viernes, junio 17, 2011

GUIONECES: PERSONAJES: YO SOY LOS OTROS

Acerca de la construcción de personajes es muy probable que todo esté dicho, y, sin embargo, siempre puede resultarnos útil (a mí, desde luego, me resulta) la reflexión sobre cómo les hacemos hablar y desenvolverse en las páginas de nuestros guiones.

Una de esas normas que pueden llegarnos en los talleres es la de "escribe sobre lo que conoces". Como todos los consejos de cualquier taller, habrá que luchar entre el impulso a rebelarnos contra cualquier ortodoxia, y la capacidad de entender que las reglas contienen matices. 

Veamos. "Escribe sobre lo que conozcas" se refiere, en principio, al ambiente donde vayamos a situar nuestra historia. Hasta ahí, tiene lógica. Y de lógica y razón va la cosa, puesto que esto se refiere al elemento racional que toda narración tiene. Si no conozco cómo funciona la ley en España, probablemente una ficción sobre abogados no es posible. Si ignoro el día a día de una fábrica de acero, es difícil que pueda incluir escenas sobre el tema, y no digamos centrar la acción allí.

Pero después están los personajes. Y los personajes tienen menos de pura "lógica". Extendida la anterior regla a los personajes, yo no podría pensar como un homosexual, un nigeriano, una mujer o un morisco habitante del siglo XVI. ¿O sí? Esperen, porque esto es clave. Lo cierto es que las estructuras mentales no son tan variadas, y ninguno de nosotros somos tan especiales como nos creemos, si nos referimos a "lo que pensamos". Claro que ya sabemos que no es tan sencilla la diferenciación entre la razón y el sentimiento. Por eso, quizá yo podría precipitarme a creer que si estudio la sociedad y los moriscos (y cómo vivían la religión) del siglo XVI, las mujeres que me rodean, los nigerianos que viven en mi barrio, o mis amigos homosexuales, tengo el camino hecho.

Es, sin duda, un camino, o, digámoslo mejor, la puerta a un camino. Porque no necesitamos andarlo hasta las últimas consecuencias. De hecho, puede que sea mejor tan sólo abrir esa puerta, y mirar, y tomar nota. Claro. La raza, la nacionalidad, la orientación sexual, el género, o la sociedad o la religión (la de hoy o la del siglo XVI) marcan el carácter. Pero ojo: lo marcan; no lo determinan. Además, si además de abrir la puerta, nos ponemos a andar y andar por esa senda de los aspectos "racionales" de un personaje, podemos acabar en un sin sentido.

Nunca conoceré a todos los moriscos que vivieron en el siglo XVI, a todas las mujeres, a todos los nigerianos, a todos los homosexuales. Y no importa. Porque el extremo final de esa senda conduce a generalizaciones. Ante ese laberinto de posibilidades, puede tentarnos realizarle una media. Y no. Eso no vale. La ficción es el territorio de lo concreto.

¿Y entonces?

Entonces, imaginamos. Nuestro personaje no sólo es un "ser", sino también un "estar". Y las situaciones que le hemos preparado en nuestro Tratamiento serán (han de serlo) muy concretas. Ahora, se trata de imaginar. Pero no sólo, o no tanto, en el sentido de "entender". Cuando empatizamos con alguien, decimos que entendemos, pero esto no es exacto. Entender las Motivaciones de un amigo (o un enemigo) es, de nuevo, el reino de la razón. Empatizar es algo más. Es imaginar qué se siente. Cómo se siente esa persona. Y lo mismo, para nuestros personajes

Sentir lo que sienten. Ese camino es más complicado. Lo es, si nuestros personajes no son como nosotros. Lo son, si realizan que no "entendemos". Un asesinato, un suicidio, una maldad. O una bondad exagerada. O un cambio radical de vida. A medida que lo que hagan se aleje de nuestra personalidad, nuestras vivencias, más tendremos que empatizar; más que imaginar. Más que sentir como ellos.

En lo que respecta a mi historia, tiene relevancia cómo siente un homosexual, un nigeriano, una mujer, un señor del siglo XVI. Pero lo que importa, lo que es fundamental, es cómo siente mi homosexual, mi nigeriano, mi mujer, mi morisco del siglo XV. El que he inventado. Su individualidad.

"Lo que hace un hombre es como si lo hicieran todos los hombres.  Por eso no es injusto que una desobediencia en un jardín contamine al género humano; por eso no es injusto que la crucifixión de un sólo judío baste para salvarlo; acaso Schopenhauer tiene razón.  Yo soy los otros, cualquier hombre es todos los hombres."

La forma de la espada. Ficciones, 1944. Jorge Luís Borges.

2 comentarios:

  1. Samuel Dalva9:43 p. m.

    "Escribe sobre lo que conoces".

    Soy de la opinión de que si aplicamos esta regla a rajatabla, tanto al contexto como a los personajes, quedaría muy poco lugar a la ficción. Salvo que uno haya tenido una vida y unas relaciones sociales muy intensas y variopintas.

    En mi caso, obro precisamente al revés: lo desconocido me atrae desde el punto de vista narrativo, precisamente por el misterio y las ideas erróneas y preconcebidas que tengo sobre entornos sociales y personajes ajenos a mi experiencia.

    Y así, mi regla es "escribe sobre lo que te atrae, y si NO lo conoces, documéntate adecuadamente".

    Es a lo largo de dicha labor de documentación donde encuentro ideas interesantes y puntos de vista diferentes a los que profeso.

    Por un lado, la labor de documentación me sumerge en el modo de pensar y obrar de un grupo determinado.

    Por el otro, mis prejuicios y mis esquemas mentales son las gafas a través de las cuales filtro dicha documentación.

    Y así, los personajes de la historia que narro, tienen dos partes bien diferenciadas: una parte del personaje ha heredado y se comporta conforme a la cultura a la que pertenece. Esto es lo que hace al personaje REAL. La otra parte, y a mi juicio la más interesante, es su individualidad, la cual crea una tensión en su forma de ser. Esto es lo que convierte al personaje en VEROSÍMIL. Y es dicha individualidad con la cual el espectador sufre la catarsis. Porque todos, en el fondo, tenemos cierto espíritu de rebeldía, de contradiccción, y de duda frente a nuestra cultura y entorno.

    Buf, lo acabo de releer y no sé si ha quedado del todo claro.

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  2. Samuel, tranquilo; ha quedado claro.

    Me parece muy interesante lo que comentas por lo siguiente: la mayoría de gente que escribe no es capaz de asimilar que tiene prejuicios culturales o sociales. Por tanto, no lucha contra ellos.

    No me refiero tanto a lo usual (racismo, clasismo, machismo, incluso) porque estamos dentro de un momento histórico donde parte de esto ya está superado (excepto el machismo, probablemente).

    Yo he tenido oportunidad de leer guiones donde se asumen posturas políticas "políticamente correctas" con ideas que son "heredadas" sobre épocas históricas. En particular, es decepcionante que gente joven no afronte el tema de la Guerra Civil española desde otros ángulos. Y no, claro, no me refiero a que, de pronto, hagan películas "fachas". Me refiero a que se aporten matices que, por cierto, la bibliografía histórica ya ha sacado a la luz.

    Un guión, una ficción, en general debería tratar sobre, como tú bien dices, individuos. Y efectivamente, una vez nos hemos documentado, buscar qué define a nuestro personaje, y buscarle matices, escarvar, indagar en su psicología, y no convertirlo (salvo que sea nuestra intención, por algún motivo artístico) un arquetipo.

    Muchas gracias por comentar.

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Blogger está graciosillo, así que ten paciencia con lo de los comentarios. En todo caso, gracias.