. Chiang, en cambio, cumple. Es capaz de que nos creamos a quien narra lo que sucede; lo que le sucede. Claro que esa verosimilitud tiene su problemática. Por un lado, a tono con un personaje común que progresa a uno “super inteligente”, apenas hay espacio para lo literario. Esta voz es esencialmente informativa: una especie de diario continúo de qué le ocurre, y qué hace. Por otro lado, la progresión hacia esa inteligencia superior implica una distancia y una frialdad cada vez más fuertes. Y esto complica la posibilidad de la identificación.

Lo curioso es que ambas características (sobre todo la segunda) resultan casi inevitables con la premisa que el autor tenía (al final del libro, él mismo nos desvela el origen de cada relato). Hay un momento en que Chiang hace que todo nuestro interés por seguir leyendo se coloque en una sola apuesta: la curiosidad: ¿cómo ve el mundo alguien que supera al resto de humanidad en su intelecto? Fascinante, sin duda. Además, ello se percibe al tiempo que lo hace el protagonista, si bien esta progresión proporciona al lector de cuando en cuando el placer de percibir los matices (hasta en la forma de expresarse). Ya en la segunda cita con el médico que sigue su evolución con la hormona, hay indicios de que lo “común” le resulta cargante. Pistas y, como digo, matices que sirven de paso también como anticipación.

“To me, these people seem like children on a playground; I’m amused by their earnestness, and embarrassed to remember myself doing those same things. Their activities are appropriate for them, but I couldn’t bear to participate now; when I became a man, I put away childish things."

En todo caso, Chiang contraresta lo que de abstracto y demasiado informativo pudiera ser este punto de vista, mediante el equilibrio de las reflexiones e impresiones (el protagonista es consciente de su implementación como descubridor de pautas y claves en la realidad que se escapan a todos los demás) con la acción externa. Como es lógico, a partir de cierto momento, el protagonista tiene que huir, antes de que las autoridades pretendan estudiarlo o algo peor. 

Pero es aquí donde puede notarse que el equilibrio entre lo interno y lo externo no siempre está logrado. Porque este elemento que se promete de suspense queda abortado enseguida. Ante la amenaza de que la CIA lo localice, demasiado pronto lo soluciona: los tejemanejes para atrapar al protagonista son menudencias para esta mente superior.

No se le puede negar que el autor no persista en detalles que mantengan la atención, ya que, eliminado este oponente, se introduce otro antagonista. Uno a la altura del protagonista. Uno cuyos objetivos son iguales de ambiciosos (a tono con esa inteligencia superior) pero divergentes. 



Division by Zero

“When I first saw the derivation of this equation, my jaw dropped in amazement. […] A proof that mathematics is inconsistent, and all its wondrous beauty was just an illusion, would, it seemed to me, be one of the worst things you could ever learn. ”

Es lo que comenta Ted Chiang sobre el origen de Division by Zero. Es el más corto de los relatos de Stories of your Life and Others. Parte de esa idea tan utilizada en la ciencia ficción del “what if” pero, en este caso, descendiendo de un marco más general (una sociedad, un país, etc), también común en el género, para ir al efecto en personas concretas. Tal vez, por eso, es el que mejor retrata a unos personajes, al menos unos con los que sus evoluciones y sentimientos llegan a implicarnos. ¿Qué le pasaría a una matemática experta si descubriera que su ciencia no es el esa raíz fuerte en que anclar su vida?

La estructura está muy pensada. La historia se divide en dos; las reflexiones e informaciones de un narrador omnisciente que nos va adentrando en cómo las matemáticas dan cobijo a una naturaleza más contradictoria de lo supuesto (y esto es un modo inteligente de atraernos la curiosidad a los lectores que desconozcamos el tema), y, por otro lado, la historia de una pareja, Renee y Carl; también por un narrador omnisciente, pero menos intrusivo. Cada “capítulo” o, mejor dicho, “sección” (puesto que son cortas) viene precedido de una especie de juego y guiño al lector (al menos, al especializado en matemáticas): 1, 1A, etc.

El narrador que habla de las matemáticas es incluso algo burlón (cuando habla del Principia Mathematica de Russell y Whitehead, por ejemplo), de forma que el tema abordado (la ciencia por antonomasia) “cae” de la idealización común. En la historia de Renee y Carl también existe una cierta distancia, pese a lo que sucede en ella es bastante grave. Quizá porque Chiang pretenda (o no, y lo consiga de todos modos) hacer que caiga otro mito. Si 1+1 no equivale a 2 en matemáticas, parecer querer decirnos Division By Zero, tampoco un hombre y una mujer que comparten vida significan siempre que son una pareja.

El hecho es que la historia de los personajes, al cabo, posee ese mismo tono distante, al tiempo que Renee y Carl son personas cuya comunicación es inteligente pero fría. Chiang nos da más acceso a los pensamientos de Carl y uno se choca con un desapego consecuente pero retador. ¿Sería éste el límite de lo que este autor puede hacer en cuanto a creación de personajes? ¿Quizá, Chiang sólo sabría crear un único tipo de personajes?

Con todo, en este relato, funciona. Puede que sea porque la extensión no requiere mayores indagaciones en los protagonistas. Puede que sea porque es en parte coherente que dos personas tan inteligentes como las retratadas no se expresen de modos dramáticos. O puede que le venga bien el tono distante porque el hecho es que refuerza y hace mayor el impacto de ver cómo Carl no comprende ni empatiza con Renee pese (y esto es un gran acierto) a que él pasó por una crisis personal muy parecida, con desenlace similar al que ella está a punto de intentar (no quiero desvelarlo). Debería comprenderla, apoyarla. Sin embargo, no es capaz.

Al cabo, Division by Zero resulta más la historia de amor clausurada e imposibilitada porque no todo se puede compartir. Visto así, es una via de la ciencia ficción poco transitada, y, al tiempo, cosustancial al género: cómo cualquier descubrimiento científico afecta a los seres humanos. En este caso, de forma muy concreta. Por todo esto, es mi favorito. 

De paso, prueba que Chiang sabe manejarse en extensiones más cortas, hasta el punto de que uno se pregunta por qué no opta más por ello, por sus ventajas obvias. Por ejemplo, escoge una forma hábil de darnos los datos fundamentales del backstory de los protagonistas. Renee acaba de salir de una clínica, y ello da pie a que los médicos necesiten datos sobre ella y su pareja.

Seguiremos analizando los relatos de Stories of Your Life and Others, de Ted Chiang.